Yo rezaba
Tomé varias semanas sin escribir a mis lectores por una operación de catarata en el ojo derecho. La operación en sí solo dura unos 35 minutos, con ultrasonido, pero la preparación para la misma toma una larga pero tranquila hora. En este lapso, yo rezaba; primero por la cirugía que yo palpaba como quien abre una ventana en una brillante mañana salpicada de rocío y después por lo que mi mente inquieta percibía, resistiéndose a solo ese objetivo.
Mi memoria se extraviaba en el hábitat de la pobreza extrema donde yo visualizaba una paila vacía sobre tucos apagados. Rezaba por esa maldita realidad. ¿Cómo es posible tal situación?, me preguntaba, cuando en 1999 se jugaron en los hipódromos, en los casinos, en las salas de apuestas de eventos deportivos 805 millones de balboas en Panamá donde el salario mínimo es de 253 balboas y el porcentaje de desempleo está en un 13% . Yo rezaba por los últimos.
En la amplia sala de operaciones el aire acondicionado es fuerte a pesar de la indumentaria apropiada yo temblaba un poco. Los auxiliares me confortaban cada vez que echaban gotas a mi ojo derecho. "Relájese", me decían, pero mi inquietud no era más que el reflejo del cilindro, eje de mis neuronas, que saltaban, no como los saltamontes de la Asamblea Nacional, si no como los colibrís que se lanzan de una flor a otra, como si tuvieran hélice, buscando lo más dulce de la vida misma. En esos brincos yo tropezaba con inundaciones, puentes destruidos, niños y agricultores ahogados, asaltos en joyerías, en centros comerciales y en todos lados. ¡Dios mío!, supliqué, enséñame el camino que conduce a la rehabilitación del país. Debo ir relajada a la camilla, sin temores y con una actitud positiva. Seguía rezando...
Me llevaron a mi puesto de operación y ahí me inyectaron en una mano. La anestesia es local así que mientras yo no sentía dolor alguno mi pensamiento se remontaba al Multimodal de la Zona Libre de Colón, obra que impulsa mi buen amigo Juanchi; el Centro 2000, también en Colón, que muy pronto estará recibiendo a los grandes cruceros; la construcción de hospitales; la reparación total de los colegios y los proyectos habitacionales para los pobres. Aunque mi cara estaba casi toda cubierta, con excepción al ojo derecho, mi mente seguía ampliándose. Yo dividía, sumaba y restaba. Estas operaciones me condujeron a pensar, mejor dicho, a dudar que en el primer año del actual gobierno se hubieran entregado 12,387 soluciones habitacionales, es decir, aproximadamente 41 por día, a menos que muchas hubieran sido construidas por la gestión anterior.
El segundo puente sobre el canal lo percibía a largo, pero muy largo plazo. Primero por la complicada ingeniería y segundo por la lentitud de tortuga que predomina actualmente. De pronto me ayudaron a bajar por la camilla. Tenía el ojo derecho vendado pero mis ilusiones bien despiertas. Una tasa de café calientito entonó todo mi cuerpo. El Dr. Chanis me dio una palmadita con una luminosa sonrisa. Estaba seguro de su tarea y de una paciente complacida.
Han pasado 15 días desde entonces. El 11 de septiembre El Panamá América publicó una página de alentadoras noticias: "Gobierno construirá obras por 633 millones de balboas. Al día siguiente, El Universal informó que el Ministerio de Trabajo prevé aumento de desempleo. ¿A qué atenerme? Presiento que las bendiciones del Santo Padre producirán el aceleramiento en el gobierno que todo el país pide a gritos. Después de todo, despreciar la Cumbre del Milenio por esa gira a Italia tuvo que ser para implorar un milagro, convertir el toque humano en obras para el bienestar de los desposeídos, del que tiene sed de justicia y pan en la mesa de los dos millones setecientos mil habitantes. Sigo rezando por la culminación de lo que expongo.
Mi memoria se extraviaba en el hábitat de la pobreza extrema donde yo visualizaba una paila vacía sobre tucos apagados. Rezaba por esa maldita realidad. ¿Cómo es posible tal situación?, me preguntaba, cuando en 1999 se jugaron en los hipódromos, en los casinos, en las salas de apuestas de eventos deportivos 805 millones de balboas en Panamá donde el salario mínimo es de 253 balboas y el porcentaje de desempleo está en un 13% . Yo rezaba por los últimos.
En la amplia sala de operaciones el aire acondicionado es fuerte a pesar de la indumentaria apropiada yo temblaba un poco. Los auxiliares me confortaban cada vez que echaban gotas a mi ojo derecho. "Relájese", me decían, pero mi inquietud no era más que el reflejo del cilindro, eje de mis neuronas, que saltaban, no como los saltamontes de la Asamblea Nacional, si no como los colibrís que se lanzan de una flor a otra, como si tuvieran hélice, buscando lo más dulce de la vida misma. En esos brincos yo tropezaba con inundaciones, puentes destruidos, niños y agricultores ahogados, asaltos en joyerías, en centros comerciales y en todos lados. ¡Dios mío!, supliqué, enséñame el camino que conduce a la rehabilitación del país. Debo ir relajada a la camilla, sin temores y con una actitud positiva. Seguía rezando...
Me llevaron a mi puesto de operación y ahí me inyectaron en una mano. La anestesia es local así que mientras yo no sentía dolor alguno mi pensamiento se remontaba al Multimodal de la Zona Libre de Colón, obra que impulsa mi buen amigo Juanchi; el Centro 2000, también en Colón, que muy pronto estará recibiendo a los grandes cruceros; la construcción de hospitales; la reparación total de los colegios y los proyectos habitacionales para los pobres. Aunque mi cara estaba casi toda cubierta, con excepción al ojo derecho, mi mente seguía ampliándose. Yo dividía, sumaba y restaba. Estas operaciones me condujeron a pensar, mejor dicho, a dudar que en el primer año del actual gobierno se hubieran entregado 12,387 soluciones habitacionales, es decir, aproximadamente 41 por día, a menos que muchas hubieran sido construidas por la gestión anterior.
El segundo puente sobre el canal lo percibía a largo, pero muy largo plazo. Primero por la complicada ingeniería y segundo por la lentitud de tortuga que predomina actualmente. De pronto me ayudaron a bajar por la camilla. Tenía el ojo derecho vendado pero mis ilusiones bien despiertas. Una tasa de café calientito entonó todo mi cuerpo. El Dr. Chanis me dio una palmadita con una luminosa sonrisa. Estaba seguro de su tarea y de una paciente complacida.
Han pasado 15 días desde entonces. El 11 de septiembre El Panamá América publicó una página de alentadoras noticias: "Gobierno construirá obras por 633 millones de balboas. Al día siguiente, El Universal informó que el Ministerio de Trabajo prevé aumento de desempleo. ¿A qué atenerme? Presiento que las bendiciones del Santo Padre producirán el aceleramiento en el gobierno que todo el país pide a gritos. Después de todo, despreciar la Cumbre del Milenio por esa gira a Italia tuvo que ser para implorar un milagro, convertir el toque humano en obras para el bienestar de los desposeídos, del que tiene sed de justicia y pan en la mesa de los dos millones setecientos mil habitantes. Sigo rezando por la culminación de lo que expongo.