Washington y el capitalismo
En Estados Unidos hay encuestas sobre casi todo lo imaginable, pero una que todavía no he visto es sobre si la gente piensa que hay más bandoleros en el sector público o en el sector privado. Eso se me ocurre ante la actual proliferación de nuevas leyes y regulaciones a las empresas, algo que no sucedía desde la Gran Depresión de los años 30. Parece que los políticos están empeñados en culpar de la actual recesión a la docena de fraudes descubiertos en empresas como Enron, Tyco y WorldCom. Lo que callan es que el mercado ya había castigado a esas empresas y a sus ejecutivos con el derrumbe del valor de esas acciones. Pero ahora aparece un policía para multar por exceso de velocidad a los conductores de autos que chocaron de frente, cuando ambos ya murieron.
El mensaje político es que el sistema contable y de auditoría de las empresas cuyas acciones se cotizan en la Bolsa no ha sido suficientemente regulado, pero las exageradas nuevas regulaciones lejos de favorecer al inversionista le dificultarán estar informado.
El problema básico es que el sector público se desplaza a la velocidad de una carreta tirada por bueyes y el sector privado a toda velocidad. Se trata de mentalidades opuestas. El burócrata gana un sueldo fijo y si no hace olas su empleo está prácticamente asegurado de por vida. Por el contrario, el empresario que no trata permanentemente de adivinar lo que sus clientes van a querer mañana desaparece.
También es injusto culpar a los auditores de informes financieros fraudulentos. Ningún auditor, y mucho menos un burócrata, sabe estimar la vida útil de un activo fijo. La firma de auditores Arthur Andersen no pudo detectar las trampas contables de Enron y fue virtualmente condenada a muerte. Los socios fácilmente saltaron a otras posiciones, pero miles de empleados se quedaron sin trabajo y otros miles de ex empleados retirados perdieron sus pensiones. ¿Quién se beneficio? Sólo los congresistas y los fiscales que aparecieron noche tras noche en las noticias de televisión como heroicos defensores del pueblo.
No me quedó duda que el escándalo de las ganancias de los ejecutivos es una pantomima política cuando se añadió a Jack Welch, ex presidente de la junta directiva de General Electric, a la lista de cuestionados. Y es lamentable que ese señor que aportó tantísimo al crecimiento y al éxito de esa inmensa empresa se haya sentido obligado a reintegrar los beneficios posteriores a su retiro que la compañía le ofreció hace seis años.
La culpa que yo sí le asigno al Sr. Welch es que en su larga trayectoria en GE nunca se interesó en que la subsidiaria de televisión NBC hiciera un poco más por explicarle al ciudadano cómo funciona el capitalismo y cuáles son las ventajas del libre mercado. En los programas y noticieros de las tres grandes cadenas, el "malo" suele ser el empresario y los "buenos" suelen ser el ambientalista, el antiglobalización, el burócrata y el sin casa. No debe entonces sorprendernos que la mayoría de la gente ignore, o ya olvidó, por qué se popularizaron las opciones de compra de acciones como remuneración para los altos ejecutivos y por qué les conceden extraordinarios beneficios post-jubilación.
En 1992, el presidente Bill Clinton, en uno de sus frecuentes arranques populistas, dijo que había que poner primero a la gente y que es inmoral que los presidentes de las grandes empresas ganen 100 veces el sueldo de un obrero. Así, en la reforma impositiva de 1993 se eliminó como deducción del impuesto sobre la renta de las empresas cualquier sueldo por encima de un millón de dólares.
La gente parece aceptar como normal que la voluptuosa artista que enseña el ombligo y los campeones de béisbol ganen varios millones de dólares, pero que un viejo feo y barrigón que trabaja de traje y corbata gane tanto no es "justo".
Un millón de dólares parece mucho, pero no atrae a gente poseedora del genio empresarial de un Jack Welch y si GE quería seguir creciendo como lo venía haciendo desde que ese señor estaba al timón, tenía que pagarle bastante más. Ese es el mercado. Ese es el capitalismo y a los que no les gusta quizás encuentren muchas cosas atractivas en Cuba.
El resultado de la reforma impositiva de Clinton fue que al no poder deducir los sueldos por encima de un millón de dólares, las empresas comenzaron a compensar a sus altos ejecutivos con aviones, apartamentos, opciones de compra de acciones de la empresa y todos esos lujos que tanto escándalo han provocado.
