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Volvamos a la normalidad


El país acaba de pasar por un larguísimo período de profundas confrontaciones que han dejado heridas que aún permanecen abiertas. Fue una campaña política que llevó más de dos años. Para los candidatos fue extenuante; excesivamente costosa para los contribuyentes y de gran hastío para el público en general. Los insultos y las agresiones verbales proliferaron. Eso quedó ya atrás, debe pasarse la página y ver todos hacia el futuro.

La energía, el talento y la capacidad económica de los partidos y los políticos deben dirigirse ahora hacia los problemas que confronta el país. No es justo, ni conveniente, que aún antes de llegar a ejercer su mandato el nuevo gobierno, se quiera atacarlo sin siquiera darle la oportunidad de iniciar sus proyectos de soluciones. Es inútil tratar de resolver los graves problemas que tiene el país (el costo de la canasta básica alimenticia, el transporte, la seguridad, la salud y la educación, entre otros) solo por una persona y un órgano Ejecutivo si éste no cuenta con el aval y respaldo de la gran mayoría del pueblo panameño.

El señor Ricardo Martinelli, presidente electo, dijo en más de una ocasión que se apartaría de la jefatura de su partido para ser absolutamente un presidente de todos los panameños. Eso fue muy bien recibido y aplaudido. Es un precedente que merece y debe ser imitado. Presidentes y ministros, hasta ahora, han venido desempeñando ambos puestos salvo muy contadas excepciones. Esa dualidad no es la más conveniente para el país. El Sr. Martinelli comprendió muy bien al hacer estas declaraciones que los graves problemas que tiene frente a sí sólo podrán resolverse, no solamente con su buena voluntad, sino con el aporte de todos los panameños y es el papel que quiere desempeñar.

El PRD, por su parte, sigue con diferencias internas muy serias y delicadas. Ello no le permite jugar el papel que corresponde a todo grupo oposicionista en una democracia. Se debe fiscalizar al gobierno entrante y ser un freno responsable a cualquier exceso que éste cometa. También debe -esa oposición- respaldar las iniciativas convenientes para el país y oponerse a aquellas que se consideran que no son de beneficio colectivo.

Existe el peligro, si no se logra la unidad interna, que no haya coherencia y que varias personas se sientan voceros de la oposición y pensando cada uno independientemente que van a obtener méritos suficientes que le den el liderazgo que persiguen en la medida que ataquen al gobierno, aunque sea por cualquier cosa.

Como decían los liberales en Colombia que Laureano Gómez, “era un mal necesario para el país”. Así, muchos consideran -y yo estoy de acuerdo con ello- que el PRD es muy necesario para que Panamá tenga una democracia funcional.

101 años de Panamá América

 
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