¿Y los taxis?
El gran problema de este país es que cada quien quiere hacer las cosas como le viene en gana, y la poca fuerza que desempeñan las autoridades para demostrar que en el país hay leyes que respetar. Acostumbrados como han estado a este tipo de conducta, quienes hacen negocio de los servicios públicos, el transporte por ejemplo, someten a los usuarios a sus reglas, en lugar de cumplir con las que benefician a los primeros, precisamente porque se trata de un servicio público. El hecho ha sido tan normal que se volvió costumbre, y a nadie extraña la conducta asumida por los buseros.
Cansados de eso, es claro el respaldo de los usuarios a las medidas adoptadas recientemente por el gobierno. La anarquía tiene que cesar. Pero, ¿y los taxis? Con mayor razón, por tratarse de un servicio aparentemente individual y especial, tiene que pasar por una revisión que ponga punto final a los abusos y a las irresponsabilidades que allí se registran.
Es un viejo clamor de muchos, pero de muchos años. Aun cuando a los taxis se les asigna áreas operativas, a la hora en que los pasajeros le piden una dirección determinada, ellos determinan si van o no; un pasajero puede pasar más de una hora solicitando taxis y recibir reiteradamente aquel "no voy para allá", en medio de una situación frustrante por el tiempo que pierde, por la desatención y en ocasiones hasta por la grosería. Además, van subiendo pasajeros adicionales en la vía, lo que convierte, de hecho, el servicio en colectivo, en lugar de selectivo.
Es tan irregular el comportamiento, porque si usted decide incorporarse a este negocio debe saber que es a condición de que cumpla el servicio de manera eficiente y no con el propósito de jugar vivo, escogiendo horarios, áreas y pasajeros.
Como los buseros, los taxistas no admiten que sus vehículos sean uniformados con un solo color. No admiten que se regule la música o el ruido que llevan en sus potentes bocinas. Aun cuando muchos taxis se ven muy bien por fuera, sus asientos tienen, en ocasiones, las mismas deficiencias que los de los buses.
Después de corregir la situación en el transporte colectivo hay que pasar revista a los taxis.