Y fuimos libres...
“La Historia la hacen quienes nos han precedido. La escriben quienes la observan y la juzgan. La reconocen los que para poder continuar miran retrospectivamente para aprender de las experiencias pasadas y no errar”. Marcos Aurelio Álvarez P. ¿De qué fuimos libres? De España nos emancipamos y buscamos el refugio en la “Gran Colombia”. A costa de la construcción del Canal, bajo la égida del Imperio Norte Americano nos separamos de Colombia y bajo el liderazgo de un dictador obtuvimos la plena soberanía sobre nuestro territorio en la Zona del Canal al decir: “Yankee go home”. Finalmente, la noche del 20 de diciembre de 1989, bajo fuego y sangre se nos otorga otra liberación de mano de un tirano.
Y fuimos libres... Gaspar Octavio Hernández lo apuntaló así: “Y porque éramos libres amábamos la gloria. Porque sólo quien es libre corporal y espiritualmente puede amar la gloria. Los grandes amores sólo nacen en las almas grandes, así como los árboles más grandes arraigan sólo en las inmensidad de los grandes bosques”.
Contrariedad de ambigüedades. ¿Libres de qué? Panamá, como árbol que cumple un centenario, aún no ha podido arraigar sus raíces dentro de los grandes bosques en los que le ha tocado vivir, ni sacarle provecho a las experiencias obtenidas de estos tiranos para no trocar de nuevo en aquestos vicios.
La tosquedad que empaña nuestro esplendor es la acumulación de vicios que hemos heredados de antaño y servidumbre que aniquila -el juega vivo, el clientelismo político, el lobby de poder, el tráfico de influencia o nepotismo, las improvisaciones frecuentes, la corrupción económica, la mora judicial, la ausencia de liderazgos auténticos, la marginación de clases, la sub-utilización del recurso humano capacitado y el revanchismo electoral- caracterizándonos durante los últimos cien años como un país subdesarrollado o del Tercer Mundo.
Aún no hemos afinado nuestro carácter de nación. La piedra del paciente lapidario pende sobre nosotros pronta a quebrar y pulir lo tosco que impide luzcamos con orgullo el esplendor de una Patria libre y soberana: “Porque para que el diamante luzca precioso es menester que se le parta y pula”.
Y fuimos libres... Para ser libre hay que cultivar el espíritu del cual nace el ideal de Patria. Para que surjan ideales hay que tener carácter, y sin carácter no podemos avanzar porque vamos a la deriva de nuestros antojos.
Forjar un carácter en libertad requiere de valores éticos que identifiquen nuestra personalidad de República: ser honestos, confiables, responsables, respetuosos, justos, humano, y ser buen ciudadano.
Estos valores básicos trascienden las diferencias culturales, religiosas, socioeconómicas y políticas, los cuales si nos ponemos de acuerdo -unidad nacional- nos permitirán definir nuestro futuro en libertad, dándonos las pautas que forjará nuestro carácter de República. Un carácter libre se fundamenta sobre los siguientes parámetros:
Establece ideales: ¿Qué queremos ser?
Define su identidad: ¿Quiénes somos?
Traza su destino: ¿Hacia dónde vamos?
Unifica criterios e intereses: ¿Para qué luchamos?
Posee fe: ¿Sabe qué Creemos?
Males sin números nos aquejan. El país está revuelto por un mar de intereses económicos, políticos, morales y sociales que nos sumen en una tiranía para la cual no hay arma ni potencia que prevalezca; esta tiranía nuestra impide que seamos libres.
Nuestras instituciones democráticas esperan que sus hijos e hijas se conjunten en un as de voluntades, pensamiento y acción, para poder enrumbarnos hacia la plena libertad, de lo contrario seguiremos siendo esclavos de nosotros mismos, de la tiranía de nuestro ego y de los poderosos que sojuzgan el planeta; siendo propensos nuevamente a ser conquistados.
Decía el poeta: “Y por ignorar o querer ignorar el concepto de patria, ignorancia proveniente del desprecio que demostraron siempre por las sagradas cosas que reclaman atención del alma, la Fenicia desapareció en la mar oscura de los tiempos dejando sólo una siniestra estela de cobardía y de egoísmo”. Gaspar Octavio Hernández.
