Yugoslavia: ¿una tercera Hiroshima?
Los norteamericanos, con los testaferros de la OTAN detrás, se han vuelto locos. No se ruborizan al bombardear a discreción a un Estado soberano sin contar con la autorización de la ONU. No se conmueven al convertir el problema de los kosovares de origen albanés en una catástrofe humanitaria que acogota a grandes porciones de la población más allá de toda noción de etnia. No se conduelen por la devastación de la infraestructura no militar y los poblados yugoslavos. No parpadean ante los asesinatos perpetrados por sus ataques aéreos sobre objetivos civiles, ni ante la destrucción de instalaciones no militares como son los ferrocarriles, las escuelas, las refinerías, las fábricas de fertilizantes, automóviles, electrodomésticos, medicinas y alimentos.
A los EE.UU. no les preocupan las matanzas de decenas de ancianos, niños y mujeres que, por error obviamente, llevaron a cabo sus pilotos (se trataba tan solo de un pequeño defecto en los mecanismos de detección de objetivos, o al menos eso dijeron).
No, nada parece saciar su tendencia natural hacia la violencia, el sufrimiento ajeno y el sadismo. Atinado fue, pues, Frantz Fanon, cuando sentenció: "El colonialismo no es una máquina de hacer razón. Es la violencia en estado de naturaleza" (Les damnés de la terreÑLos condenados de la tierra).
Las pretensiones militaristas, las ambiciones hegemonistas y un fascismo de nuevo cuño dentro de los EE.UU. y la OTAN (Organización para Triturar y Amansar Naciones), los ha llevado a contemplar hasta la posibilidad de (aunque usted no lo crea) ¡lanzar un artefacto nuclear sobre Yugoslavia! El primero después de Hiroshima. Pero antes la privarán de petróleo.
Si le damos credibilidad a un cable de EFE-NTX, desde Belgrado, la OTAN se prepara para lanzar un "misil nuclear de alcance limitado sobre Yugoslavia si la operación `Fuerza Determinada" careciera de los resultados esperados". Tan aterradora declaración se le atribuye al vicecomandante de la guardia voluntaria serbia, Giovanni Di Stefano, quien es consejero del presidente yugoslavo Slobodan Milosevic.
Basándose en informaciones obtenidas por la inteligencia yugoslava dentro de la OTAN, Di Stefano afirma que el misil sería lanzado desde el submarino inglés HMS Splendid (el nombre no podía ser más espléndido) ubicado en el Mar Adriático, frente a las costas de Yugoslavia. Se le atribuye a dicho submarino haber ya realizado una prueba con un misil convencional contra el edificio del Ministerio del Interior en Belgrado. Como se recordará, cundió seria preocupación dentro de la OTAN al saberse que dicho edificio se encontraba totalmente vacío y despejado media hora antes del bombardeo, pues sólo un operativo de inteligencia podía alertar a Yugoslavia del inminente ataque. Ahora, para vengarse, le dispararán un cohete nuclear "de alcance limitado" (sic).
Di Stefano asegura que, además de lo averiguado por la inteligencia yugoslava en la OTAN, también se interceptaron pláticas telefónicas entre la inteligencia británica y rusa, así como del presidente Clinton. Æ’ste habría dicho a un militar británico que los EE.UU. considerará "la posibilidad del Big One", es decir, de la explosión nuclear.
El cohete nuclear afectaría una zona de ocho (8) kilómetros de radio, con un ancho de 16 kilómetros, y sería lanzado sobre un área "deshabitada" (¡?) de la provincia de Voivodina, al norte de Belgrado.
Para que se tenga una idea gráfica del poder devastador de este "pequeño misil", tómese en cuenta que la antigua Zona del Canal, tenía exactamente 16 kilómetros de ancho, de manera que el impacto directo de semejante misil abarcaría un área que iría de Panamá a Arraiján, por el Oeste, y de Panamá hasta Alcalde Díaz, por el norte, aproximadamente. Por supuesto que el impacto indirecto del artefacto nuclear abarcaría un círculo bastante mayor, sin considerar que la radioactividad sería responsable de un daño aún más extenso, prolongado, irremediable e incalculable a Yugoslavia. ¿Será o no esto un genocidio?
