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¿Y el interior qué?


Si Dios lo permite, la faja del Canal de Panamá estará revirtiendo totalmente a nosotros el 31 de diciembre del presente año. Todo lo que esto significa debiera estar destinado a que se desarrolle el país. El valor de lo que recibiremos se ha calculado en más de treinta mil millones de balboas, que se pretende que coadyuven al engrandecimiento de la nación.
Para suerte de los que viven en la rivera de esta grandiosa obra, el beneficio que se genere será grande, exclusivamente para la provincia de Panamá y en parte para Colón.
La marginación del interior es notable y no creo que haya quien pueda asegurar que los beneficios los podremos compartir los que estamos distantes de la vía interoceánica.
Todavía no he visto ni he escuchado la opinión de los que a diario comentan los sucesos que se acercan, que digan que podemos esperar los que a distancia sólo nos sentiremos felices por el acontecimiento. Siendo la presidenta del interior del país, supongo que ya debe estar en sus planes qué nos espera.
En el país no hay planificaciones futuras y siempre se espera a última hora para buscar soluciones, que con antelación deben ser resueltas. Hay que desarrollar el país y esto sólo se logrará cuando se incorpore a su desenvolvimiento todo el territorio nacional.
Si realmente se gobierna con madurez, es necesario que se estimule a los que pretendan invertir, que lo hagan también fuera de las áreas que han revertido. Con una legislación especial que los estimule, a sabiendas que fuera de la capital la mano de obra es más barata, la diferencia en estos costos podría servir para cubrir el transporte hasta los puertos terminales. Hay que recordar además, que en Chiriquí tenemos el muelle de Puerto Armuelles y en Bocas del Toro el de Chiriquí Grande, que actualmente es usado en su mayoría por los productores de banano para enviar su cosecha.
Los grandes capitales que se desenvuelven en la capital del país se han beneficiado con la existencia del Canal de Panamá y ahora sus ingresos mejorarán, una vez que se comience a explotar las tierras e instalaciones que se reciban.
El interior no se ha podido desarrollar porque dependemos de nuestro esfuerzo y sacrificio y el circulante en nuestro medio es muy limitado. Para corroborar mi aserto podemos percatarnos que algunas empresas, no muchas, han emigrado con sucursales en la capital y hoy son grandes negocios.
Y qué decir de los profesionales de nuestro terruño, que estudian y se radican en la ciudad de Panamá, porque en su lugar de origen no tienen perspectivas de crecimiento, con muy pocas excepciones. Pienso que si no se toman medidas heroicas, la emigración hacia la capital va a ser tan grande como ocurrió para la época de la Segunda Guerra Mundial, en busca de mejores ingresos y los problemas de vivienda y desempleo recaerán sobre la capital, que ya está saturada de los que hacia allá van, creyendo tener mejores oportunidades.
Convendría que se hiciese un análisis de lo que destina el Estado y el Presupuesto General a la capital y cuánto al resto del país. Se debe buscar un ingreso colateral para el interior, que nos sitúe en un plano más acorde con lo que se proyecte para el nuevo milenio.
Que los políticos no se olviden que si nos unimos los del interior podemos representar una fuerza que se hará sentir en el momento preciso.

101 años de Panamá América

 
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