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¡Ya está bueno!


El pueblo no aprecia a los altos funcionarios, ni aun cuando muestran lo mucho que han hecho. Además, el pueblo desestima lo mucho que han hecho porque las cosas han empeorado. Por eso, el pueblo percibe que esos altos personajes no son buenos funcionarios, ni como planificadores, ni como administradores.

Panamá fue más simple y criolla antes; cuando éramos menos, cuando éramos sólo nosotros y la inequidad se aliviaba con poco. Quizá por eso no hubo guerras sociales en Panamá.

Pero la distancia de pobre a rico ha crecido. Y esto, sumado a la disfuncionalidad política y administrativa de funcionarios y empresarios, pone hoy en peligro la paz social y la democracia.

Como economista debo decir dos cosas. Por un lado, las estadísticas muestran que la pobreza relativa ha disminuido porque hay más empleo, hay más ingresos, hay más consumo, hay más residencias y hay más infraestructuras públicas. Pero, por otra parte, la desigualdad y el deterioro de la calidad de la vida ha aumentado puntualmente. O sea, ha aumentado la pobreza real y vivida en carne propia por los panameños. Es la insuficiencia de los servicios públicos y el aumento de precios lo que empobrece al panameño. Por eso el panameño está indignado y por eso no aprecia a la dirigencia pública y privada del país.

En Panamá hoy todo sigue cambiando y creciendo de manera mas compleja e internacional.

Lamentablemente, las soluciones a los problemas que crea este sostenido cambio y progreso, requieren de capitales mentales y espirituales que escasean en nuestros respetables gobernantes y gobernados; ignaros todos por igual de las nuevas responsabilidades que exigen los retos de esta empinada de riqueza y de oportunidades.

¿Si gobernantes y gobernados no pudieron resolver los problemas de los últimos 40 años cuando eran más sencillos y criollos, podemos esperar que los resuelvan hoy cuando han crecido en cantidad, son más complejos y nos llegan a escala mundial?

Frente a este trágico drama de disfuncionalidad política y administrativa, la juventud panameña del relevo generacional tendría muy poco que emular de los actuales dirigentes nacionales, funcionarios o empresarios. Aunque estos dirigentes hayan consolidado grandes logros durante los últimos 40 años, lamentablemente hoy están mandando el país al desastre.

Para salvar Panamá, su paz social y su democracia, el relevo generacional debe ser rápido y drástico.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América