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Volviendo a la lectura


Hace unos días el presidente George Bush dio a conocer un nuevo presupuesto de educación en el que se incluye un aumento de ocho mil millones de dólares, con el fin de hacer posible que todos los Estados establezcan sistemas para hacer exámenes anuales de lectura y matemáticas desde el tercer grado de primaria hasta el octavo.
No es de sorprender que ese período de edad escolar haya sido el escogido porque lingüistas y neurofisiólogos coinciden en afirmar que el desarrollo de la facultad del lenguaje se produce entre los 7 los 14 años, y después de esa edad las neuronas especializadas para el don del habla dejan de funcionar con la misma capacidad.
La capacidad de hablar y escribir, desde la Antigüedad Clásica hasta nuestros días, ha sido considerada como medida de la capacidad para pensar y raciocinar. Incluso los que pensaban que la ignorancia facilita la gobernanza han recapacitado después de la aparición de la radio y la televisión. Desde entonces, los índices de criminalidad, violencia y de la pérdida del respeto por las autoridades marchan parejos con los de la educación general, en especial en materia de lenguaje. Los países con menores índices de violencia son los primeros en cuanto a un dominio generalizado del propio idioma.
Complace ver que Estados Unidos está dando un paso semejante en esta dirección, particularmente por la enorme influencia que ejerce sobre el desarrollo cultural en Panamá. Habremos ganado mucho si los primeros frutos de esa influencia se dieran en el seno del Diálogo por la Educación, comenzando por tomar en cuenta las consecuencias desastrosas del proceso gradual de eliminación de las horas de lectura y de los ejercicios de composición en las escuelas primarias, que hemos estado viviendo desde hace 40 años.


101 años de Panamá América

 
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