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Volver a disfrutar la vida


Existen todavía lugares en el planeta de difícil acceso donde la vida es simple y sedentaria. Recién regreso de un interesante viaje a la Patagonia, Cabo de Hornos y la Antártida, sitios que se autodenominan “El fin del mundo”. Visité pueblos donde las noches de invierno son de 16 horas, las temperaturas de menos 60° F y los vientos llegan a 100 km por hora.

Los problemas allá no son la criminalidad, la corrupción o la política, sino de subsistencia. Existe una gran interacción entre los habitantes y las autoridades para que todo marche convenientemente. Cada ciudadano tiene una labor que cumplir y sabe que de eso depende el bienestar común; por lo tanto, nadie espera que otro le resuelva sus problemas y son felices compartiendo lo que tienen.

En Panamá no hay climas extremos; sin embargo, nos pasamos quejándonos o criticando o esperando que el gobierno nos resuelva todo. Los jóvenes están perdiendo los valores, son menos responsables, les gusta el trabajo suave y resultan presa fácil de la vida loca. Lo peor es que nos estamos acostumbrando a esa cultura, aceptamos el juega vivo y hasta lo celebramos como algo autóctono. Si los políticos, educadores, padres de familia, comunicadores sociales y empresarios no actuamos ya y le ponemos un alto a toda ese desenfreno, un triste futuro le depara a nuestro país.

Ya no podremos volver a ser un pueblo chico, ni conocernos todos, ni pretender que las cosas van a ser como hace años, pero sí podemos trabajar juntos para rectificar lo malo, dedicar más tiempo a la familia y a las cosas simples de la vida. Nadie que yo sepa ha podido evitar la muerte o llevar sus riquezas al otro mundo o comprar juventud. Nos engañamos creyendo que la amistad y el amor se venden, o que la cirugía nos hace vivir más, o que el lujo produce mejores personas. Créanme, nada supera un abrazo sincero, una reunión familiar, un diálogo con tu hijo o nieto, el contacto con la natura, envejecer con dignidad o compartir algo con el prójimo.

Los pueblos sólo sucumben ante las fuerzas externas cuando primero se han destruido internamente; las pandillas, el narcotráfico, la corrupción y la avaricia cada día encuentran en Panamá un terreno más fértil donde asentar sus raíces. Hasta cuándo vamos a dejar de ser tontos útiles y darnos cuenta que nos están seduciendo con ese canto de los millones.

Si continuamos exigiéndole menos a la juventud y dándole tanta importancia a las cosas materiales, cuando queramos volver a disfrutar calidad de vida, será muy tarde.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América