¿Y la agenda institucional?
Cuando repasamos la agenda institucional a la cual se comprometió la alianza electoral, Unión por Panamá, hoy gobierno de la señora Mireya Moscoso, no resulta difícil concluir que poco o nada se ha hecho "para adecuar las estructuras del Estado panameño a los requerimientos de la era actual". Según el documento de marras, el programa de gobierno apuntaba a producir una auténtica modernización democrática del Estado.
Se dijo o se escribió que se iba a designar una comisión redactora de un anteproyecto de Constitución y que después se constituiría un Comité Nacional que sugeriría modificaciones y adiciones. Finalmente se decidiría el método reformatorio. Nada de esto se ha realizado. También se escribió sobre una profunda desburocratización y profesionalización estatal, igual que una ley general de sueldos en la administración pública. También que se crearía un Consejo Nacional de Trabajo, como un ente consultivo y asesor en la formulación de políticas laborales. Tampoco se ha creado. Se escribió sobre un control social de la gestión pública, sin embargo, no existe tal modalidad de democracia participativa. Se escribió sobre promover leyes de ética gubernamental e inclusive desarrollar con la sociedad civil un amplio programa de recuperación de la ética ciudadana y nada serio se ha hecho en esta materia. Todo lo contrario, la gobernabilidad está empantanada en un vía crucis auténtico. También se escribió en promover reformas legislativas para fortalecer las instituciones de salvaguarda de los derechos humanos y poco o nada se ha hecho para devolverle a la Defensoría del Pueblo las facultades que le quitó la Corte Suprema de Justicia. Y como si fuera poco, dijeron que crearían leyes para lograr energía confiable y barata y como Poncio Pilatos, cuando vinieron los aumentos, la culpa la tuvo el "Toro".
Todavía están a tiempo los gobernantes para que al final del período presidencial, no quede el epitafio de que "Todo lo arriba escrito, resultó un tremendo inocente mariposa".
Se dijo o se escribió que se iba a designar una comisión redactora de un anteproyecto de Constitución y que después se constituiría un Comité Nacional que sugeriría modificaciones y adiciones. Finalmente se decidiría el método reformatorio. Nada de esto se ha realizado. También se escribió sobre una profunda desburocratización y profesionalización estatal, igual que una ley general de sueldos en la administración pública. También que se crearía un Consejo Nacional de Trabajo, como un ente consultivo y asesor en la formulación de políticas laborales. Tampoco se ha creado. Se escribió sobre un control social de la gestión pública, sin embargo, no existe tal modalidad de democracia participativa. Se escribió sobre promover leyes de ética gubernamental e inclusive desarrollar con la sociedad civil un amplio programa de recuperación de la ética ciudadana y nada serio se ha hecho en esta materia. Todo lo contrario, la gobernabilidad está empantanada en un vía crucis auténtico. También se escribió en promover reformas legislativas para fortalecer las instituciones de salvaguarda de los derechos humanos y poco o nada se ha hecho para devolverle a la Defensoría del Pueblo las facultades que le quitó la Corte Suprema de Justicia. Y como si fuera poco, dijeron que crearían leyes para lograr energía confiable y barata y como Poncio Pilatos, cuando vinieron los aumentos, la culpa la tuvo el "Toro".
Todavía están a tiempo los gobernantes para que al final del período presidencial, no quede el epitafio de que "Todo lo arriba escrito, resultó un tremendo inocente mariposa".