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Vivir para progresar o para retroceder


Pareciera que el ser humano tropieza con la misma piedra varias veces y no escarmienta. Otra propiedad que tenemos es olvidar y no querer entender.
Cuando en 1987 y, tal vez varios años antes, luché para que Panamá tuviera una democracia, tenía muy claro el concepto de la misma y sabía lo que quería para mi país. Quisiera que recordáramos que yo fui dirigente de la Cruzada Civilista en representación de los médicos y nos expusimos en contra de la dictadura militar. Deseaba que regresáramos a un país de derecho donde viviéramos con respeto y honestidad.
Sin embargo, pareciera que muchos no se han dado cuenta de que la época de la dictadura pasó, desapareció el 20 de diciembre de 1989 y ahora vivimos en democracia. Todavía los estudiantes portan banderas con la efigie del Ché Guevara; continúan cerrando calles como si no tuvieran creatividad y no modernizaran los medios de protesta al diálogo que debe ser la base de la democracia en que decimos vivir. Ellos tomaron un impulso durante la dictadura y se han ido por inercia, al mismo modelo de demostraciones. Ellos lo hacen contra el gobierno, contra el PRD, Estados Unidos y contra lo que sueñen la noche anterior.
Los educadores todavía no se han percatado de que estamos al final del siglo XX; continúan con iguales pancartas, las mismas marchas, con temor a los cambios, queriendo conservar lo que tienen desde los años 40, sin pensar que han pasado 60 años.
Los obreros siguen cerrando calles como si fueran de lleno contra el gobierno actual, sin recordar que fue electo por la mayoría del pueblo. La modernización tampoco ha entrado en ellos y siguen igual línea.
Por su lado, el gobierno tiene un tono paternalista igual al de Torrijos cuando necesitó apoyo popular durante la dictadura. Tienen que trabajar con nuevas reglas, modernas también, para llevar adelante el país.
La oposición del PRD actúa con el mismo perfil que los arnulfistas durante los últimos cinco años. En los perredianos se explica porque nacieron en dictadura y me parece gracioso escucharlos hablar de democracia.
Nadie progresa, nadie se actualiza, nadie cambia, nadie proyecta esos cambios y nos vamos quedando atrás. Estamos en la era tecnológica y nuestra mentalidad se ha visto rezagada. Nuestra mente es quien manda: así como pensamos, vivimos; como pensamos, actuamos y de acuerdo a ello progresamos o no, somos o no grandes personalidades o seres anodinos.
Pensar en democracia, moverse en democracia, es importante y de mucha responsabilidad. El poder centralizado, el exceso de presidencialismo, el abuso en el irrespeto de la otra parte, hacen daño, perjudican el desarrollo de un país. Si tenemos democracia y pensamos en dictadura; si vivimos 1999 y pensamos en los años 80, Panamá no progresará.
Cuando veo que los afectados por cualquier problema, en vez de conversar; o si veo que las autoridades hacen caso omiso de las quejas de los ciudadanos y los obligan a cerrar calles en perjuicio de la mayoría de los panameños, pienso que la última década ha pasado en vano y que nos saltamos toda una época preciosa de adelantos.
Hagamos lo posible por ubicarnos en la democracia que tenemos y vivamos en ella.

101 años de Panamá América

 
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