Viviendo el espíritu navideño
Durante el imperio de Augusto nace Jesús en Belén. El pesebre navideño representa la pobreza material, que es la más apreciada herencia del Maestro a su grey, tanto como lo es la riqueza espiritual que signa la vida del buen cristiano. En ese marco el Hijo de Dios vendrá al mundo. El paganismo antiguo fue superado por las ideas de la igualdad, la caridad y la mansedumbre, que fueron los valores que enseñó Cristo a los habitantes de la Tierra. Pero Jesús de Nazaret inició su divino magisterio a la edad de treinta años, por medio de un lenguaje claro y comprensible, que utilizó ejemplos presentados como parábolas. Acompañado por sus doce discípulos dejó sus enseñanzas en Galilea, para seguir más tarde el curso del río Jordán con destino a Jerusalén.
Injustamente fue tachado de impostor por una considerable parte de los hebreos, quienes aseguraban que quería coronarse como rey. Fue acusado de subversión ante las instituciones de los judíos y fue sentenciado, como consecuencia, a morir en el monte Gólgota, en las afueras de Jerusalén.
Para el cumplimiento de las Sagradas Escrituras resucita de entre los muertos, ascendiendo a los cielos. La más grande historia jamás contada es, para los cristianos del mundo, toda la verdad y la esencia de la vida de Cristo, quien regresará a juzgar a los vivos y a los muertos.
En el día de mañana el mundo cristiano conmemora la histórica jornada del nacimiento del Rey de Reyes. Por la trascendencia de su magisterio se proyecta sobre el alma del hombre una luz inextinguible, que es su continua esperanza y el camino hacia su salvación.
Uno de los personajes de ese entrañable fresco de la narrativa dickensiana, que es "Canción de Navidad", nos dirá: "Es el único día que conozco, en el largo transcurso del año, en que hombres y mujeres, por mutuo consentimiento, abren sus corazones libremente".
Los panameños y la humanidad en su conjunto estamos situados en medio de una época trascendente de nuestra accidentada historia. El espíritu de la Navidad deberá apoderarse de nosotros para que las voces del alma humana logren acallar con la elocuencia de la verdad los sonidos de la furia, el resentimiento y la derrota moral. Sólo la verdad nos hará libres. Y la Navidad del hombre es ese día imperecedero del despertar de su conciencia y su corazón. De cara al futuro inmediato, y para cuando el destino nos alcance, esperemos que así sea.
Injustamente fue tachado de impostor por una considerable parte de los hebreos, quienes aseguraban que quería coronarse como rey. Fue acusado de subversión ante las instituciones de los judíos y fue sentenciado, como consecuencia, a morir en el monte Gólgota, en las afueras de Jerusalén.
Para el cumplimiento de las Sagradas Escrituras resucita de entre los muertos, ascendiendo a los cielos. La más grande historia jamás contada es, para los cristianos del mundo, toda la verdad y la esencia de la vida de Cristo, quien regresará a juzgar a los vivos y a los muertos.
En el día de mañana el mundo cristiano conmemora la histórica jornada del nacimiento del Rey de Reyes. Por la trascendencia de su magisterio se proyecta sobre el alma del hombre una luz inextinguible, que es su continua esperanza y el camino hacia su salvación.
Uno de los personajes de ese entrañable fresco de la narrativa dickensiana, que es "Canción de Navidad", nos dirá: "Es el único día que conozco, en el largo transcurso del año, en que hombres y mujeres, por mutuo consentimiento, abren sus corazones libremente".
Los panameños y la humanidad en su conjunto estamos situados en medio de una época trascendente de nuestra accidentada historia. El espíritu de la Navidad deberá apoderarse de nosotros para que las voces del alma humana logren acallar con la elocuencia de la verdad los sonidos de la furia, el resentimiento y la derrota moral. Sólo la verdad nos hará libres. Y la Navidad del hombre es ese día imperecedero del despertar de su conciencia y su corazón. De cara al futuro inmediato, y para cuando el destino nos alcance, esperemos que así sea.