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Y vienen a honrar a la Patria


Trescientas personas integrando una banda de tambores y cornetas en un desfile, en cualquier lugar del mundo, es una cifra importante. En un país como el nuestro, que aún no alcanza los tres millones de habitantes, resulta poco menos que impresionante.
Ese fue el caso de la Banda Panamericana de Nueva York, integrada por ciudadanos panameños residentes en esa ciudad quienes, motu prorio, hicieron acto de presencia en los desfiles conmemorativos a las efemérides patrias. Aquello fue un espectáculo, desde distintos puntos de vista, y, por supuesto, objeto de comentarios diversos. No obstante, cualquiera haya sido el resultado de nuestras apreciaciones individuales, pienso que hay un hecho cierto que todos tendríamos que valorar. Esos hombres, mujeres y niños, afropanameños en su casi totalidad, vinieron a honrar a la patria y a reafirmar su nacionalismo, porque mandarse desde Estados Unidos a Panamá para participar en un desfile seguramente ha de ser algo más que una "pifia".
Pero la Banda Panamericana de Panameños Residentes en Nueva York, nombre que recibe ese agrupamiento sui géneris de tambores y cornetas, fue tan solo el aspecto más visible de un acontecimiento de mayor alcance referido a los panameños descendientes de antillanos, asentados en la Babel de Hierro y otros Estados de la nación norteña, que nos acompañaron durante las festividades de principio de mes. Se trata de cerca de 5,000 compatriotas que se organizaron para volver a su tierra natal para celebrar, con diversas actividades (entre estas una "Feria de la Nacionalidad") el nonagésimo sexto aniversario de nuestra separación de Colombia y conformación como Estado- Nación independiente, en las que habrá de ser las últimas efemérides del presente milenio. A esta motivación también se sumó el sentimiento de recuperación que se ha ido internando en las y los panameños, en víspera de la transferencia del Canal a la República de Panamá, el próximo 31 de diciembre. Así lo dejaron consignado los organizadores de esa mega "excursión", que trajo a tantos de vuelta al terruño.
Este hecho, acaso un detalle, para mí tiene un alcance que va más allá de una visita a casa, si se le mira en el contexto de una percepción, a mi juicio errada, que algunos connacionales han hecho sentido común. Y es aquella de que los descendientes de los antillanos que arribaron al istmo para la construcción de la vía de aguas, poco afecto tienen por la patria que los vio nacer. Este es otro de esos prejuicios que se han instalado en nuestro medio por demasiado tiempo.
En no pocas ocasiones, a lo largo de nuestra vida republicana, ha sido objeto de cuestionamiento el sentimiento nacional y de pertenencia de los afroantillanos, de segunda y tercera generación, a nuestra formación social. Sobre el tema se han expresado, por lo menos, dos posiciones claramente diferenciadas, que para los efectos de este breve comentario podríamos resumir así. Por un lado, están, efectivamente, aquellos que han sostenido que los afroantillanos no se incorporaron a los quehaceres atinentes a la construcción del Estado nacional; que fueron ajenos a las luchas por nuestra plena integración nacional, y que, por consiguiente, no hicieron suya la patria. Se señala que siempre tuvieron como referente inmediato a Estados Unidos.
Por otro lado, estamos (aquí me incluyo) los que hemos argumentado que los afroantillanos han sido actores y partícipes en el proceso de construcción del Estado- Nación panameño, y que sus contribuciones a la formación de nuestra nacionalidad no han sido debidamente reconocidas y suficientemente valoradas.
Es un hecho cierto que muchos panameños de ascendencia caribeña tuvieron una estrecha relación laboral con los norteamericanos en el enclave colonial denominado Zona del Canal. Esa convivencia, indudablemente, tuvo un peso material e ideológico sobre aquellos. Sin embargo, esa circunstancia nunca fue suficiente (por fortuna) como para borrar la conciencia nacional y de pertenencia de estos compatriotas. ¿Que su sentido patriótico ha evidenciado, en distintos momentos, contradicciones? Sin duda. Precisamente, ese ha sido uno de los efectos más desvastadores del enclave, no sólo sobre ese sector de la sociedad panameña, sino el conjunto.
Es por ello que, nuestra historia contiene múltiples acontecimientos que dan cuenta de la activa participación del afroantillano en los esfuerzos que los panameños, en conjunto, hemos ido desplegando por forjar y fortalecer nuestra nacionalidad. Quizás uno de esos hechos más trascendentes, en este último cuarto de siglo, fue el rol que jugó el movimiento sindical canalero durante el proceso negociador de los Tratados Torrijos-Carter. Allí, una dirección conformada por descendientes de inmigrantes antillanos, sucesora de figuras de la talla de William Preston Stoute; Samuel White; Gaskin y otros destacados líderes obreros, se empinó para estar a la altura de ese momento en que la patria definía su independencia total.
Es desde esa perspectiva que destaco la masiva comparecencia de panameños hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes de las Antillas quienes, radicados en otras tierras, han acudido para rendirle honores a la patria, por última vez, en el presente milenio. A este gesto se sumará otro similar en el mes de diciembre próximo cuando, según informaciones recabadas, arribarán otros miles para los actos de transferencia del Canal. Ambas iniciativas, a mi modo de ver, denotan un interés por hacer explícita una presencia, en momentos de especial significado para nuestro país.
¿Y cómo calificar esos hechos sino como dignas expresiones de amor por la patria?
Esos afropanameños, hombres y mujeres, que se "mandaron" desde Estados Unidos y desfilaron portando la enseña tricolor, así como el contingente que ha anunciado su asistencia a los actos del día 31 de diciembre de 1999, merecen un fervoroso saludo. Su comparecencia no puede menos que estimarse como un acto de reafirmación patriótica.

101 años de Panamá América

 
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