¿Y los candidatos que no tienen oportunidad?
El poder político será siempre una cuestión de administración de fuerza social. Quien cuente con ella o con parte de ella, podrá considerarse con posibilidades de permanecer, escalar o sobrepasar determinadas instancias de poder.
Es posible que algunos candidatos o precandidatos estén partiendo de premisas como ésas, ya que de otra manera no es posible explicar por qué si muchos de ellos son conscientes de que no tienen la más mínima oportunidad de alcanzar las posiciones en disputa, permanecen en la contienda. Hay precandidatos que no llegan siquiera a un 2% de aceptación entre el electorado pero permanecen en sus intentos, una conducta que permite interpretarlos como portadores de un cálculo de oportunidad y de posibilidad, para lo cual la cuota que posean, en lugar de triunfar, les permitirá negociar.
¿Hay en esa práctica una conducta política moralmente legítima? Dicen algunos entendidos que política es política; algo así como se vale todo. Pero no deja de ser cierto también que tales prácticas no hacen legítima la conducta de ciertos políticos. Ellos están por quedar en las estructuras de poder a como dé lugar, en un acto que distrae la atención del electorado y despilfarra voluntades que, de otra manera, optarían por aquellos que poseen verdaderas posibilidades de triunfo. Si hay honestidad en los políticos de hoy, cada cual trataría de alinearse en su bando respectivo reconociendo las posibilidades de quienes parecen tener el favor de los votantes.