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¿Vuelve la sensatez?


Las recientes elecciones en Bolivia y Perú, y las próximas en México tienen un protagonista común: Hugo Chávez. En las tres, el presidente venezolano ha jugado un papel determinante en el resultado, y sus abiertas intervenciones en los procesos electorales de esos países han puesto en el ojo del debate público el principio de la no intervención en los asuntos internos de otros Estados, que normalmente esgrimen quienes tienen el poder frente a las injerencias de otros poderes foráneos. También lo utilizan contra adversarios locales, para deslegitimarlos. Sin embargo, intervenir a favor de la libertad de un pueblo subyugado por una dictadura es legítimo. Intervenir para que otro quede subyugado por una dictadura o por un poder foráneo, no lo es. El primero sería un caso en que el fin puede justificar los medios.
Las intervenciones abiertas de Hugo Chávez en América Latina, no buscan contribuir a la libertad de nuestros pueblos, sino avasallar con el mismo modelo con el que se asfixia progresivamente a Venezuela. La fórmula funcionó en Bolivia, pero fracasó estruendosamente en el Perú, y su intervención, está a punto de hacer naufragar las aspiraciones de quien fue, hasta hace muy poco tiempo, el puntero de la carrera presidencial mexicana. No es que la demagogia no sea capaz de engatusar a mucha gente - cerca de un treinta por ciento de los electores caen en el embrujo- sino que empieza a haber una mayoría suficiente de gente sensata, que prefiere votar por la otra opción antes que dejarse llevar por los cantos de sirena. Las amenazas de romper relaciones diplomáticas y los insultos a los presidentes de los países que no le son sumisos, sólo han servido para espantar más votos a los candidatos que Chávez apoya. Los pueblos están volviéndose más sensatos, ahora, tenemos que esperar que los gobiernos también lo hagan. ¿Será mucho pedir?

101 años de Panamá América

 
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