En conclusión, las regulaciones gubernamentales crearon un problema que no existía y ahora pretenden corregir esos nuevos problemas con más regulaciones, sin parecer darse cuenta que regulación significa restringir la libertad y sin libertad ni el mercado ni el capitalismo funcionan.
*Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.
(c)www.aipenet.com
Explica que la trajeron al asilo para que estuviera bien cuidada porque sus hijos ya están mayores. "Tiene buen apetito. Come muy bien. Ella comía muchos mariscos, era su comida predilecta", informó.
Ella consume lo que le dan aquí o lo que le traen, comenta Taira. Cuando la comida no le gusta dice: "Esto no se puede comer", agregó. Sobre la rutina comenta que lo primero que hace es bañarla, vestirla, la lleva a la terraza a tomar sol, a escuchar noticias y luego al comedor.
Informó que a Doña Elvia le gustan los jugos y las galletas, escuchar noticias y los bailes de antaño y, a pesar de su edad, reconoce por la voz a los familiares porque sólo ve sombras.
No le gusta la música típica porque "es muy montuno". Sobre rasgos de su personalidad resalta la memoria. Esa prodigiosa memoria que le ha permitido contar anécdotas de su infancia. Una de ellas es un pasaje de la Guerra de Los Mil Días cuando su mamá, una liberal muy valiente, pasaba las armas debajo de sus amplias y largas faldas.
222 Además de gozar de buena salud, conserva una memoria prodigiosa y exuda coquetería.
"Su mamá era muy tremenda; pasaba las armas a los liberales. Como usaba esos vestidos largos se metía las armas debajo porque nadie la revisaba. No la descubrieron. Tenía un carácter muy fuerte", afirma.
Doña Elvia, "aunque estaba muy joven, se acuerda de esa guerra", contó Taira. El tiempo se agotó. Un abrazo y bendiciones sellaron la jornada. La dulzura y calidez maternal de Doña Elvia afloró. Me abrazó y me dio su bendición, creyendo que era Taira. Lo recibí sin dar explicaciones para no romper el encanto de ese instante. Para mí eso vale mucho. La bendición de un anciano es avalada por Dios. Ese día quedará en mi memoria, así como Doña Elvia, un ser excepcional bendecido por la mano de Dios.
Personas allegadas a Doña Elvia relatan que durante un acto celebrado en el Hogar Bolívar cuando entonaron el himno nacional trató de incorporarse de su silla de ruedas para cantarlo.
Quienes la rodean intentaron disuadirla, pero más valió su arraigado amor por este canto que las dificultades que ya, irremediablemente, le representaban la innata condición de sus años. "Es tan imponente el himno, merece mucho respeto" considera Doña Elvia aún hoy, a sus 106 años.
El amor por su tierra es evidente como también cuando partió de ella para Nueva York. De allá recuerda que conoció a su esposo Don Domingo Díaz Méndez, y no así qué cargo ocupó.
La memoria la traicionó. Pero en los archivos de la Cancillería fue donde se obtuvo la respuesta. La Jefa de la Oficina Institucional de Recursos Humanos de la Cancillería, Manuelita de Smith, envió dos documentos que certifican que la señorita Elvia Mojica fue nombrada por el presidente Belisario Porras, el 4 de abril de 1925 como Oficial Archivero del Consulado General de Nueva York.
Sus servicios a la administración pública trascendieron al tiempo de la gestión de Porras. Doña Elvia trabajó en el Tribunal Tutelar de Menores (hoy Dirección de Corrección del Ministerio de la Familia). Allí laboró junto a Clara González, la primera mujer abogada de Panamá, de quien fue muy amiga. Comenta Doña Mary Comando que su tía era una mujer apegada a la política y a la vida del campo. A la muerte de Porras se involucró en la política, pero ya no en las toldas liberales.
La inclinación por la política también estaba presente en su esposo, Don Domingo Díaz, que por los años 50 fue concejal del distrito de Panamá. "El Dr. Porras y mi tía fueron mis tutores", dice Doña Mary. Ellos la matricularon en la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía, donde estudió bachillerato, de 1935 a 1940.
Una hermosa abuelita del Hogar, Doña Rosaura Zanetti, dio fe de la calidad humana de Porras. Adolfo de León, su abuelo y partidario de Porras, fue quien lo llevó en hombros a la Presidencia.
