Y si el voto fuera No…
La inversión extranjera... especial en los puertos, en la construcción y en el turismo se detendrá o disminuirá...
He analizado la ampliación del Canal de Panamá tomando en cuenta solo los beneficios que se obtendrían de la misma. Sin embargo, existen grupos que se vienen oponiendo por distintas razones al proyecto, unos lo hacen convencidos de los perjuicios que dicho trabajo ocasionarían, pero los hay también quienes actúan llevados por razones ideológicas, personales o inclusive monetarias.
Como manifesté en artículo anterior, tomé la decisión de votar en el próximo referéndum por el SÍ. Le busqué, dije, antes de tomar una posición, las "5 patas al gato", pero eso sí, sin ningún prejuicio provocado por intereses personales o ideológicos como algunos están haciendo. En mi discusión íntima del problema, me coloqué el "sombrero del diablo"; es decir enfoqué la ampliación del Canal desde un ángulo distinto.
Trataré por este medio de describir, muy sucintamente, lo que pienso que podría suceder si el voto mayoritario en el referéndum, por la razón que fuera, resultara negativo.
Los usuarios buscarían, sin la menor duda, otra u otras rutas de las varias alternativas que existen para el transporte mundial que está en un crecimiento constante. No van a esperar que nosotros decidamos sobre nuestro futuro.
El Canal seguirá operando, como lo está haciendo hasta la fecha, y la ACP hará las inversiones necesarias para aumentar su capacidad de tránsito en un 10 al 12%. Después, en el 2012 o posiblemente antes, comenzará la disminución en el tráfico canalero al consolidarse otras rutas alternativas que hoy esperan vigilantes si Panamá se moderniza o no.
La inversión extranjera que hoy muestra para nuestro beneficio económico un crecimiento constante, en especial en los puertos, en la construcción y en el turismo se detendrá o disminuirá a niveles muy peligrosos que no contribuirán, como lo están haciendo hoy día, a resolver nuestro principal problema: el desempleo.
Los ambiciosos proyectos sociales que el incremento de los peajes para la ampliación del Canal, que se utilizarán para el financiamiento del tercer juego de esclusas no se podrían llevar a cabo. Las navieras, pienso, estarían anuentes a aceptar el aumento de las tarifas siempre y cuando se dé la ampliación del Canal; y solo a condición de ello; esto por supuesto los beneficiaría mucho también por las razones ampliamente divulgadas. Es muy dudoso, por no decir imposible, que ellos estén dispuestos a hacerle a nuestro país los préstamos necesarios para que el Gobierno pueda hacer carreteras, escuelas y hospitales. La capacidad del gobierno para llevar a cabo dichos trabajos disminuirían sustancialmente, creándose con ello una desesperanza en los grupos marginados.
La falta adicional de los ingresos canaleros afectará más a quienes se oponen al proyecto que a quienes se piensa podrían lograr, con su construcción, beneficios políticos. Los trabajos de la ampliación del Canal demorarán varios años y no es a esta administración, ni posiblemente a la que lo suceda, los que recibirán los beneficios de la millonaria obra.
Los que se oponen sistemáticamente buscando el NO, sin fundamento en sus argumentos, en mi concepto, pasarán a la posteridad volviendo unos a su anonimato de donde salieron y otros dando excusas y explicaciones tardías. Muchos se opusieron en su momento a la construcción del Hospital Santo Tomás, a la Zona Libre de Colón y a los Tratados Torrijos Carter; solo como ejemplo, pues la historia registra casos en los cuales panameños actuaban con gran miopía; ¿qué se hicieron después? Si se escondieron ayer lo harán también mañana.
Si no cambiamos nuestra mentalidad seguiremos siendo un país de niveles del Tercer Mundo y no comenzaremos a ir dando los pasos necesarios para constituirnos en un país del Primer Mundo en nuestro desarrollo. Nos asusta hablar de billones mientras en otros países con mentalidades más amplias que la nuestra se habla corrientemente de ello sin mayores sobresaltos. Ahora mismo en Buenos Aires, Argentina, se están haciendo los planos para levantar un gran edificio cuyo costo es muy similar al del proyecto de nuevas exclusas del Canal de Panamá. No podemos seguir con mentalidades retrógradas en un mundo que no camina sino que corre.
