Zoraida Brandao
En la mañana del pasado 28 de noviembre, para desconsuelo de quienes la queríamos y la admirábamos, nos llegó la triste noticia del fallecimiento de la profesora Zoraida Brandao. Cuando se evoca la personalidad de Zoraida, es forzoso reconocer, en primer lugar, a la dama exquisitamente delicada, a la catedrática cuyas explicaciones vestían siempre el ropaje de la más culta dicción. Sus alumnos recordamos en ella el conjunto armonioso que ofrecían el gesto y la palabra del auténtico maestro.
Mucho hay que decir acerca del desempeño de Zoraida Brandao como docente de la Universidad de Panamá y como funcionaria del Ministerio de Educación. Paralelamente al magisterio incesante y fecundo que ejerció desde la cátedra en el plano académico, está el aspecto ético. Fue de las profesoras inmunes al fácil halago, a las prebendas personales y a las regalías calculadas que portan el virus del soborno y la corrupción. Cumplió sus tareas con la sencillez y la naturalidad de quien no cree realizar nada extraordinario. Pero esas tareas estuvieron siempre aquilatadas por el exacto sentido del valor incomparable de la responsabilidad. Al terminar el curso, los estudiantes se separaban de ella con algo más que admiración ante su competencia y su atractiva figura. Le dejaban con una cálida estima por su persona.
La personalidad de esta educadora tiene diversas proyecciones en distintos aspectos que, no por ser desconocidos, resultan menos admirables.
Zoraida Brandao nació en Macaracas, provincia de Los Santos, en el seno de una distinguida familia de profunda raíz católica. Se recibió de maestra en la Escuela Normal de Institutoras. Posteriormente obtiene el título de profesora de pedagogía en la Universidad de Panamá, donde se destacó como estudiante llegando a formar parte del Capítulo de Honor de esa casa de estudios. Al salir de la Universidad de Panamá se desempeña como funcionaria del Ministerio de Educación y se hace acreedora a una beca que le permite continuar estudios en la Universidad de Indiana donde se recibe como Masters of Arts.
De regreso al país, se reintegra a sus funciones en el Ministerio de Educación y se le nombra Directora del Departamento de Producción de Textos Escolares y Material Didáctico. Traía para este cargo un bagage rico y un arsenal completo. Bajo su dirección -debido a la fuerte preparación que había adquirido en el tema- se adoptó para la República de Panamá el programa "Por el Mundo del Cuento y la Aventura", serie de Textos Básicos de la Lectura para el primer y segundo grados de la escuela primaria. El programa fue patrocinado por la Alianza para el Progreso. Aunque criticados y puestos de lado por las ideologías materialistas del patio, dichos textos mostraron su eficacia en la práctica y no han sido superados desde el punto de vista científico y pedagógico.
A lo largo de su quehacer educativo, Zoraida se desempeñó también como funcionaria del Departamento Técnico del Ministerio de Educación. Desde allí aportó sus experiencias y su saber a la producción de los "Boletines de Orientación" que periódicamente publicaba el ministerio para el personal docente. En el plano internacional colaboró con artículos para la Revista "La Educación", que publicaba el Departamento de Asuntos Culturales de la OEA. Representó a la Patria en un sinnúmero de foros internacionales de educación a nivel regional. Como Sub-Secretario de la Comisión Nacional de la UNESCO, asistió a varias Conferencias Generales de esta organización en París, Francia.
Zoraida se sentía ante todo maestra. Escribió para los niños de la escuela primaria, junto con otra educadora, el texto "Aprendo a leer" y elaboró un compendio de poesías infantiles que llenaron un gran vacío en el medio escolar. Albergaba una fe sin límites en la educación, afirmando que "a donde va la educación va el país".
Bajo esta firme creencia, visionaria de un país en evolución, se sumó al grupo de eminentes educadores que crearon la Sociedad de Fomento Cultural, S.A. Esta entidad fundó el Instituto "Justo Arosemena" (IJA) que ha contribuido al progreso social y cultural del país. Fue su secretaria permanente hasta poco antes de su fallecimiento. Aplicó todos los recursos de su saber, todas las fuerzas de sus convicciones al engrandecimiento del colegio. Le preocupaba la fidelidad del IJA a los ideales que le sirvieron de cuna. Por esta razón cuando sus cenizas fueron expuestas en el vestíbulo del colegio, el personal administrativo, el personal docente y educando y los padres de familia le rindieron los honores correspondientes a sus méritos como parte de la familia justina.
Esto y mucho mías aportó Zoraida Brandao a la educación nacional. Sin embargo, por haberla tratado por muchos años, tengo la certeza de que no se realizó plenamente. Aquella entrega total a la educación, ese ardor incansable y esa exigencia sin tregua para consigo misma y para con los demás, fueron cortados por sombríos abatimientos. Tras el golpe de Estado de 1968, fue separada de la Universidad de Panamá, igual que muchos otros prominentes catedráticos. Este infortunado suceso hirió profundamente su dignidad profesional. Se fue llevándose consigo ese sentimiento. Era demasiado discreta para confesarlo.
