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Y fuimos culpables...


De una privatización caníbal de los servicios públicos, que sólo logró empobrecer más al país, elevando el costo de la vida y llevándolo a niveles apocalípticos, ampliando la brecha entre ricos y pobres, buscando desaparecer la clase media y combativa del país; muestra de ello es el corte de suministro eléctrico en el Campus Universitario Harmodio Arias, en Curundú, que lo defino como intento de homicidio en primer grado, homicidio a las esperanzas del pobre por alcanzar el conocimiento necesario que le permita crecer como un ciudadano capaz de aportar beneficios reales al país. Pero nos quieren mantener en la ignorancia para así hacerse más ricos a costa de un pueblo que carezca de educación.
Fuimos culpables del despilfarro que hubo con la compra de vehículos para luego venderlos y, con esa estrategia, el país pierde algunos tantos miles por el devaluó de los autos y sólo para ostentar grandeza económica durante el período que duró la Cumbre. Mientras, en muchos hogares se libra una lucha diaria para lograr el sustento de cada día.
También lo somos por los gastos de nuestros gobernantes en concepto de viajes que, en teoría, buscan la inversión extranjera en nuestro país, pero la realidad es que en estos tres años de gobierno no se ha logrado más que gastos poco redituables para la nación; somos culpables por el uso indebido de maquinarias para la construcción de carreteras que sólo pretenden solucionar el problema de acceso a la finca de un ministro; de la venta de unas tierras por parte del Banco Nacional que ensombreció lo que tenía que ser un acto lleno de transparencia y que otorgara beneficios reales.
Somos culpables por lo de la aeronave hundida a tiros por miembros del gobierno actual, atentando contra los bienes patrimoniales; y más culpables por el escándalo que sacudió a la Nación, que es el destape cínico de un secreto a voces "corrupción en la Asamblea Legislativa" y la componenda entre el Ejecutivo y miembros del Legislativo para el nombramiento, no aprobado por los panameños, de dos magistrados que no poseen la mejor imagen para sustentar dicho cargo, escándalo que viola el luto nacional, obligándonos a recordar el 9 de enero con otro mártir: "La Institucionalidad". Pero la desfachatez no tiene medida, pretendiendo algunos legisladores de este gobierno otorgar un premio al señor que, vulgarmente, acepta que fue sobornado; señor porque en la Asamblea, hoy tengo duda que exista alguien honorable.
Lo somos por guardar silencio mientras que un ministro de este ignorante país abusa de su autoridad para regalar a una pobre transnacional, algunos pocos millones que, dicho sea de paso, NO hacen falta para las familias más pobres que viven en miseria absoluta disfrazadas como las "potentadas" precaristas de nuestra capital, que cuyas casas son una suma de remiendos de hojalata podrida, madera roída, plástico, un elegante piso de tierra y cartón donde se come en lata y se iluminan por las noches con una lamparita de kerosén; casas donde no se puede invitar a la lluvia, porque la derriba con toda alevosía; casas donde la miseria y las enfermedades cabalgan en cada rincón del nada, ostentoso hogar de esos desposeídos. Allí "no hacen falta", porque el ministro los regala a las empresas que de ¡desamparados no tienen nada!
Cierro los ojos con fuerza ciñendo la frente como para recordar el período preelectoral, donde las promesas eran propias del discurso demagógico de quienes pedían el voto. Pero hoy encontramos en la Asamblea una oposición con una "minoría" mayor que pretende oponerse, pero de diálogo en diálogo se convierten en cómplices y también por ello, todos nosotros fuimos culpables de esto y de cosas que el espacio no me permite mencionar...
Culpables por permitir que, por tantos actos de corrupción, en menos de un año seamos reconocidos internacionalmente como uno de los países más corruptos de América Latina; eclipsando las esperanzas de los que menos tienen.
Fuimos culpables porque hoy, gracias a Dios, el pueblo despierta de un letargo para luchar con más ahínco por el bienestar de todos, y de esa forma no permitirle a las 100 personas que dicen gobernar el país, que sigan atentando contra el bienestar de los más de 2.8 millones de panameños.
¡Fuimos culpables! Pero es el deseo de dejar de ser cómplices en silencio, lo que me permite conciliar el sueño. Amen por el bien del país.
Agripino Carrillo, quien es dueño de una finca en la comunidad de Higuerón, distrito de Gualaca, provincia de Chiriquí, es uno de los tantos ganaderos que ven amenazadas sus reses por los ataques del perjudicial mamífero.
Y es que todos los días sus animales amanecen mordidos, lo que ha provocado la muerte de 87 reses, mientras que dos personas del área también fueron víctimas de la agresión.
Enfatizó que este problema data de tres años y no ha sido posible erradicarlo, aunque han informado al MIDA sobre la situación.
Describió que estos animales sólo tardan una o dos noches para matar a una res, a pesar de que estos cuadrúpedos pesan más de mil libras, pero al mismo tiempo, estudios realizados establecen que el 20% del cuerpo del ganado vacuno está compuesto de sangre.
Agregó que no les ha quedado otra alternativa que inyectar todo el ganado para intentar controlar en parte el problema, porque todas las noches alrededor de 24 animales son mordidos, desangrándose algunos, mientras otros resisten más tiempo.
La procedencia de los murciélagos se desconoce. De acuerdo con Carrillo, éstos tienen la capacidad de consumir litros de sangre.
Por su parte, un menor de 16 años, residente también en el distrito de Gualaca, comentó que su abuelo y él fueron atacados por estos animales hace algún tiempo, mientras dormían, a esos de las 3:00 a.m.
Indicó que se dieron cuenta del suceso al amanecer, porque nunca se despertaron cuando eran mordidos.
Explicó que las mordeduras se registraron en el dedo índice del pie izquierdo, donde el menor y su abuelo perdieron una considerable cantidad de sangre. Los animales entraron por la ventana de la casa.
Mientras tanto, en Darién se registraron casos de rabia selvática en 1996, cuando tres indocumentados colombianos fallecieron, producto de mordeduras de los hematófagos, cuando intentaban ingresar a Panamá.
Los dos que lograron llegar con vida a las instancias de salud, para recibir atención médica, aunque tarde, declararon que otro compañero había fallecido con síntomas similares a los que ellos presentaban y que habían sido mordidos en los pies por murciélagos vampiros.

101 años de Panamá América

 
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