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Vivir el misterio de la Santísima Trinidad (II)


Inhabitación.

La revelación divina nos descubre una realidad maravillosa, que da plenitud a nuestro mundo interior. Es la gracia de la inhabitación divina en los justos como en su templo. “No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros” (Cor.3, 16). Es diferente la omnipresencia y la inhabitación. “Las palabras templo, cielo, sede, trono y casa de Dios obtienen su sentido más pleno cuando se refieren al justo” nos dice San Agustín en su exégesis bíblica. “La inhabitación divina, como fruto del amor que Dios nos profesa, nos convierte en su cielo y nos inserta en su familia de adopción, la Iglesia. El justo es ya un verdadero cielo, en el que Dios tiene su sede o su trono; su corazón habita ya en el cielo y en él se cumplen aquellas palabras del salmo: “anunciaron los cielos su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria (96,6).”¿Cuáles son los cielos que anunciaron? Los cielos narran la gloria de Dios (Sal 18,2). ¿Quiénes son los cielos? Los que han sido hechos sede de Dios. Pues así como Dios tiene su sede en los cielos, así también la tiene en los apóstoles y en los predicadores del Evangelio. Y tú, si quieres, puedes ser también su cielo. ¿Quieres ser cielo? Expulsa de tu corazón la tierra. Si no tuvieras concupiscencias terrenas ni respondieres en vano que tienes allí arriba tu corazón, serás también cielo”. (Comentarios de S. Agustín).

(Sigue el próximo sábado).

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