¿Y cuál es la oferta?
Tras lamentables hechos de violencia que involucran a menores, se ha desatado un debate que en el mejor de los casos ha concluido con la creación de un comité de ciudadanos para generar propuestas.
Limitado al tema de los menores infractores y a llamados para que se incrementen las penas, el debate bien podría ser el tratamiento marginal de un problema de mucho más alcance. Cifras oficiales revelan que la edad promedio de las personas que delinquen, detenidas en la actualidad, es de 30 años, con un prontuario iniciado a los 12. Lo que en un estudio al respecto le permite concluir a Danilo Toro Lozano que nuestra sociedad toma 18 años en fabricar sus delincuentes. ¿Y quienes son? Una franja de nuestros jóvenes. ¿Por qué?
La juventud de la que se enorgullece Panamá ha tenido un recorrido que indica que no siempre ocurrió lo que sucede hoy. En la temprana década de los años 40 del siglo pasado, sus incursiones exitosas en el quehacer nacional fueron canazalizadas por entidades históricas como el Frente Patriótico de la Juventud, la Federación de Estudiantes de Panamá y, en el caso de los trabajadores, por la Federación Sindical de la República de Panamá. Pero aquellas acciones positivas encontraron su raíz en instituciones educativas como el Instituto Nacional y la Universidad de Panamá fundada por Harmodio Arias.
¿Dónde está hoy la oferta social para es juventud que se critica; para la que se pide represión y aumentos de pena? ¿Por qué no reprimir la pornografía que la aturde, la violencia que se publicita, los centros que la corrompen, la hipocresía que la confunde y a los adultos que la manipulan?