Doña Rosaura, al escuchar durante la entrevista el nombre de Porras, dijo: "¡Ah!.. Porras. El fue quien enterró a mi abuelito. "Mi abuelito era alto y fuerte. Mi abuelito era jefe del muelle en el Mercado Público. Era fuerte, fuerte. Lo cargó - a Porras- y lo llevó a la Presidencia".
Doña Rosaura recuerda que en esa época tendría unos 8 años. De ser así, se refiere al primer periodo presidencial del Dr. Belisario Porras que fue de 1912 a 1916. "El se murió del corazón. Murió tiempo después que Porras asumió la presidencia. "Iba mucho a Aguadulce de donde era mi abuelito", relató.
Porras dirigió la revolución Liberal en el Istmo de Panamá, que en esos tiempos era un Departamento colombiano. Fue uno de los líderes principales del Partido Liberal Colombiano durante la guerra, llevando a cabo una campaña militar que llegó hasta las puertas de la Ciudad de Panamá. Aproximadamente 5,000 panameños murieron en este conflicto armado que duró tres años, de 1899 a 1902.
Porras continuó como miembro del Partido Liberal, pero ya como un Partido Liberal panameño. En 1912, después de haber incrementado su popularidad en el istmo, es elegido presidente de la república por una amplia mayoría. Ejerce el puesto durante tres períodos: de 1912 a 1916; de 1918 a 1920 y de 1920 a 1924.
Durante tres periodos ejecuta importantes obras como la creación de los Códigos Nacionales y la redacción de un cuerpo de leyes. Construye carreteras y otras facilidades de transporte y comunicación que unifican al país, como el Ferrocarril de Chiriquí en 1916.
Da mucha importancia a la salud y al progreso económico del país. Funda el Hospital Santo Tomás en la Ciudad de Panamá y mejora la higiene del país en general. Nacionaliza la Lotería Nacional de Beneficencia para financiar la expansión de la salud pública.
Entre otros logros se destacan la reconstrucción del telégrafo, la apertura del Canal interoceánico en 1915; la organización de la instrucción pública; el barrio de La Exposición y la Plaza Porras; la creación del Archivo Nacional y el Registro Civil y el establecimiento de la Isla Penal de Coiba.
En materia legal, por la Ley 1 de 22 de agosto de 1916, se adopta el Código Administrativo que contiene un título en el cual se reglamenta toda la materia electoral. El Consejo Electoral de la República pasa a ser el Jurado Nacional de Elecciones y los Ayuntamientos Electorales se denominan Jurados Provinciales. Falleció el 28 de agosto de 1942. Porras creía en los méritos personales, en la libre expresión del pensamiento y en la prensa como medio de combate.
El mensaje político es que el sistema contable y de auditoría de las empresas cuyas acciones se cotizan en la Bolsa no ha sido suficientemente regulado, pero las exageradas nuevas regulaciones lejos de favorecer al inversionista le dificultarán estar informado.
El problema básico es que el sector público se desplaza a la velocidad de una carreta tirada por bueyes y el sector privado a toda velocidad. Se trata de mentalidades opuestas. El burócrata gana un sueldo fijo y si no hace olas su empleo está prácticamente asegurado de por vida. Por el contrario, el empresario que no trata permanentemente de adivinar lo que sus clientes van a querer mañana desaparece.
También es injusto culpar a los auditores de informes financieros fraudulentos. Ningún auditor, y mucho menos un burócrata, sabe estimar la vida útil de un activo fijo. La firma de auditores Arthur Andersen no pudo detectar las trampas contables de Enron y fue virtualmente condenada a muerte. Los socios fácilmente saltaron a otras posiciones, pero miles de empleados se quedaron sin trabajo y otros miles de ex empleados retirados perdieron sus pensiones. ¿Quién se beneficio? Sólo los congresistas y los fiscales que aparecieron noche tras noche en las noticias de televisión como heroicos defensores del pueblo.
No me quedó duda que el escándalo de las ganancias de los ejecutivos es una pantomima política cuando se añadió a Jack Welch, ex presidente de la junta directiva de General Electric, a la lista de cuestionados. Y es lamentable que ese señor que aportó tantísimo al crecimiento y al éxito de esa inmensa empresa se haya sentido obligado a reintegrar los beneficios posteriores a su retiro que la compañía le ofreció hace seis años.