Durante la guerra de Vietnam, los EE.UU., desesperados por no poder derrotar a la guerrilla, amenazaron con realizar un "bombardeo táctico nuclear", pero el temor a la reacción de la Unión Soviética y de la China Popular los disuadió de tan arriesgada opción. Un ataque atómico sobre Vietnam hubiera producido fácilmente la Tercera Guerra Mundial; corrijo, la destrucción mundial.
Pero la Unión Soviética dejó de existir, y Rusia oscila entre su renuencia a involucrarse militarmente (Yeltsin) y la posibilidad de emplear la fuerza "si las circunstancias lo ameritan", como afirma su canciller Igor Ivanov.
Las denuncias del consejero del presidente Milosevic van acompañadas de una petición para que se reúna el Consejo de Seguridad de la ONU, y no es para menos: la OTAN, con los EE.UU. a la cabeza, están actuando totalmente fuera de ley.
De concretarse el ataque atómico, evidentemente no le quedaría otro camino a Milosevic, al gobierno y a todo el pueblo yugoslavo, que rendirse incondicionalmente a las hordas de la OTAN. Lo hizo Japón, que era una potencia. ¿Por qué no un pequeño territorio de los Balcanes? ¿No es estoÑaduladores de la gran democracia norteamericana- terrorismo internacional en su mejor expresión?
Si ello ocurriera y los norteamericanos con sus perritos falderos se salieran con la suya impunemente, Yugoslavia sería la primera colonia o protectorado de la OTAN y, uno tras otro, caerían, siguiendo la teoría del dominó, cada uno de los países que se rehusen besar las botas de los nuevos nazis de la Organización para Triturar y Amansar Naciones.
El militarismo salvaje que exhibe la OTAN es reflejo directo del capitalismo salvaje que avasalla al mundo, y de éste toma su carácter. El 20 de diciembre de 1989, 44 años después de la gran Hiroshima, los Estados Unidos tuvieron en Panamá (El Chorrillo) su "Pequeña Hiroshima", como la llamó Stella Calloni en su libro sobre la invasión.
No esperemos que Yugoslavia, que le extendió su mano fraterna a Panamá cuando estaba unificada bajo Tito, se convierta en una nueva Hiroshima y en pasto de los nuevos Atilas. Clamemos alto y claro: ¡alto a la agresión de la OTAN! Mañana, cuando tengamos a la OTAN manejando el Canal, no habrá nadie con quien protestar.
A los EE.UU. no les preocupan las matanzas de decenas de ancianos, niños y mujeres que, por error obviamente, llevaron a cabo sus pilotos (se trataba tan solo de un pequeño defecto en los mecanismos de detección de objetivos, o al menos eso dijeron).
No, nada parece saciar su tendencia natural hacia la violencia, el sufrimiento ajeno y el sadismo. Atinado fue, pues, Frantz Fanon, cuando sentenció: "El colonialismo no es una máquina de hacer razón. Es la violencia en estado de naturaleza" (Les damnés de la terreÑLos condenados de la tierra).
Las pretensiones militaristas, las ambiciones hegemonistas y un fascismo de nuevo cuño dentro de los EE.UU. y la OTAN (Organización para Triturar y Amansar Naciones), los ha llevado a contemplar hasta la posibilidad de (aunque usted no lo crea) ¡lanzar un artefacto nuclear sobre Yugoslavia! El primero después de Hiroshima. Pero antes la privarán de petróleo.
Si le damos credibilidad a un cable de EFE-NTX, desde Belgrado, la OTAN se prepara para lanzar un "misil nuclear de alcance limitado sobre Yugoslavia si la operación `Fuerza Determinada" careciera de los resultados esperados". Tan aterradora declaración se le atribuye al vicecomandante de la guardia voluntaria serbia, Giovanni Di Stefano, quien es consejero del presidente yugoslavo Slobodan Milosevic.
