Zoraida Brandao, artista de la enseñanza
La historia de la educación de Panamá está tejida de esfuerzos prontamente olvidados de tantos educadores, desalientos y valoraciones erradas de éstos héroes anónimos. No es una historia limpia que muestre ascensos y logros por lentos que estos hubiesen sido. Esto se debe a que talentos indiscutibles de tantos educadores, que merecen nuestra admiración, han encontrado la resistencia de un medio que no los comprende, carente de instituciones y de política cultural clara y sostenida. Dentro del vaivén de las instituciones, la falta de un verdadero reconocimiento y la indiferencia del público, la vida de nuestros mejores educadores resulta un espejo de nuestro acontecer.
Este 1 de diciembre, consagrado por la tradición y la ley a honrar al maestro panameño, quiero rendir homenaje a la profesora Zoraida Brandao, una educadora que dejó profundas huellas en el espíritu de los alumnos que tuvieron el privilegio de escucharla en las aulas de la escuela primaria, de la escuela secundaria y de la Universidad Nacional. Sé que muchos de esos alumnos al leer estas líneas recordarán a aquella delicada profesora cuya sola presencia frente a la clase era por sí solo una exquisita lección de estética y buen gusto.
Zoraida Brandao nació en Macaracas, provincia de Los Santos. Allí cursó sus estudios primarios, y luego pasó a la Escuela Normal de Institutoras, donde obtuvo el título de Maestra de Enseñanza Primaria. En la Escuela Belisario Porras de la ciudad de Las Tablas prestó sus primeros años de servicio. Allí demuestra lo que es y siempre ha sido: una Maestra en la más amplia acepción del vocablo; una maestra que vibra en cada frase y en cada canción que enseña a los niños. Posteriormente, se traslada a la Escuela Simón Bolívar en la ciudad de Panamá. Son los años dorados de la educación primaria por la calidad del personal que la impartía.
Convencida de que la docencia no es posible ejercerla a plenitud sin la superación permanente, guiada por un interés espontáneo, por un gusto personal y no por obligación y existencia, ingresa a la Universidad de Panamá donde se recibe como profesora de Segunda Enseñanza con Especialización en Pedagogía. Sobresale entre muchos, siendo ingresada al Capítulo de Honor Sigma Lambda de esta institución. La sólida preparación que obtiene de manos de prestigiosos educadores de entonces, le permite escalar una posición en el Departamento Técnico del Ministerio de Educación. Al poco tiempo, es contratada por el Servicio Cooperativo de Educación como Profesora de Demostración.
Investida de este cargo, visita las escuelas de la ciudad capital y del campo entrenando a los maestros en el uso de materiales didácticos y en la aplicación de las técnicas de enseñanzas más avanzadas. Su dedicación a este trabajo hizo que el Servicio Cooperativo de Educación le concediera una beca para cursar estudios en la Universidad de Indiana, Estados Unidos, donde se recibió como Master of Arts en 1952.
De regreso al país, se reintegra al Ministerio de Educación y se le nombra Directora del Departamento de Textos y Material Didáctico. En el desempeño de este cargo le toca presidir y asesorar el comité encargado del estudio y adaptación de los cuatro libros de lectura del Primer Grado y de los dos de lectura de Segundo Grado, con sus guías respectivas, pertenecientes a la serie "Por el Mundo del Cuento y la Aventura" del Programa de Libros Básicos, patrocinados por la Alianza para el Progreso.
Desgraciadamente, el uso de estos libros no superados desde el punto de vista científico y metodológicos, fue interrumpido por una actitud chauvinista de grupos minoritarios sustentada en criterios limitados de comprensión criolla y de un burdo oportunismo. Zoraida es también autora del Libro de Lectura "Aprendo a Leer", que fue usado como texto oficial en las escuelas del país.