La culpa que yo sí le asigno al Sr. Welch es que en su larga trayectoria en GE nunca se interesó en que la subsidiaria de televisión NBC hiciera un poco más por explicarle al ciudadano cómo funciona el capitalismo y cuáles son las ventajas del libre mercado. En los programas y noticieros de las tres grandes cadenas, el "malo" suele ser el empresario y los "buenos" suelen ser el ambientalista, el antiglobalización, el burócrata y el sin casa. No debe entonces sorprendernos que la mayoría de la gente ignore, o ya olvidó, por qué se popularizaron las opciones de compra de acciones como remuneración para los altos ejecutivos y por qué les conceden extraordinarios beneficios post-jubilación.
En 1992, el presidente Bill Clinton, en uno de sus frecuentes arranques populistas, dijo que había que poner primero a la gente y que es inmoral que los presidentes de las grandes empresas ganen 100 veces el sueldo de un obrero. Así, en la reforma impositiva de 1993 se eliminó como deducción del impuesto sobre la renta de las empresas cualquier sueldo por encima de un millón de dólares.
La gente parece aceptar como normal que la voluptuosa artista que enseña el ombligo y los campeones de béisbol ganen varios millones de dólares, pero que un viejo feo y barrigón que trabaja de traje y corbata gane tanto no es "justo".
Un millón de dólares parece mucho, pero no atrae a gente poseedora del genio empresarial de un Jack Welch y si GE quería seguir creciendo como lo venía haciendo desde que ese señor estaba al timón, tenía que pagarle bastante más. Ese es el mercado. Ese es el capitalismo y a los que no les gusta quizás encuentren muchas cosas atractivas en Cuba.
El resultado de la reforma impositiva de Clinton fue que al no poder deducir los sueldos por encima de un millón de dólares, las empresas comenzaron a compensar a sus altos ejecutivos con aviones, apartamentos, opciones de compra de acciones de la empresa y todos esos lujos que tanto escándalo han provocado.
En conclusión, las regulaciones gubernamentales crearon un problema que no existía y ahora pretenden corregir esos nuevos problemas con más regulaciones, sin parecer darse cuenta que regulación significa restringir la libertad y sin libertad ni el mercado ni el capitalismo funcionan.
*Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.
(c)www.aipenet.com
Explica que la trajeron al asilo para que estuviera bien cuidada porque sus hijos ya están mayores. "Tiene buen apetito. Come muy bien. Ella comía muchos mariscos, era su comida predilecta", informó.
Ella consume lo que le dan aquí o lo que le traen, comenta Taira. Cuando la comida no le gusta dice: "Esto no se puede comer", agregó. Sobre la rutina comenta que lo primero que hace es bañarla, vestirla, la lleva a la terraza a tomar sol, a escuchar noticias y luego al comedor.
Informó que a Doña Elvia le gustan los jugos y las galletas, escuchar noticias y los bailes de antaño y, a pesar de su edad, reconoce por la voz a los familiares porque sólo ve sombras.
No le gusta la música típica porque "es muy montuno". Sobre rasgos de su personalidad resalta la memoria. Esa prodigiosa memoria que le ha permitido contar anécdotas de su infancia. Una de ellas es un pasaje de la Guerra de Los Mil Días cuando su mamá, una liberal muy valiente, pasaba las armas debajo de sus amplias y largas faldas.
222 Además de gozar de buena salud, conserva una memoria prodigiosa y exuda coquetería.
"Su mamá era muy tremenda; pasaba las armas a los liberales. Como usaba esos vestidos largos se metía las armas debajo porque nadie la revisaba. No la descubrieron. Tenía un carácter muy fuerte", afirma.
Doña Elvia, "aunque estaba muy joven, se acuerda de esa guerra", contó Taira. El tiempo se agotó. Un abrazo y bendiciones sellaron la jornada. La dulzura y calidez maternal de Doña Elvia afloró. Me abrazó y me dio su bendición, creyendo que era Taira. Lo recibí sin dar explicaciones para no romper el encanto de ese instante. Para mí eso vale mucho. La bendición de un anciano es avalada por Dios. Ese día quedará en mi memoria, así como Doña Elvia, un ser excepcional bendecido por la mano de Dios.
Personas allegadas a Doña Elvia relatan que durante un acto celebrado en el Hogar Bolívar cuando entonaron el himno nacional trató de incorporarse de su silla de ruedas para cantarlo.
Quienes la rodean intentaron disuadirla, pero más valió su arraigado amor por este canto que las dificultades que ya, irremediablemente, le representaban la innata condición de sus años. "Es tan imponente el himno, merece mucho respeto" considera Doña Elvia aún hoy, a sus 106 años.
