Y los fracasos escolares
El rendimiento académico es el resultado de una constelación de factores, atribuirlo a uno solo es un grave desacierto científico.
El Señor Ministro de Educación debería saber que el enfoque psicológico analiza variables individuales específicas del alumno, tales como la motivación, las gamas de inteligencia, los intereses, la personalidad etc, que son el resultado de la interacción entre el individuo y su medio.
Estos factores, inherentes al alumno, tienen una incidencia determinante en su éxito o fracaso no sólo en el contexto escolar, mas en su existencia integral como seres humanos.
El Señor Ministro de Educación debería saber también que en la multifactorialidad de la calidad de la educación el entorno físico y administrativo es trascendente, por lo que es malévola su pretensión que el docente haga magia desprovisto de los esenciales mínimos que coadyuven a alcanzar aquellos niveles de excelencia académica.
Es pasmoso observar el estado deplorable de las escuelas en un país que asigna un elevadísimo presupuesto al rubro de educación estatal y privada, mientras que las planillas de empleados que permanecen en las cómodas oficinas refrigeradas se infla día a día con más asesores y más "secretarios del sub secretario del secretario", parodeando a Cantinflas.
El Señor Ministro de Educación debería saber, además, que los padres de alumnos tienen todo el derecho a exigir mejores servicios públicos a cambio de los excesivos impuestos que pagan para tal efecto, sea cual sea el tipo de padre, puesto que los hay responsables y participativos en el proceso de enseñanza- aprendizaje y también los hay indolentes y despreocupados que pretenden que la escuela sea la guardería de sus hijos delegándole toda la carga al maestro.
Este es el momento propicio para que los pades de familia exijan el cumplimiento de las grandiosas promesas electorales, que han permanecido como fluida retórica para convertirse luego en letra muerta.
Es a todas luces inaceptable que el Señor Ministro pretenda desviar el foco de atención de las justas reivindicaciones salariales de los docentes en una "Patria Nueva" que nos aumenta los impuestos y en la que el costo de la vida crece geométricamente, mientras que los salarios duermen el sueño de los justos, aludiendo a una calidad de la educación de la cual él es partícipe inalienable.
La sociedad panameña entera exige al Señor Ministro de Educación mayor seriedad y respeto hacia nuestros docentes, como también mayor responsabilidad compartida en los resultados de un Sistema Educativo bajo su dirección.
(*)La autora es Presidenta de la Auténtica Asociación de Profesores de la U.P.
El Señor Ministro de Educación debería saber que el enfoque psicológico analiza variables individuales específicas del alumno, tales como la motivación, las gamas de inteligencia, los intereses, la personalidad etc, que son el resultado de la interacción entre el individuo y su medio.
Estos factores, inherentes al alumno, tienen una incidencia determinante en su éxito o fracaso no sólo en el contexto escolar, mas en su existencia integral como seres humanos.
El Señor Ministro de Educación debería saber también que en la multifactorialidad de la calidad de la educación el entorno físico y administrativo es trascendente, por lo que es malévola su pretensión que el docente haga magia desprovisto de los esenciales mínimos que coadyuven a alcanzar aquellos niveles de excelencia académica.
Es pasmoso observar el estado deplorable de las escuelas en un país que asigna un elevadísimo presupuesto al rubro de educación estatal y privada, mientras que las planillas de empleados que permanecen en las cómodas oficinas refrigeradas se infla día a día con más asesores y más "secretarios del sub secretario del secretario", parodeando a Cantinflas.
El Señor Ministro de Educación debería saber, además, que los padres de alumnos tienen todo el derecho a exigir mejores servicios públicos a cambio de los excesivos impuestos que pagan para tal efecto, sea cual sea el tipo de padre, puesto que los hay responsables y participativos en el proceso de enseñanza- aprendizaje y también los hay indolentes y despreocupados que pretenden que la escuela sea la guardería de sus hijos delegándole toda la carga al maestro.
Este es el momento propicio para que los pades de familia exijan el cumplimiento de las grandiosas promesas electorales, que han permanecido como fluida retórica para convertirse luego en letra muerta.
Es a todas luces inaceptable que el Señor Ministro pretenda desviar el foco de atención de las justas reivindicaciones salariales de los docentes en una "Patria Nueva" que nos aumenta los impuestos y en la que el costo de la vida crece geométricamente, mientras que los salarios duermen el sueño de los justos, aludiendo a una calidad de la educación de la cual él es partícipe inalienable.
La sociedad panameña entera exige al Señor Ministro de Educación mayor seriedad y respeto hacia nuestros docentes, como también mayor responsabilidad compartida en los resultados de un Sistema Educativo bajo su dirección.
(*)La autora es Presidenta de la Auténtica Asociación de Profesores de la U.P.