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Visión Turística del Presidente


En el marco de una intervención televisada ante estudiantes secundarios, durante la campaña del pasado referéndum, el Presidente de la República, Ernesto Pérez Balladares esbozó lo que consideramos constituye una visión realista del turismo en Panamá.
Dijo el mandatario que la mayor parte del rubro que registran las estadísticas, consiste en visitantes que vienen de compras a la Zona Libre de Colón. Agregó que, en su concepto, antes de promover más visitantes, tenemos que crear la infraestructura en el país para poder atenderlos como se merecen, de modo que cada uno de ellos al retornar a su nación se convierta en un promotor del turismo panameño, en una especie de efecto multiplicador.
Obviamente, sus palabras fueron apenas un comentario marginal, perdido entre una mayoría de preguntas y comentarios que abordaban temas de otra índole; pero ninguna, salvo la de turismo, llamó más nuestra atención, por lo atinadas.
Ellas nos hicieron recordar que el Instituto Panameño de Turismo tradicionalmente se ha empeñado en promover la llamada industria sin chimeneas, en circunstancias que carecemos de lo más elemental que ofrecer a los visitantes, salvo los hoteles capitalinos y unos pocos en el interior.
La dura realidad es que nuestras playas son un asco de desechos y suciedad, por culpa de los propios ciudadanos que no comprendemos que con ello nos hacemos daño, estropeando nuestra riqueza turística y recursos naturales.
Santa Clara tiene, por ejemplo, las más extensas y blancas arenas del Pacífico. Esta singular condición ha sido aprovechada en los últimos años por inversionistas privados para construir en sus orillas complejos residenciales de singular belleza, armonizando con el pequeño pero bonito hotel del lugar. Sin embargo, de no ser por el personal del hotel que mantiene limpia la playa, la misma sería un muladar, porque los usuarios que acceden libremente a ella, arrojan todo tipo de desperdicios, incluyendo arrendadores de caballos de Río Hato, cuyas bestias arrojan estiércol y orina en su arena.
Es casi imposible encontrar un sanitario decente en la ruta entre la capital y cualquier punto de interés. Del mismo modo, la calidad y cantidad de la infraestructura hotelera, de restaurantes y sitios de descanso y recreación son escasos o dejan mucho que desear.
El ecoturismo por su parte, es un potencial inexplotado, pero requiere también de un mínimo de infraestructura de acceso y servicios.
Ciertamente los proyectos en marcha de Amador y Escuela de las Américas (Meliá), son promisorios, pero se requerirá mucho más que eso para hacer la industria sin chimeneas un verdadero puntal de desarrollo.

101 años de Panamá América

 
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