El amor por su tierra es evidente como también cuando partió de ella para Nueva York. De allá recuerda que conoció a su esposo Don Domingo Díaz Méndez, y no así qué cargo ocupó.
La memoria la traicionó. Pero en los archivos de la Cancillería fue donde se obtuvo la respuesta. La Jefa de la Oficina Institucional de Recursos Humanos de la Cancillería, Manuelita de Smith, envió dos documentos que certifican que la señorita Elvia Mojica fue nombrada por el presidente Belisario Porras, el 4 de abril de 1925 como Oficial Archivero del Consulado General de Nueva York.
Sus servicios a la administración pública trascendieron al tiempo de la gestión de Porras. Doña Elvia trabajó en el Tribunal Tutelar de Menores (hoy Dirección de Corrección del Ministerio de la Familia). Allí laboró junto a Clara González, la primera mujer abogada de Panamá, de quien fue muy amiga. Comenta Doña Mary Comando que su tía era una mujer apegada a la política y a la vida del campo. A la muerte de Porras se involucró en la política, pero ya no en las toldas liberales.
La inclinación por la política también estaba presente en su esposo, Don Domingo Díaz, que por los años 50 fue concejal del distrito de Panamá. "El Dr. Porras y mi tía fueron mis tutores", dice Doña Mary. Ellos la matricularon en la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía, donde estudió bachillerato, de 1935 a 1940.
Una hermosa abuelita del Hogar, Doña Rosaura Zanetti, dio fe de la calidad humana de Porras. Adolfo de León, su abuelo y partidario de Porras, fue quien lo llevó en hombros a la Presidencia.
Doña Rosaura, al escuchar durante la entrevista el nombre de Porras, dijo: "¡Ah!.. Porras. El fue quien enterró a mi abuelito. "Mi abuelito era alto y fuerte. Mi abuelito era jefe del muelle en el Mercado Público. Era fuerte, fuerte. Lo cargó - a Porras- y lo llevó a la Presidencia".
Doña Rosaura recuerda que en esa época tendría unos 8 años. De ser así, se refiere al primer periodo presidencial del Dr. Belisario Porras que fue de 1912 a 1916. "El se murió del corazón. Murió tiempo después que Porras asumió la presidencia. "Iba mucho a Aguadulce de donde era mi abuelito", relató.
Porras dirigió la revolución Liberal en el Istmo de Panamá, que en esos tiempos era un Departamento colombiano. Fue uno de los líderes principales del Partido Liberal Colombiano durante la guerra, llevando a cabo una campaña militar que llegó hasta las puertas de la Ciudad de Panamá. Aproximadamente 5,000 panameños murieron en este conflicto armado que duró tres años, de 1899 a 1902.
Porras continuó como miembro del Partido Liberal, pero ya como un Partido Liberal panameño. En 1912, después de haber incrementado su popularidad en el istmo, es elegido presidente de la república por una amplia mayoría. Ejerce el puesto durante tres períodos: de 1912 a 1916; de 1918 a 1920 y de 1920 a 1924.
Durante tres periodos ejecuta importantes obras como la creación de los Códigos Nacionales y la redacción de un cuerpo de leyes. Construye carreteras y otras facilidades de transporte y comunicación que unifican al país, como el Ferrocarril de Chiriquí en 1916.
Da mucha importancia a la salud y al progreso económico del país. Funda el Hospital Santo Tomás en la Ciudad de Panamá y mejora la higiene del país en general. Nacionaliza la Lotería Nacional de Beneficencia para financiar la expansión de la salud pública.
Entre otros logros se destacan la reconstrucción del telégrafo, la apertura del Canal interoceánico en 1915; la organización de la instrucción pública; el barrio de La Exposición y la Plaza Porras; la creación del Archivo Nacional y el Registro Civil y el establecimiento de la Isla Penal de Coiba.
En materia legal, por la Ley 1 de 22 de agosto de 1916, se adopta el Código Administrativo que contiene un título en el cual se reglamenta toda la materia electoral. El Consejo Electoral de la República pasa a ser el Jurado Nacional de Elecciones y los Ayuntamientos Electorales se denominan Jurados Provinciales. Falleció el 28 de agosto de 1942. Porras creía en los méritos personales, en la libre expresión del pensamiento y en la prensa como medio de combate.