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¿Y ahora cómo?


Escenario crucial de la región, el conflicto armado de Colombia ha acaparado la atención de la opinión pública internacional en los últimos meses. En el centro, un acuerdo humanitario que propone el canje de secuestrados que retienen las FARC por guerrilleros que purgan condenas en las cárceles de ese país.

Entre noviembre y enero se produjo la frustrada gestión del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, primero; el fracaso de una comisión humanitaria internacional después; y la aparición, sorpresiva, en un centro benéfico de Bogota, del niño Emmanuel nacido en cautiverio. Esta semana, sin embargo, se registró la liberación de Clara Rojas y Consuelo González viuda de Perdomo, tras unos seis años de secuestro.

En medio de una satisfacción generalizada, la liberación de ambas mujeres pone sobre tapete la posibilidad o no de lograr aproximaciones que abran camino a la paz en ese país, pero como sucede generalmente en situaciones similares, el "qué" parece resuelto, mientras el "cómo" se transforma en punto clave. Fue el "cómo" se hacen estas cosas lo que estuvo en medio de la decisión colombiana de suspender las gestiones de Chávez y, en cierta manera, también en las fracasadas gestiones de diciembre cuando una parafernalia mediática le abría paso a la proyección política de las ilegales FARC. Pero el "cómo" implica también el papel de uno y otro protagonista del conflicto.

La legalidad colombiana reconoce en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez su legítimo representante, y en las FARC, ese cuerpo irregular responsable de un innumerable cúmulo de delitos. Así, la incidencia internacional es la que hace inclinarse, en un sentido u otro, la balanza política de este escenario. Sería aconsejable que, resuelto el caso Rojas/González, se permita a las partes colombianas avanzar hacia un entendimiento, respetando la legalidad y la autodeterminación de ese país.

101 años de Panamá América

 
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