¿Y los debates de ideas y propuestas?
En pleno período preelectoral y girando en torno a las primarias partidarias, diversos partidos se encuentran en la fase de decidir quiénes serán sus candidatos en diversos cargos para las elecciones del 2009.
Obviamente, la pugna por la candidatura presidencial es la más importante. Llama la atención que las diferencias entre precandidatos/as se centra más en sus posibilidades financieras, la base clientelar, las alianzas o el cultivo de la imagen pública. Pero, ¿dónde está el debate de ideas y propuestas? Parecieras que está segregado de la contienda cuando es lo más fundamental. Al fin y al cabo, la razón de ser de querer ocupar el solio presidencial, o la curul o el cargo municipal, no debe ser otra que impulsar una propuesta o programa de gobierno que responda a las necesidades y aspiraciones de la población.
Si miramos hacia otras latitudes, ejemplo el debate Obama vs Hillary, se aprecia que los temas claves como economía, guerra, educación ocupan el centro de las actividades y definen en muchas ocasiones los apoyos a los rechazos a los precandidatos. Sería bueno que precandidatos presidenciales como Vallarino, Ameglio y Varela del Partido Panameñista; y Navarro y Herrera del PRD presentaran sus propuestas no solo a sus respectivos partidos sino al país, y que esto se diera dentro de un marco participativo de cara a la comunidad nacional.
Para ello debería construirse una agenda de temas claves como: Crecimiento económico o desarrollo integral. Educación de calidad y equidad a lo largo de la vida. El desafío ambiental. La soberanía alimentaria. La dotación sostenible de la energía. La integración o no del sistema de salud. Seguridad ciudadana. Empleo, derechos laborales y costo de la vida. Lucha contra la pobreza. La violencia social. Reforma de los partidos, en especial en el tema del financiamiento. La ley de participación ciudadana. Las áreas contaminadas de explosivos, y otros más.
Los debates deberían tener reglas y metodologías claras y por ello serían coordinadas por instancias como, por ejemplo, las iglesias, clubes cívicos o sociedad civil para que no se conviertan en riñas o solamente espacios de protagonismo.
Lo cierto es que partidos sin esos debates internos expresan que la organización no las trae todas consigo a pesar que muestre la apariencia de fortaleza. Igual se esperaría en su momento debates intrapartidarios e interpartidarios en los temas legislativos y municipales.
Esos debates fortalecerían el liderazgo político hacia el logro de avanzar en la democratización de la democracia, dentro y fuera de los partidos, y vincularía al proceso intrapartidario con el contexto nacional, lo que constituiría un factor de cambio de foco de interés de la ciudadanía en la política pues en lugar de mirar la lucha interna en los partidos como un circo romano, sería una ventana abierta para el debate y formación de opinión y conciencia pública.
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