¡Yo soy más que eso…!
Yo soy más que mis pensamientos, inclusive más que mi mente, mi cuerpo, mi pasado y mis títulos. Yo no soy ese fracaso de ayer, aquél pecado que cometí o los apodos que me ha puesto el mundo con sus prejuicios: “vago, tonto, inteligente, exitoso, torpe, negro, blanco, rico, miserable, amigo, enemigo”. No soy lo que pensaron de mí mis padres, ni lo que yo pienso de mi trayecto en la vida. Soy más que eso. Soy un misterio que descansa en el gran Misterio. Soy alguien que se está haciendo, que está creciendo con una conciencia más clara de su esencia que trasciende el universo.
No puedo dejarme apresar por mis funciones para definirme, porque soy alguien más que un mecánico, policía o enfermera, empresario o marinero. No soy simplemente papá, hijo, esposa, político o religioso; soy alguien que proviene de un infinito pensamiento amoroso, de una luz que se pierde en el “siempre” de la eternidad; soy un hálito de vida pensante y amante, un ser que permanece anclado en un Ser que siempre es el que es. Por lo tanto soy eternidad escanciada en un vaso de barro, un hilo de belleza infinita y un resplandor de sabiduría eterna moldeada en un frágil recipiente de lodo, amasado por las manos creadoras del Alfarero Divino. No soy Él porque no me he dado la vida, ni tengo poder siquiera para crear un cabello de mi cabeza ni decidir cuándo hará frío o calor, ni puedo crear el aire que respiro, sabiendo que con un solo movimiento del “dedo de Dios” se secaría la atmósfera, se “evaporarían” los mares, se desintegrarían los elementos químicos y me esfumaría. Yo no dependo de mí, pero soy en el que Es.
Por lo tanto debo tener presente: 1. Que los miles de pensamientos que cruzan por mi mente no definen mi existencia, sino que me impiden ver quién soy yo. Debo poner orden en ellos, aquietar mi mente, silenciar la marcha ruidosa de miles de “mariposas fluorescentes” con tantos mensajes que sin pedir “permiso” entran en mi conciencia, disparan miles de juicios, prejuicios, apetencias, ambiciones, resentimientos y rencores y que luego se hacen repetitivos. ¡Me aturden! Mis pensamientos me esclavizan, me hacen sentir muchas cosas que “ellos deciden” desde la anarquía de los impulsos primarios y me hacen ver mundos irreales, pero yo soy más que ellos y puedo seleccionarlos, rechazar los que no quiero y crear nuevos. Eso me hace ser más persona.
(Sigue el próximo sábado).