Yo me rehúso a ser feliz
Yo rechazo ser feliz si serlo implica gozar de la paz que tienen los muertos, sin preocupaciones ni angustias, sin nada que me incomode, empotrado en el granito de un corazón duro que no siente ni vibra ante el dolor de la tragedia de una humanidad castigada por el hambre y la violencia. Rehúso a la felicidad que consiste en asegurarme mi sobrevivencia con toda clase de resortes económicos, sin importar los medios para tener dinero y decirme: “qué bien, ya puedo descansar tranquilo; tengo mis graneros llenos y puedo aguantar los próximos cien inviernos”.
No puedo ser feliz a la manera de los que dicen que lo son, porque no tienen conflictos con nadie y pasan desapercibidos en la historia, acomodándose a cualquier realidad, quedando bien con todos, cambiando de color doctrinal, espiritual, político como el camaleón, con tal de estar “siempre bien” y sin complicaciones, mamando de la ubre de la hipocresía y los intereses creados. No puedo ser feliz de manera auténtica, si “floto por los aires” del conformismo y digo “sí” a todo, con tal de que no molesten ni me despierten de mis sueños de grandeza y de bienestar a costa de sacrificar mis valores y de renunciar al amor.
Rechazo ser feliz si esto implica esconderme en las nubes de una alienación de diversiones, un consumo desenfrenado de bienes superfluos y de adicciones, desde las mortales hartamente conocidas, hasta la de rezos repetidos si calman mi conciencia de una conducta codiciosa o explotadora del próximo. La felicidad no consiste en estar tranquilo y sin problemas, ya que entonces los realmente felices serían los que están descansando en los cementerios.
La felicidad tiene que ver con encontrar mi misión en la tierra y lanzarme con todas las fuerzas a cumplir la tarea de realizar mis metas. La felicidad tiene que ver con la coherencia entre mis principios y mis acciones y el no permitir que nadie compre mi conciencia. Tiene que ver con no doblegarme ante ningún poder, jamás arrodillarme ante nadie ni nada, ni fabricarme dioses falsos a los que rendir culto o pleitesía. Consiste en elaborar, después de estudiar, escuchar y meditar, mis convicciones propias y hacer actuar un juicio crítico que me proteja de engaños y seducciones de un mundo acostumbrado a sobornar y crear esclavos.
(Sigue el próximo sábado).