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Vladimir Putin hacia la Presidencia


El mandatario interino de la Federación Rusa, el enigmático director del servicio secreto, Vladimir Putin, de 47 años, se encamina hacia la presidencia, donde sucederá en propiedad al expresidente Boris Yeltsin, quien dimitió hace tres meses por razones de salud. El mismo Yeltsin le había allanado antes el camino hacia el poder y no le cedió el puesto sino llegado justo el momento preciso.
Con un fino sentido de la oportunidad, sacó partido a la torpeza de los jefes de bandas armadas de Chechenia, para invadir la república independentista con su poderoso ejército y doblegarla con un bombardeo inmisericorde. Aquellos habían incursionado en la vecina Daguestán y presumiblemente, fueron los autores de atentados contra edificaciones civiles en Moscú que causaron 300 muertes.
Cultivó asimismo la imagen de hombre duro y despiadado, copiando obviamente la proyectada históricamente por algunos zares y dictadores como Stalin y Krushev, quienes sin embargo guiaron a la otrora gran potencia soviética durante sus años de gloria. En eso se distanció de la condescendencia civilizada de Gorvachov, despreciada por sus conciudadanos como debilidad, porque el pueblo ruso, agobiado ahora por el caos decadente, añora a sus gobiernos fuertes y clama por el rescate de su antigua aura de poderío y respeto. En fin por su ido papel de gran potencia.
Putin, fiel a su objetivo, no cedió a las presiones occidentales que lo instaban a humanizar la guerra. Su ejército cometió atrocidades, pero nada hizo para frenarlas y tampoco para investigarlas en serio. Ante la lluvia de recriminaciones, se puso incondicionalmente al lado de sus uniformados que abiertamente le han pagado con lealtad.
Es por ende evidente que, como en la mejor época de sus grandes dictadores, se apoyará en el ejército y en cierto grado de administración del terror infundido por la fuerza, para imponer los cambios y el orden que el país necesita. La corrupción es agobiante y la mafia se pavonea a todo lo largo y ancho del país.
En las últimas semanas se han visto signos positivos en la economía, con ligeras alzas en la industria y el relativo freno a la inflación. Ello también ha trabajado a favor de Putin quien también ha exteriorizado su propósito de incrementar los gastos militares y modernizar su ejército. Eso servirá para inyectar cierto dinamismo a su maltrecha industria, pero a costa de jugar al terror y la muerte.
Por el lado alentador, es indudable que es un hombre comprometido con el cambio y las reformas económicas capitalistas, que se tornarán irreversibles. Y nada indica que no respetará el libre juego democrático imperante. Su respeto escrupuloso a la libertad de prensa es buena señal en ese sentido. Así lo ha evidenciado la en general amplia cobertura del conflicto en Chechenia.

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