A lo largo del quehacer educativo su labor tuvo una proyección internacional. Como Secretaria General de la Comisión de Cooperación con la UNESCO en Panamá, que presidía doña Otilia de Tejeira, una educadora nunca bien ponderada, demostró la más completa entrega (ad-honorem) a sus funciones, contribuyendo así a incrementar de manera significativa las relaciones entre la UNESCO y la República de Panamá. En esta circunstancia viajó como delegada a varias conferencias generales de la UNESCO en París, Francia. Viajó, también, a Centro y Sur América participando en seminarios y reuniones relacionadas con Planes y Programas de Educación en diferentes niveles: Extensión de la Enseñanza Primaria Gratuita y Obligatoria en América Latina, etc. A nivel nacional, Zoraida coordina y actúa como ponente en múltiples seminarios para Directores y Supervisores Escolares, en el área de Lectura, Escritura, Programas y Planes de Estudio.
En la cátedra universitaria, su labor no es menos trascendental. Tal vez resulta incompleta. El golpe de Estado de 1968, no sólo fue funesto para la democracia panameña, sino que afectó su parte más sensible: la educación. En esa hora oscura, de vergüenza y oprobio, la Universidad Nacional se vio privada de profesores que acrecentaron su prestigio, entre ellos se contaba Zoraida Brandao.
Zoraida es la profesora de la palabra fácil, que sabe exhibir un gesto e imprime una emoción a la frase que pronuncia, que contagia a sus alumnos del sentimiento que le embarga cuando habla de cosas profundas y de valores sublimes en la educación. Ella es, en suma, una auténtica Maestra, una Artista de la Enseñanza. En una reciente alocución a los miembros de la Sociedad de Fomento Cultural, organismo rector del Instituto Justo Arosemena, de la cual es miembro y secretaria, decía: "Tengo la grata satisfacción de haber catado el placer de la vida intelectual y el privilegio de haber tratado personas llenas de ideales fecundos y trascendentales". Debió ser en esos afortunados contactos donde tomó los apuntes que, luego, decantados por la experiencia y la reflexión, habrían de servirle para afinar su espíritu.
La historia de la Educación Panameña sólo recuerda algunos nombres. Hay algo de parcial en ese honor. El hecho de que algunos no ostenten medallas ni distintivos, significa que todo conocemos a esos educadores y tenemos sus hechos tan vivos en nuestra memoria que no necesitan distintivo alguno para reconocerlos. Entre ellos está la profesora Zoraida Brandao. Las futuras generaciones tienen en esta educadora un modelo digno de imitar por los valores personales que ella encarna y por la excelencia y magnitud de su obra en favor de este querido país.
Este 1 de diciembre, consagrado por la tradición y la ley a honrar al maestro panameño, quiero rendir homenaje a la profesora Zoraida Brandao, una educadora que dejó profundas huellas en el espíritu de los alumnos que tuvieron el privilegio de escucharla en las aulas de la escuela primaria, de la escuela secundaria y de la Universidad Nacional. Sé que muchos de esos alumnos al leer estas líneas recordarán a aquella delicada profesora cuya sola presencia frente a la clase era por sí solo una exquisita lección de estética y buen gusto.
Zoraida Brandao nació en Macaracas, provincia de Los Santos. Allí cursó sus estudios primarios, y luego pasó a la Escuela Normal de Institutoras, donde obtuvo el título de Maestra de Enseñanza Primaria. En la Escuela Belisario Porras de la ciudad de Las Tablas prestó sus primeros años de servicio. Allí demuestra lo que es y siempre ha sido: una Maestra en la más amplia acepción del vocablo; una maestra que vibra en cada frase y en cada canción que enseña a los niños. Posteriormente, se traslada a la Escuela Simón Bolívar en la ciudad de Panamá. Son los años dorados de la educación primaria por la calidad del personal que la impartía.
Convencida de que la docencia no es posible ejercerla a plenitud sin la superación permanente, guiada por un interés espontáneo, por un gusto personal y no por obligación y existencia, ingresa a la Universidad de Panamá donde se recibe como profesora de Segunda Enseñanza con Especialización en Pedagogía. Sobresale entre muchos, siendo ingresada al Capítulo de Honor Sigma Lambda de esta institución. La sólida preparación que obtiene de manos de prestigiosos educadores de entonces, le permite escalar una posición en el Departamento Técnico del Ministerio de Educación. Al poco tiempo, es contratada por el Servicio Cooperativo de Educación como Profesora de Demostración.
