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Xenofobia antieconómica


La creciente posibilidad de una recesión en la economía estadounidense, combinado con los duros ajustes observados en los mercados de crédito, ha exacerbado el sentimiento contra la inmigración. Además, es un año de elecciones presidenciales, cuando culpar al otro por los males internos se convierte en deporte nacional. Es una lástima que un tema de capital importancia sea objeto de tanta emoción visceral y falacia. El caso se da en otros países también. Esto, como apunta la revista The Economist, es preocupante, pues la migración beneficia tanto al país que aporta capital humano como al que lo recibe.

Los inmigrantes suelen ser gente motivada, dinámica, con sentido de urgencia y aspiraciones. Los inmigrantes mexicanos, tanto legales como ilegales, tienden a repatriar remesas y otros valiosos activos, como conocimientos, nuevos usos, nuevas costumbres, ideas y hasta transferencias de tecnología. Las remesas en sí representan un gran beneficio, no sólo por su valor financiero, sino porque es el mejor ejemplo del asistencialismo inteligente e individualizado.

En los debates presidenciales se seguirá hablando sobre cómo neutralizar la inmigración. Sin duda, ninguno de los candidatos que se opone a la migración notará, como nos ha recordado The Economist, que más de una tercera parte de quienes tienen títulos y doctorados en ciencias o ingeniería en EE.UU. son inmigrantes. También lo fueron muchos de los fundadores de las empresas tecnológicas que funcionan en Silicon Valley, California. Pero, lamentablemente, la realidad es que los políticos prefieren explotar los temores por xenofobia que explicar los beneficios de la inmigración y la necesidad de un cambio inteligente, gradual y ordenado en el marco migratorio.

Pero, con o sin muro, la economía de EE.UU. seguirá dependiendo de la inmigración, tanto por presiones fiscales, como por demanda laboral. Mucho mejor sería idear mecanismos temporales, o de amnistía, que explotar un resentimiento antieconómico y tratar de cerrar unas puertas que acabarán cayéndose ante las realidades económicas.

Una mayor integración migratoria conlleva beneficios superiores al beneficio combinado de asistencialismo financiero a otras naciones, condonación de deudas e incluso reformas comerciales. La inmigración reduce significativamente la miseria de los más pobres. Entonces, la cuestión no es que las tasas de inmigración son demasiado altas, sino que no son lo suficientemente altas para lograr los cometidos de vivir mejor y prosperar.

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