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Voto plancha, ¿bueno o malo?


Todos los partidos políticos de nuestro país, a lo largo de las contiendas electorales, hacen extensiva la petición al electorado del "voto plancha", el cual busca que el voto sea para quienes representan a determinado partido en cualquier cargo de elección. Esto es importante visualizarlo desde dos posiciones, la de los partidos políticos y desde la del electorado (partidista e independiente).

Desde la posición político-partidista, se utiliza la premisa de votar por el partido en todos los cargos, pues es más fácil trabajar con los candidatos electos de la misma tolda política, es decir, que se trabaja mejor con copartidarios. Desde la posición del electorado, el voto plancha cuenta con dos connotaciones, votar por el partido o votar por la persona que lo representa.

Votar por el partido es un voto ciego, o sea, que no importa quién sea el abanderado en esa contienda, lo importante es que gane el partido. Es por esta razón que los colectivos utilizan todo tipo de tácticas publicitarias para esto, apelan factores inconscientes y abstractos como la historia del partido, la militancia, sentimientos y demás; pero, en el fondo, lo importante es asegurar la existencia del partido y por ende, su cuota en el subsidio electoral, adicionando algún tipo de representación en algunos cargos para forzar negociaciones en cualquier nivel. Así de simple.

Votar por la persona, conocido como voto selectivo, le permite al ciudadano elegir dentro de la oferta electoral a los mejores hombres y mujeres para que los represente, indistintamente del partido que los postule; el ciudadano puede elegir por elementos relacionados a la propuesta, empatía, y otros factores.

El voto plancha impulsa una sola tabla de medición, es decir, van metidos, los buenos dirigentes, los que ha dado respuesta, como también los malos, corruptos, los ineficientes y demás. ¿Es justo para el dirigente prístino que lo encasillen en el mismo lugar de otro dirigente no tan probo? Considero que esto no se puede estar llevando como una práctica forzada, y no es algo que represente subversión ante el poder y mando de los colectivos, es el llamado a la ciudadanía para que midan la oferta electoral, tanto a quienes aspiran a reelegirse como también a quienes aspiran por primera vez. Al primero es fácil evaluar, simplemente mirar a su alrededor y si no ha cambiado nada, ni ha visto una inversión que ayude a la sociedad en donde vive, entonces puede inclinar su voto.

El país necesita que se elija a quienes desean aportar para la sociedad y no servirse de ella para seguir manteniendo o incrementando un estatus; se necesita gente que trabaje, dirigentes que digan: ¡Vamos!, en vez: ¡Anda tú!; que trabajen hombro a hombro por su comunidad y no aprovecharse de sectores sumidos en la pobreza.

Como República contamos con 105 años, poco en realidad para la cultura política y democrática de alto nivel que vemos en naciones europeas como también en Estados Unidos. Queda seguir evolucionando, e insisto, en la medida en que la población esté más capacitada y educada e incremente sus conocimientos y espíritu crítico, entonces no veremos más estos dilemas en nuestra política criolla.

101 años de Panamá América

 
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