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Y ¿qué de nuestros niños?


Fui líder gremialista en escuelas en donde laboré y con dignidad y respeto asumí el rol que, demandaba de mí la comunidad nacional, entonces.

Siento, por ello, autoridad moral para hablar, como madre y docente de la situación actual que se produce en nuestro país.

Y es que, amigos, han ido y venido gobiernos que, para no buscar confrontación, han permitido que un grupo de docentes haya tomado como costumbre la paralización de labores por motivos que, a veces, a mí me han parecido injustificados.

Si como docentes consultáramos al pueblo, a los padres, a la comunidad, a quienes tenemos la obligación de servir, colegiríamos, que estas huelgas están exacerbando los ánimos, no para apoyarlas, sino para reprobar la medida.

Pareciera que un grupo de docentes es hoy día un chico caprichoso que dialoga, si quiere; que escucha, si quiere; que trabaja, si quiere.

Tengo una hija con necesidades especiales y ella, como los otros niños, no tiene tiempo para aguardar, ni para desperdiciar.

He visto los almacenes atiborrados de padres de familia comprando, con sus exiguos recursos, uniformes, zapatos, medias; preparando a sus hijos para la tarea que consideran realmente liberadora, la de aprender y continuar mejores y más prósperos senderos.

El padre humilde sabe que es la única forma en que sus hijos pueden lograr el éxito.

Sin embargo, los representantes de los gremios magisteriales, con altivez y desconsideración promueven su paro porque ellos creen tener el poder para hacerlo. ¿No es ése un atentado contra la gente humilde y necesitada?

Los padres de familia también tenemos que unificarnos.

Los intereses y solicitudes del docente pueden canalizarse y dialogarse, pero el tiempo que los educadores debemos dispensar a los educandos es el establecido por la ley y ofrecerles a ellos la consideración y el respeto que merecen.

¡Qué hermoso sería que estudiantes y padres de familia no viviésemos con la agonía de saber, todos los años, que nuestros hijos están condenados a salir de la escuela con una educación muy pobre porque el tiempo y la voluntad del docente, en muchos casos, impide el logro de los objetivos propuestos!

La actualización de los contenidos curriculares debe hacerse, porque nos hemos quedado a la zaga y, este hecho, es preocupante.

Invito a mis colegas a convertirse en verdaderos andragogos, ir en pos del conocimiento último y ofrecerlo a nuestros niños y jóvenes que están ávidos de buenas y nuevas experiencias.

101 años de Panamá América

 
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