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Y ahora la guerra contra las medicinas


Auburn, Alabama (AIPE)- La administración Clinton no se conformó con bombardear una farmacia en Sudán; ahora quiere destruir cientos de ellas en la Internet. El plan es concederle a la FDA (Administración de Alimentos y Drogas) poderes masivos de investigación para obstaculizar la venta de medicinas con prescripción a través de la Internet. La legislación propuesta impondría multas de medio millón de dólares por cada venta efectuada sin permiso del gobierno federal, aumenta el presupuesto a la FDA en 10 millones de dólares y se añaden 100 burócratas para supervisar las ofertas de la Internet.
Desde hace rato el gobierno busca maneras de regular la Internet, fijarle impuestos e impedir que compita con el mundo tradicional de ladrillos y cemento. Primero intentaron censurar las indecencias (como si la moralidad del Departamento de Justicia fuese ejemplar), luego las llamadas campañas de odio (como si los burócratas estuviesen llenos de amor por nosotros), las difamación de políticos (Hillary Clinton se quejaba de que hacía falta un guardia en la Internet) y ahora quieren impedir la distribución de medicinas.
La base para la represión fue un estudio de la Universidad de Pennsylvania que según el New York Times alerta sobre la "alarmante facilidad con que los consumidores pueden adquirir medicinas sin ver a un médico o a un farmaceuta".
Imagínese usted eso. Que los consumidores puedan fácilmente conseguir lo que quieren sin antes cumplir con los procedimientos exigidos por el gobierno. La respuesta es cartelizar las farmacias de la Internet, ponerlas bajo el estricto control del gobierno y utilizar el precedente para controlar cualquier otro aspecto de la Internet que a las autoridades no le guste.
Todos sabemos que tanto en la Internet como en el mundo que nos rodea se ofrecen cosas malas. Pero ¿qué tiene de malo poner las medicinas al alcance de los consumidores? La respuesta la da el mismo estudio citado por el New York Times: ni a los médicos ni a los farmaceutas les gusta la idea.
Considere lo absurdo que es el actual negocio de las medicinas con prescripción. Hay miles de libros y publicaciones que explican los usos y efectos de cada fármaco en el mercado. ¿Por qué necesitamos licenciados en farmacia para meter una cápsulas en un frasco y un médico escribiendo una receta para una medicina que conocemos bien?
La hipótesis tradicional es que el triángulo de hierro de autoridades reguladoras, doctores y farmacéuticos es necesario para nuestra salud y seguridad. Pero, ¿quién puede estar más interesado en su propia salud y seguridad que el consumidor mismo?
Las regulaciones existen para proteger al médico, no al paciente, ya que los altos ingresos de éste dependen de las frecuentes visitas de sus pacientes para conseguir una receta. De tal modo que la Internet es una amenaza, no a la salud, sino a las cuentas bancarias de los miembros del cartel.
La regulación médica comenzó en el siglo XIX como parte de un esfuerzo de los médicos de proteger su negocio de los homeópatas. Y las escuelas de medicina desde entonces limitan el número de médicos, creando una escasez artificial, lo cual aumenta el costo de esos servicios profesionales.
Pero los reguladores se van a enfrentar con un gran problema. Si logran cerrar las farmacias americanas de la Internet no van a poder hacer lo mismo con miles de otras operando desde otros países. Y esas no están limitadas a vender las medicinas que la FDA aprueba, luego de 17 años de obstáculos interpuestos a los laboratorios farmacéuticos. A menos que el correo decida abrir y revisar cada paquete que llega del exterior, la demanda será servida por extranjeros.
Es lógico que sea el consumidor quien decida si cree necesario consultar a su médico o no. Y la Internet, como gran centro de información, ayudará al consumidor a tomar su propia decisión. ¿Qué de malo tiene que el consumidor esté mejor informado sobre algo tan importante como su propia salud?
Las nuevas tecnologías están rompiendo las viejas barreras de las naciones. La guerra contra las medicinas de la Internet es un microcosmo de la lucha mayor sobre el futuro de la libertad individual y la opresión de reguladores de la vieja guardia. Me siento crecientemente optimista sobre el resultado a largo plazo de esta lucha.

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