Investida de este cargo, visita las escuelas de la ciudad capital y del campo entrenando a los maestros en el uso de materiales didácticos y en la aplicación de las técnicas de enseñanzas más avanzadas. Su dedicación a este trabajo hizo que el Servicio Cooperativo de Educación le concediera una beca para cursar estudios en la Universidad de Indiana, Estados Unidos, donde se recibió como Master of Arts en 1952.
De regreso al país, se reintegra al Ministerio de Educación y se le nombra Directora del Departamento de Textos y Material Didáctico. En el desempeño de este cargo le toca presidir y asesorar el comité encargado del estudio y adaptación de los cuatro libros de lectura del Primer Grado y de los dos de lectura de Segundo Grado, con sus guías respectivas, pertenecientes a la serie "Por el Mundo del Cuento y la Aventura" del Programa de Libros Básicos, patrocinados por la Alianza para el Progreso.
Desgraciadamente, el uso de estos libros no superados desde el punto de vista científico y metodológicos, fue interrumpido por una actitud chauvinista de grupos minoritarios sustentada en criterios limitados de comprensión criolla y de un burdo oportunismo. Zoraida es también autora del Libro de Lectura "Aprendo a Leer", que fue usado como texto oficial en las escuelas del país.
A lo largo del quehacer educativo su labor tuvo una proyección internacional. Como Secretaria General de la Comisión de Cooperación con la UNESCO en Panamá, que presidía doña Otilia de Tejeira, una educadora nunca bien ponderada, demostró la más completa entrega (ad-honorem) a sus funciones, contribuyendo así a incrementar de manera significativa las relaciones entre la UNESCO y la República de Panamá. En esta circunstancia viajó como delegada a varias conferencias generales de la UNESCO en París, Francia. Viajó, también, a Centro y Sur América participando en seminarios y reuniones relacionadas con Planes y Programas de Educación en diferentes niveles: Extensión de la Enseñanza Primaria Gratuita y Obligatoria en América Latina, etc. A nivel nacional, Zoraida coordina y actúa como ponente en múltiples seminarios para Directores y Supervisores Escolares, en el área de Lectura, Escritura, Programas y Planes de Estudio.
En la cátedra universitaria, su labor no es menos trascendental. Tal vez resulta incompleta. El golpe de Estado de 1968, no sólo fue funesto para la democracia panameña, sino que afectó su parte más sensible: la educación. En esa hora oscura, de vergüenza y oprobio, la Universidad Nacional se vio privada de profesores que acrecentaron su prestigio, entre ellos se contaba Zoraida Brandao.
Zoraida es la profesora de la palabra fácil, que sabe exhibir un gesto e imprime una emoción a la frase que pronuncia, que contagia a sus alumnos del sentimiento que le embarga cuando habla de cosas profundas y de valores sublimes en la educación. Ella es, en suma, una auténtica Maestra, una Artista de la Enseñanza. En una reciente alocución a los miembros de la Sociedad de Fomento Cultural, organismo rector del Instituto Justo Arosemena, de la cual es miembro y secretaria, decía: "Tengo la grata satisfacción de haber catado el placer de la vida intelectual y el privilegio de haber tratado personas llenas de ideales fecundos y trascendentales". Debió ser en esos afortunados contactos donde tomó los apuntes que, luego, decantados por la experiencia y la reflexión, habrían de servirle para afinar su espíritu.
La historia de la Educación Panameña sólo recuerda algunos nombres. Hay algo de parcial en ese honor. El hecho de que algunos no ostenten medallas ni distintivos, significa que todo conocemos a esos educadores y tenemos sus hechos tan vivos en nuestra memoria que no necesitan distintivo alguno para reconocerlos. Entre ellos está la profesora Zoraida Brandao. Las futuras generaciones tienen en esta educadora un modelo digno de imitar por los valores personales que ella encarna y por la excelencia y magnitud de su obra en favor de este querido país.