Visita
Entre los viajes "ad extra" que hace el Sumo Pontífice, Benedicto XVI, notable ha sido el que hizo nada menos que a Francia, país que en el pasado fue baluarte del catolicismo, pero que con la posmodernidad ya no lo es, y ha sido más bien un bastión de rebeldías contra el Papado.
Admirable resulta la decisión de visitar Francia con motivo de los 150 años de las apariciones de la Santísima Virgen María a Santa Bernardette, en Lourdes.
Los sitios visitados fueron, París, el College des Bernardins (Colegio de los Benardinos), un edificio construido en el siglo XII por los cistercienses, tesoro de la vida monástica y origen de la cultura occidental, donde reflexionó sobre el monaquismo, cuya finalidad era buscar a Dios en una época de crisis profunda de la civilización antigua. Luego visitó la catedral de Notre Dame, que es una expresión de la arquitectura que constituye un ejemplo de valor universal, donde presidió las Vísperas de la Beata Virgen María.
El mismo Pontífice hace un balance de su viaje a ese pais: "Doy fervientes gracias al Señor que me ha concedido una tan providencial posibilidad, expreso nuevamente un vivo reconocimiento al Arzobispo de París, al Obispo de Tarbes y Lourdes, a los respectivos colaboradores y a todos aquellos que de diversas formas han cooperado al éxito de mi peregrinación. Doy gracias también al presidente de la República y a las demás autoridades que me han acogido con tanta cortesía".
"He realizado una visita pastoral en Francia -(Recordemos cómo trataron a SS. Juan Pablo II en su última visita, en que fue abucheado y demás)-. En esta nación, en que la Iglesia ha tenido un papel civilizador fundamental, ha madurado la exigencia de una sana laicidad, que no significa rescindir de la dimensión espiritual, sino reconocer que esta es garante de la libertad y de autonomía terrena. Con el mundo de la subcultura he podido reflexionar sobre cómo la búsqueda de Dios es la vía maestra y el fundamento de toda verdadera cultura.
A los sacerdotes, religiosos y religiosas, y a los seminaristas, les he exhortado a dar prioridad a la escucha de la palabra divina y, a los jóvenes, les he confiado dos tesoreros de la fe cristiana: El Espíritu Santo, que abre la inteligencia a horizontes más amplios, y la Cruz, que revela la verdad del amor de Dios, e invité a los fieles a buscar a Dios presente en la Eucaristía. En Lourdes he podido recorrer el "Camino del Jubileo".
Lourdes es verdaderamente un lugar de luz, de oración, de esperanza y de conversión, donde los peregrinos, en esta escuela de caridad y de servicio a los hermanos, aprenden a ver sus propias cruces a la luz de la Cruz de Cristo "Laus Deo".