Volvemos sobre el caso
La formación y desarrollo de una comunidad deben tratarse con científica y prudente planificación por parte del gobierno.
No es recomendable dejar al arbitrio de los propietarios y otros intereses asentar cualquier tipo de estructura en cualquier tipo de terreno. Ello, inexorablemente, conduce al caos. Es lo que está ocurriendo en nuestro país, especialmente en la ciudad capital.
Aparte de que es preciso determinar que no se debe atiborrar el espacio con todo tipo de edificaciones, y, aun en el caso de clasificarse las áreas para construcciones específicas, es preciso tomar en cuenta la exacta ubicación. Uno de estos ejemplos (y hay muchos) lo constituye la avenida Samuel Lewis: edificios muy altos a orillas de vía estrecha. Dentro de poco tiempo, transitarla será un gran problema. Autos y camiones la congestionarán caóticamente. Ello constituirá contaminación ambiental, valiosa pérdida de tiempo en horas laborables para los conductores, estrés y nerviosismo y, en especial, para quienes habiten o tengan oficinas a lo largo de sus dos frentes.
La ley que reglamentó la altura de los edificios a no más de doce pisos fue muy bien intencionada, aunque muy rígida al generalizar. Pero así como existen áreas que pueden tolerar construcciones de mayor altura, también las hay que obligan a impedirlas.
Por otra parte, frente a la actual tragedia por inundaciones, se debe establecer al revisarse los planos de construcciones, antes de expedir los permisos respectivos, en qué terreno se efectuarán las mismas.
En la ciudad de Panamá hace falta una sensata planificación urbana. Los pocos sabios que sobre la materia en el país ha habido, se estrellaron contra los intereses creados y por ello, lo que resiste es desventurado disparate que nos llevará a un cataclismo económico y de salud y desasosiego.
Ante lo alarmante de este panorama y enterados de que se está tratando actualmente de redactar un Código de la construcción, abrigamos la esperanza de que los ciudadanos encargados para ello nos leguen un instrumento tan útil que establezca el orden en materia de urbanismo.
"Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar".
Gandhi.
No es recomendable dejar al arbitrio de los propietarios y otros intereses asentar cualquier tipo de estructura en cualquier tipo de terreno. Ello, inexorablemente, conduce al caos. Es lo que está ocurriendo en nuestro país, especialmente en la ciudad capital.
Aparte de que es preciso determinar que no se debe atiborrar el espacio con todo tipo de edificaciones, y, aun en el caso de clasificarse las áreas para construcciones específicas, es preciso tomar en cuenta la exacta ubicación. Uno de estos ejemplos (y hay muchos) lo constituye la avenida Samuel Lewis: edificios muy altos a orillas de vía estrecha. Dentro de poco tiempo, transitarla será un gran problema. Autos y camiones la congestionarán caóticamente. Ello constituirá contaminación ambiental, valiosa pérdida de tiempo en horas laborables para los conductores, estrés y nerviosismo y, en especial, para quienes habiten o tengan oficinas a lo largo de sus dos frentes.
La ley que reglamentó la altura de los edificios a no más de doce pisos fue muy bien intencionada, aunque muy rígida al generalizar. Pero así como existen áreas que pueden tolerar construcciones de mayor altura, también las hay que obligan a impedirlas.
Por otra parte, frente a la actual tragedia por inundaciones, se debe establecer al revisarse los planos de construcciones, antes de expedir los permisos respectivos, en qué terreno se efectuarán las mismas.
En la ciudad de Panamá hace falta una sensata planificación urbana. Los pocos sabios que sobre la materia en el país ha habido, se estrellaron contra los intereses creados y por ello, lo que resiste es desventurado disparate que nos llevará a un cataclismo económico y de salud y desasosiego.
Ante lo alarmante de este panorama y enterados de que se está tratando actualmente de redactar un Código de la construcción, abrigamos la esperanza de que los ciudadanos encargados para ello nos leguen un instrumento tan útil que establezca el orden en materia de urbanismo.
"Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar".
Gandhi.