¿Volveremos a permitírselos?
El circo electorero ya comenzó. Arrancó con las cacareadas elecciones internas del partido "desgobernante" y ha tomado impulso con las campañas, escandalosa y ofensivamente costosas, de los aspirantes a las candidaturas presidenciales del PRD y del Partido Panameñista. En el lado perredero, hasta ahora, hay cuatro precandidatos; pero podrían aparecer dos o tres más. Del lado panameñista, que por tener más adherentes que los otros partidos de la llamada oposición, aspira a presidir una eventual, pero poco probable candidatura única de los partidos que aspiran a desbancar al PRD, hasta ahora, hay tres aspirantes.
Pero, además, hay otros que también anhelan convivir con las garzas cautivas. Dos con cierto vuelo: el expresidente Endara, de Vanguardia Moral y el dueño de los supermercados 99 y del partido Cambio Democrático. Los cuatro partidos restantes: Molirena, Unión Patriótica, Popular (que morirá añorando serlo) y el Liberal, como saben que están destinados a ser rémoras, hacen poco ruido y otean el horizonte, para plegarse al rumbo de los vientos.
Ante el desolador panorama descrito, que si algo pone de manifiesto es que un grupo muy reducido, de no más de 25 personas, se ha abrogado el derecho de imponernos sus candidatos, cabe preguntar: ¿Volveremos a permitírselos? Esa misma película, hay que reconocer que con éxito para ellos, nos la repiten cada cinco años, desde hace ya bastante tiempo. Y, como les ha dado resultados, volverán a tratar de repetirnos la función.
No exagero cuando afirmo que un grupito, que no suma a más de 25 personas, que son "los dueños" de los ocho partidos legalmente inscritos, deciden y nos imponen entre quienes debemos de elegir al próximo presidente o presidenta de la república. Si lo duda, pregúntese: ¿Cuántos son los que se reúnen para hablar de candidaturas y de alianzas? Haga las cuentas y ver que, tal vez, 25 son demasiados.
Lo verdaderamente grave no es que un grupito tan reducido, que no equivale ni a una milésima parte, decida y nos impongan a 2 millones 250 mil electores por quienes debemos votar; lo lamentable es que la mitad de esos electores, que somos más que todos los inscritos en todos los partidos políticos juntos, lo permitamos.
Estoy convencido, como producto de lo que escucho decir a un sin fin de nuestros compatriotas, que la mayoría de los electores está franca y abiertamente cabreada de las mismas caras y de los mismos partidos, echando los mismos cuentos y haciendo las mismas promesas, recicladas cada cinco años, que nunca han cumplido ni cumplirán. Por tanto, es imperativo preguntar: 1) ¿Por qué pueden seguir saliéndose con la suya? y 2) ¿Podemos impedírselo?
Porqué pueden seguir saliéndose con la suya es fácil de contestar: Uno, gracias al monopolio que tienen los partidos sobre las postulaciones presidenciales y que, en abierta violación de la Constitución, les otorga el Código Electoral; y, dos, porque en Panamá no existe el sistema de doble vuelta.
¿Podemos impedir que se vuelva a repetir el espectáculo deprimente y antidemocrático de las alianzas y componendas cuyo único sustento es el reparto anticipado de "espacios políticos" y de sus "beneficios colaterales"? Por supuesto que sí. Basta con que el 50% de los electores, que no pertenecemos a ningún partido, nos decidamos a acabar, de una vez por todas, con la caricatura de democracia en la que vivimos. Pero hay que actuar ya. Si no lo hacemos ahora, dentro de cinco años se repetirá el mismo circo electorero, con sus consabidas consecuencias, de promesas engañosas y de frustraciones acumuladas.