Con resignación cristiana, rodeada del cariño de su siempre amada hermana Benigna y de sus sobrinos a quienes dispensó su amor maternal, la figura egregia de Zoraida Brandao cruzó los umbrales del más allá camino a la inmortalidad. Podemos resumir esta semblanza asegurando que Zoraida fue una educadora excepcional. La suya fue una vida dedicada, con todo amor, devoción y capacidad a la educación nacional. Zoraida es un ejemplo digno de ser imitado por los educadores de talento.
Mucho hay que decir acerca del desempeño de Zoraida Brandao como docente de la Universidad de Panamá y como funcionaria del Ministerio de Educación. Paralelamente al magisterio incesante y fecundo que ejerció desde la cátedra en el plano académico, está el aspecto ético. Fue de las profesoras inmunes al fácil halago, a las prebendas personales y a las regalías calculadas que portan el virus del soborno y la corrupción. Cumplió sus tareas con la sencillez y la naturalidad de quien no cree realizar nada extraordinario. Pero esas tareas estuvieron siempre aquilatadas por el exacto sentido del valor incomparable de la responsabilidad. Al terminar el curso, los estudiantes se separaban de ella con algo más que admiración ante su competencia y su atractiva figura. Le dejaban con una cálida estima por su persona.
La personalidad de esta educadora tiene diversas proyecciones en distintos aspectos que, no por ser desconocidos, resultan menos admirables.
Zoraida Brandao nació en Macaracas, provincia de Los Santos, en el seno de una distinguida familia de profunda raíz católica. Se recibió de maestra en la Escuela Normal de Institutoras. Posteriormente obtiene el título de profesora de pedagogía en la Universidad de Panamá, donde se destacó como estudiante llegando a formar parte del Capítulo de Honor de esa casa de estudios. Al salir de la Universidad de Panamá se desempeña como funcionaria del Ministerio de Educación y se hace acreedora a una beca que le permite continuar estudios en la Universidad de Indiana donde se recibe como Masters of Arts.
De regreso al país, se reintegra a sus funciones en el Ministerio de Educación y se le nombra Directora del Departamento de Producción de Textos Escolares y Material Didáctico. Traía para este cargo un bagage rico y un arsenal completo. Bajo su dirección -debido a la fuerte preparación que había adquirido en el tema- se adoptó para la República de Panamá el programa "Por el Mundo del Cuento y la Aventura", serie de Textos Básicos de la Lectura para el primer y segundo grados de la escuela primaria. El programa fue patrocinado por la Alianza para el Progreso. Aunque criticados y puestos de lado por las ideologías materialistas del patio, dichos textos mostraron su eficacia en la práctica y no han sido superados desde el punto de vista científico y pedagógico.
A lo largo de su quehacer educativo, Zoraida se desempeñó también como funcionaria del Departamento Técnico del Ministerio de Educación. Desde allí aportó sus experiencias y su saber a la producción de los "Boletines de Orientación" que periódicamente publicaba el ministerio para el personal docente. En el plano internacional colaboró con artículos para la Revista "La Educación", que publicaba el Departamento de Asuntos Culturales de la OEA. Representó a la Patria en un sinnúmero de foros internacionales de educación a nivel regional. Como Sub-Secretario de la Comisión Nacional de la UNESCO, asistió a varias Conferencias Generales de esta organización en París, Francia.
Zoraida se sentía ante todo maestra. Escribió para los niños de la escuela primaria, junto con otra educadora, el texto "Aprendo a leer" y elaboró un compendio de poesías infantiles que llenaron un gran vacío en el medio escolar. Albergaba una fe sin límites en la educación, afirmando que "a donde va la educación va el país".
Bajo esta firme creencia, visionaria de un país en evolución, se sumó al grupo de eminentes educadores que crearon la Sociedad de Fomento Cultural, S.A. Esta entidad fundó el Instituto "Justo Arosemena" (IJA) que ha contribuido al progreso social y cultural del país. Fue su secretaria permanente hasta poco antes de su fallecimiento. Aplicó todos los recursos de su saber, todas las fuerzas de sus convicciones al engrandecimiento del colegio. Le preocupaba la fidelidad del IJA a los ideales que le sirvieron de cuna. Por esta razón cuando sus cenizas fueron expuestas en el vestíbulo del colegio, el personal administrativo, el personal docente y educando y los padres de familia le rindieron los honores correspondientes a sus méritos como parte de la familia justina.
Esto y mucho mías aportó Zoraida Brandao a la educación nacional. Sin embargo, por haberla tratado por muchos años, tengo la certeza de que no se realizó plenamente. Aquella entrega total a la educación, ese ardor incansable y esa exigencia sin tregua para consigo misma y para con los demás, fueron cortados por sombríos abatimientos. Tras el golpe de Estado de 1968, fue separada de la Universidad de Panamá, igual que muchos otros prominentes catedráticos. Este infortunado suceso hirió profundamente su dignidad profesional. Se fue llevándose consigo ese sentimiento. Era demasiado discreta para confesarlo.
Con resignación cristiana, rodeada del cariño de su siempre amada hermana Benigna y de sus sobrinos a quienes dispensó su amor maternal, la figura egregia de Zoraida Brandao cruzó los umbrales del más allá camino a la inmortalidad. Podemos resumir esta semblanza asegurando que Zoraida fue una educadora excepcional. La suya fue una vida dedicada, con todo amor, devoción y capacidad a la educación nacional. Zoraida es un ejemplo digno de ser imitado por los educadores de talento.