PELEA**El conato de ida a las manos entre el legislador coclesano Noriel Salerno y el secretario del Frente Anticorrupción, Chito Montenegro, no es nada edificante. El último formulaba al primero cargos de comisión de irregularidades, frente a los cuales al parlamentario no se le ocurrió mejor cosa que intentar agredir a su denunciante. Como funcionario que es, correspondía a Salerno frente a las imputaciones, la obligación de rendir cuentas.
VIOLENCIA**Incluso, Salerno debiera separarse del puesto para ser investigado, dado que la inmunidad que goza, sumado al blindaje legal de impunidad con que el que se protegen unos a otros los legisladores, es impenetrable. El hecho, en plena campaña electoral, proyecta una deplorable imagen de violencia que, aunque intrascendente, puede contagiarse y alcanzar niveles lamentables en otros estratos. No olvidamos días aciagos de inicios y mediados de siglo.
CAMPAÑA**Durante cada campaña, hordas de "pies de guerra", "boinas negras" y "rojas", recorrían las ciudades, agrediando a sus adversarios políticos a punta de varillazos. Recordamos los camiones llenos de piedras de río, desde los cuales los desalmados las lanzaban a los infortunados, mientras la policía miraba hacia otro lado. No olvidamos a un legislador, urna al hombro, abriéndose paso a balazos. Esperamos que esos tiempos no vuelvan, jamás.