He analizado la ampliación del Canal de Panamá tomando en cuenta solo los beneficios que se obtendrían de la misma. Sin embargo, existen grupos que se vienen oponiendo por distintas razones al proyecto, unos lo hacen convencidos de los perjuicios que dicho trabajo ocasionarían, pero los hay también quienes actúan llevados por razones ideológicas, personales o inclusive monetarias.
Como manifesté en artículo anterior, tomé la decisión de votar en el próximo referéndum por el SÍ. Le busqué, dije, antes de tomar una posición, las "5 patas al gato", pero eso sí, sin ningún prejuicio provocado por intereses personales o ideológicos como algunos están haciendo. En mi discusión íntima del problema, me coloqué el "sombrero del diablo"; es decir enfoqué la ampliación del Canal desde un ángulo distinto.
Trataré por este medio de describir, muy sucintamente, lo que pienso que podría suceder si el voto mayoritario en el referéndum, por la razón que fuera, resultara negativo.
Los usuarios buscarían, sin la menor duda, otra u otras rutas de las varias alternativas que existen para el transporte mundial que está en un crecimiento constante. No van a esperar que nosotros decidamos sobre nuestro futuro.
El Canal seguirá operando, como lo está haciendo hasta la fecha, y la ACP hará las inversiones necesarias para aumentar su capacidad de tránsito en un 10 al 12%. Después, en el 2012 o posiblemente antes, comenzará la disminución en el tráfico canalero al consolidarse otras rutas alternativas que hoy esperan vigilantes si Panamá se moderniza o no.
La inversión extranjera que hoy muestra para nuestro beneficio económico un crecimiento constante, en especial en los puertos, en la construcción y en el turismo se detendrá o disminuirá a niveles muy peligrosos que no contribuirán, como lo están haciendo hoy día, a resolver nuestro principal problema: el desempleo.
Los ambiciosos proyectos sociales que el incremento de los peajes para la ampliación del Canal, que se utilizarán para el financiamiento del tercer juego de esclusas no se podrían llevar a cabo. Las navieras, pienso, estarían anuentes a aceptar el aumento de las tarifas siempre y cuando se dé la ampliación del Canal; y solo a condición de ello; esto por supuesto los beneficiaría mucho también por las razones ampliamente divulgadas. Es muy dudoso, por no decir imposible, que ellos estén dispuestos a hacerle a nuestro país los préstamos necesarios para que el Gobierno pueda hacer carreteras, escuelas y hospitales. La capacidad del gobierno para llevar a cabo dichos trabajos disminuirían sustancialmente, creándose con ello una desesperanza en los grupos marginados.
La falta adicional de los ingresos canaleros afectará más a quienes se oponen al proyecto que a quienes se piensa podrían lograr, con su construcción, beneficios políticos. Los trabajos de la ampliación del Canal demorarán varios años y no es a esta administración, ni posiblemente a la que lo suceda, los que recibirán los beneficios de la millonaria obra.
Los que se oponen sistemáticamente buscando el NO, sin fundamento en sus argumentos, en mi concepto, pasarán a la posteridad volviendo unos a su anonimato de donde salieron y otros dando excusas y explicaciones tardías. Muchos se opusieron en su momento a la construcción del Hospital Santo Tomás, a la Zona Libre de Colón y a los Tratados Torrijos Carter; solo como ejemplo, pues la historia registra casos en los cuales panameños actuaban con gran miopía; ¿qué se hicieron después? Si se escondieron ayer lo harán también mañana.
Si no cambiamos nuestra mentalidad seguiremos siendo un país de niveles del Tercer Mundo y no comenzaremos a ir dando los pasos necesarios para constituirnos en un país del Primer Mundo en nuestro desarrollo. Nos asusta hablar de billones mientras en otros países con mentalidades más amplias que la nuestra se habla corrientemente de ello sin mayores sobresaltos. Ahora mismo en Buenos Aires, Argentina, se están haciendo los planos para levantar un gran edificio cuyo costo es muy similar al del proyecto de nuevas exclusas del Canal de Panamá. No podemos seguir con mentalidades retrógradas en un mundo que no camina sino que corre.