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¡Viva nuestra democracia!


Los grandes ganadores del proceso electoral que acaba de terminar son el pueblo panameño y nuestra democracia. Los electores, en pleno ejercicio de la soberanía popular, decidieron dar su confianza a Martín Torrijos para que dirija los destinos nacionales a partir del 1 de septiembre próximo. Y todos aceptamos ese resultado, comenzando por la presidenta de la República y el candidato del gobierno.
La declaración de Mireya Moscoso fue sencilla y breve, pero de un significado excepcional. Recalcando que lo hacía con absoluta sinceridad felicitó al ganador y le deseó éxitos es su gestión "porque éstos serán también los de Panamá". Tal vez no reproduzco la frase textualmente, pero el mensaje no pudo ser más positivo.
La alta participación de votantes, que nos coloca en los primerísimo lugares del mundo, fue una muestra evidente de la decisión de la ciudadanía de ser la protagonista principal del proceso electoral. Esta comprobación desmintió los vaticinios que auguraban el rechazo de los partidos y de los políticos. El sistema funcionó. Salvo incidentes de poca monta, exagerados en demasía por algunos medios sensacionalistas, el proceso electoral se desarrolló en un ambiente de plenas libertades.
Gracias al respaldo, tanto financiero como de toda índole, que le brindó el gobierno de la presidenta Moscoso, el Tribunal Electoral pudo cumplir con éxito todas sus responsabilidades para conducir un torneo transparente. Ganamos todos.
Las tres elecciones que se han celebrado en 1994, 1999 y ésta del 2004 son demostración plena de que nuestra democracia se consolida. El fraude y las triquiñuelas electorales son cosa del pasado. Todos aquellos que pronosticaban irregularidades han sido desmentidos por los hechos. Unos candidatos ganaron y otros perdieron. Ha habido hidalguía para reconocer la derrota y felicitar a los triunfadores.
Quizá el blanco de los mayores cuestionamientos durante toda la campaña fue el papel que juegan los partidos políticos. Hasta algunos candidatos, en su afán de llevar agua a su molino, usaron un mensaje antipartidos. Sin embargo, la alta participación en las elecciones y el entusiasmo que se observó en los actos partidarios demuestra que éstos mantienen su capacidad de convocatoria y siguen siendo los grandes motivadores del electorado.
El sistema electoral panameño y, por ende, nuestra democracia han salido fortalecidos de esta confrontación electoral, que ha sido un ejemplo civismo.
Por supuesto que todavía podemos mejorar más y algunas reformas son necesarias. Por ejemplo, deberíamos establecer la postulación libre para todos los cargos de elección, incluida la presidencia, la doble vuelta electoral, asegurar el principio "un ciudadano un voto", que se contradice en la elección por residuos, mejorar las regulaciones de la propaganda electoral y de los subsidios para que sean más equitativos y reducir el tiempo de las campañas electorales, entre otras.
Después de la fiesta cívica que acaba de culminar, los panameños debemos sentirnos orgullosos. Hemos dado un ejemplo de madurez que nos enaltece ante el mundo. ¡Viva nuestra democracia!

101 años de Panamá América

 
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