Cuando el clarín y la corneta junto al replique del tambor anuncie el despertar gloriosos del este 3 de Noviembre, y las sirenas de los motorizados encabecen el desfile del Centenario, ruego a Dios que al celebrar esta magna fecha, nos ilumine y nos dé un espíritu y un carácter repletos de ideales de patria; una conciencia capaz de valorarnos, de ponernos de acuerdo y sentirnos orgullosos de ser panameños. Sólo así seremos libres e independientes sobre nuestro territorio nacional.
Feliz centenario Panamá.
Y fuimos libres... Gaspar Octavio Hernández lo apuntaló así: “Y porque éramos libres amábamos la gloria. Porque sólo quien es libre corporal y espiritualmente puede amar la gloria. Los grandes amores sólo nacen en las almas grandes, así como los árboles más grandes arraigan sólo en las inmensidad de los grandes bosques”.
Contrariedad de ambigüedades. ¿Libres de qué? Panamá, como árbol que cumple un centenario, aún no ha podido arraigar sus raíces dentro de los grandes bosques en los que le ha tocado vivir, ni sacarle provecho a las experiencias obtenidas de estos tiranos para no trocar de nuevo en aquestos vicios.
La tosquedad que empaña nuestro esplendor es la acumulación de vicios que hemos heredados de antaño y servidumbre que aniquila -el juega vivo, el clientelismo político, el lobby de poder, el tráfico de influencia o nepotismo, las improvisaciones frecuentes, la corrupción económica, la mora judicial, la ausencia de liderazgos auténticos, la marginación de clases, la sub-utilización del recurso humano capacitado y el revanchismo electoral- caracterizándonos durante los últimos cien años como un país subdesarrollado o del Tercer Mundo.
Aún no hemos afinado nuestro carácter de nación. La piedra del paciente lapidario pende sobre nosotros pronta a quebrar y pulir lo tosco que impide luzcamos con orgullo el esplendor de una Patria libre y soberana: “Porque para que el diamante luzca precioso es menester que se le parta y pula”.
Y fuimos libres... Para ser libre hay que cultivar el espíritu del cual nace el ideal de Patria. Para que surjan ideales hay que tener carácter, y sin carácter no podemos avanzar porque vamos a la deriva de nuestros antojos.
Forjar un carácter en libertad requiere de valores éticos que identifiquen nuestra personalidad de República: ser honestos, confiables, responsables, respetuosos, justos, humano, y ser buen ciudadano.
Estos valores básicos trascienden las diferencias culturales, religiosas, socioeconómicas y políticas, los cuales si nos ponemos de acuerdo -unidad nacional- nos permitirán definir nuestro futuro en libertad, dándonos las pautas que forjará nuestro carácter de República. Un carácter libre se fundamenta sobre los siguientes parámetros:
Establece ideales: ¿Qué queremos ser?
Define su identidad: ¿Quiénes somos?
Traza su destino: ¿Hacia dónde vamos?
Unifica criterios e intereses: ¿Para qué luchamos?
Posee fe: ¿Sabe qué Creemos?
Males sin números nos aquejan. El país está revuelto por un mar de intereses económicos, políticos, morales y sociales que nos sumen en una tiranía para la cual no hay arma ni potencia que prevalezca; esta tiranía nuestra impide que seamos libres.
Nuestras instituciones democráticas esperan que sus hijos e hijas se conjunten en un as de voluntades, pensamiento y acción, para poder enrumbarnos hacia la plena libertad, de lo contrario seguiremos siendo esclavos de nosotros mismos, de la tiranía de nuestro ego y de los poderosos que sojuzgan el planeta; siendo propensos nuevamente a ser conquistados.
Decía el poeta: “Y por ignorar o querer ignorar el concepto de patria, ignorancia proveniente del desprecio que demostraron siempre por las sagradas cosas que reclaman atención del alma, la Fenicia desapareció en la mar oscura de los tiempos dejando sólo una siniestra estela de cobardía y de egoísmo”. Gaspar Octavio Hernández.
Cuando el clarín y la corneta junto al replique del tambor anuncie el despertar gloriosos del este 3 de Noviembre, y las sirenas de los motorizados encabecen el desfile del Centenario, ruego a Dios que al celebrar esta magna fecha, nos ilumine y nos dé un espíritu y un carácter repletos de ideales de patria; una conciencia capaz de valorarnos, de ponernos de acuerdo y sentirnos orgullosos de ser panameños. Sólo así seremos libres e independientes sobre nuestro territorio nacional.
Feliz centenario Panamá.