Basándose en informaciones obtenidas por la inteligencia yugoslava dentro de la OTAN, Di Stefano afirma que el misil sería lanzado desde el submarino inglés HMS Splendid (el nombre no podía ser más espléndido) ubicado en el Mar Adriático, frente a las costas de Yugoslavia. Se le atribuye a dicho submarino haber ya realizado una prueba con un misil convencional contra el edificio del Ministerio del Interior en Belgrado. Como se recordará, cundió seria preocupación dentro de la OTAN al saberse que dicho edificio se encontraba totalmente vacío y despejado media hora antes del bombardeo, pues sólo un operativo de inteligencia podía alertar a Yugoslavia del inminente ataque. Ahora, para vengarse, le dispararán un cohete nuclear "de alcance limitado" (sic).
Di Stefano asegura que, además de lo averiguado por la inteligencia yugoslava en la OTAN, también se interceptaron pláticas telefónicas entre la inteligencia británica y rusa, así como del presidente Clinton. Æ’ste habría dicho a un militar británico que los EE.UU. considerará "la posibilidad del Big One", es decir, de la explosión nuclear.
El cohete nuclear afectaría una zona de ocho (8) kilómetros de radio, con un ancho de 16 kilómetros, y sería lanzado sobre un área "deshabitada" (¡?) de la provincia de Voivodina, al norte de Belgrado.
Para que se tenga una idea gráfica del poder devastador de este "pequeño misil", tómese en cuenta que la antigua Zona del Canal, tenía exactamente 16 kilómetros de ancho, de manera que el impacto directo de semejante misil abarcaría un área que iría de Panamá a Arraiján, por el Oeste, y de Panamá hasta Alcalde Díaz, por el norte, aproximadamente. Por supuesto que el impacto indirecto del artefacto nuclear abarcaría un círculo bastante mayor, sin considerar que la radioactividad sería responsable de un daño aún más extenso, prolongado, irremediable e incalculable a Yugoslavia. ¿Será o no esto un genocidio?
Durante la guerra de Vietnam, los EE.UU., desesperados por no poder derrotar a la guerrilla, amenazaron con realizar un "bombardeo táctico nuclear", pero el temor a la reacción de la Unión Soviética y de la China Popular los disuadió de tan arriesgada opción. Un ataque atómico sobre Vietnam hubiera producido fácilmente la Tercera Guerra Mundial; corrijo, la destrucción mundial.
Pero la Unión Soviética dejó de existir, y Rusia oscila entre su renuencia a involucrarse militarmente (Yeltsin) y la posibilidad de emplear la fuerza "si las circunstancias lo ameritan", como afirma su canciller Igor Ivanov.
Las denuncias del consejero del presidente Milosevic van acompañadas de una petición para que se reúna el Consejo de Seguridad de la ONU, y no es para menos: la OTAN, con los EE.UU. a la cabeza, están actuando totalmente fuera de ley.
De concretarse el ataque atómico, evidentemente no le quedaría otro camino a Milosevic, al gobierno y a todo el pueblo yugoslavo, que rendirse incondicionalmente a las hordas de la OTAN. Lo hizo Japón, que era una potencia. ¿Por qué no un pequeño territorio de los Balcanes? ¿No es estoÑaduladores de la gran democracia norteamericana- terrorismo internacional en su mejor expresión?
Si ello ocurriera y los norteamericanos con sus perritos falderos se salieran con la suya impunemente, Yugoslavia sería la primera colonia o protectorado de la OTAN y, uno tras otro, caerían, siguiendo la teoría del dominó, cada uno de los países que se rehusen besar las botas de los nuevos nazis de la Organización para Triturar y Amansar Naciones.
El militarismo salvaje que exhibe la OTAN es reflejo directo del capitalismo salvaje que avasalla al mundo, y de éste toma su carácter. El 20 de diciembre de 1989, 44 años después de la gran Hiroshima, los Estados Unidos tuvieron en Panamá (El Chorrillo) su "Pequeña Hiroshima", como la llamó Stella Calloni en su libro sobre la invasión.
No esperemos que Yugoslavia, que le extendió su mano fraterna a Panamá cuando estaba unificada bajo Tito, se convierta en una nueva Hiroshima y en pasto de los nuevos Atilas. Clamemos alto y claro: ¡alto a la agresión de la OTAN! Mañana, cuando tengamos a la OTAN manejando el Canal, no habrá nadie con quien protestar.