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¿Y los padres de familia?


“Todos tienen el derecho a la educación y la responsabilidad de educarse. El Estado organiza y dirige el servicio público de la educación nacional y garantiza a los padres de familia el derecho de participar en el proceso educativo de sus hijos…”.

Huelgas, disturbios públicos, aulas vandalizadas, cierre de calles; en fin, un escenario en el que participan estudiantes de diversos centros docentes, esgrimiendo argumentos que van en dirección a la sostenida falta de atención del Estado con los problemas que padecen diariamente (entiéndase esto como lo que es, porque todos los gobiernos, desde hace décadas hasta ahora, mantienen una desatención hacia una radical transformación de la educación en nuestro país).

Lo interesante, a mi juicio, es que siento que nosotros, los padres de familia y acudientes, somos los responsables de la alarmante situación en que vivimos. Llámese desintegración familiar, abandono de hogar, o simplemente, la falta de atención con nuestros acudidos, es parte de un problema que lleva generaciones. Tenemos un caos en el sistema, no sólo en la parte de infraestructuras, sino en la estructura de la misma educación, y, ¿cuántas veces nos vemos exigiendo que el Estado cumpla con su deber? ¡Ah! Pero a la hora de que nos encontramos en una reunión, familiar o social, que alguien toque un tema de origen político, y quedamos con las pasiones encontradas y enredadas en una vorágine de fuerza que, si le dedicásemos esta energía a la consecuencia de nuestras inacciones en el tema de la educación, hace rato tuviésemos soluciones.

Si generalizo es porque el problema es mayúsculo, y la necesaria presencia de los padres de familia y acudientes es casi de orden fantasmagórico. Encima de todo, hay algunos planteles que no permiten la formación de asociaciones, contrariando y violando, encima, claras normas plasmadas en la Constitución Política y la Ley Orgánica de Educación. Todo esto en concubinato de estas administraciones escolares con el poco o nulo interés de los interesados (¿será desinteresados) en la suerte del desarrollo educativo de aquellos a quienes supuestamente representamos y queremos: nuestros hijos e hijas.

Nunca me he ubicado en mirar hacia el horizonte y ver sólo nubes y tormentas; todo lo contrario, creo firmemente que quien busca su superación, y por ende la de su familia, debe exigir el respeto hacia sus derechos, de manera firme y sin contemplaciones. Total, estas garantías están debidamente tuteladas por las Convenciones de Derechos Humanos, tanto la Americana como la Universal.

Sí, evidentemente que el tema ahora es la política, el interés está centrado en con quién y contra quién estoy, actitud que se distancia totalmente de un sistema democrático maduro. Pero esta circunstancia es pasajera que no debe entretener nuestro entendimiento, y mucho menos el raciocinio maduro y directo que nos lleve a buscar una solución integral al problema tan grave que padecemos en Panamá, que sólo nos lleva al despeñadero en nuestro futuro y nos aleja cada vez más de la idea de ser un país del primer mundo.

101 años de Panamá América

 
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