Pese a que buena parte del mundo considera un "fracaso" la cumbre sobre cambio climático celebrada en Copenhague, también la mayoría se muestra moderadamente optimista sobre las posibilidades de alcanzar un acuerdo vinculante en la cita de 2010 en México.
La conferencia de Copenhague concluyó el sábado con un acuerdo político de mínimos entre EE.UU., China, India, Brasil, Sudáfrica y otros países, pero del que la Unión Europea se sintió excluida y que contó con la oposición abierta de naciones como Venezuela, Nicaragua, Cuba y Bolivia.
El convenio incluye la intención de limitar a dos grados centígrados el aumento de la temperatura planetaria, reducir las emisiones de gases contaminantes y movilizar 30.000 millones de dólares entre 2010 y 2012 para los países más vulnerables al cambio climático.
No obstante, el texto final únicamente señala que esta financiación provendrá de fuentes privadas y públicas, sin especificar cuánto aportará cada país. Además, no menciona cifras concretas para la reducción de gases contaminantes.
Ante esta situación, y pese a afirmar que hubo un "importante progreso" en la capital danesa, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, reconoció hoy que los países "todavía no están unidos en la acción" contra el cambio climático.
Ban indicó también que durante 2010 los 192 países que integran la ONU tendrán que trabajar mucho para hacer que el acuerdo parcial entre un grupo de países logrado en Dinamarca sea más amplio y acabe convirtiéndose en un tratado internacional legalmente vinculante.
Por su parte, la canciller alemana, Ángela Merkel, aseguró hoy que la cita ministerial sobre el tema que se llevará a cabo en Bonn buscará alcanzar objetivos concretos y vinculantes, que finalmente se reflejen en la cumbre de México, en noviembre de 2010.
Además, abogó por crear una Agencia de la ONU para el Clima, que controle los objetivos de reducción de emisiones y acoja bajo un techo el Programa de Medio Ambiente y la Secretaría sobre el Clima de las Naciones Unidas.
Pese al optimismo de la líder germana, sus socios europeos son los más decepcionados frente a los magros resultados del encuentro de la capital danesa, por lo que los ministros de Medio Ambiente de los Veintisiete se reunirán mañana para analizar lo ocurrido.
"Nadie sabe qué hacer (...) Nos han engañado", reconoció hoy una fuente diplomática, al denunciar que la UE "fue dejada de lado" por EE.UU., China, India, Sudáfrica y Brasil, que llegaron a un pacto de mínimos por su cuenta sin respetar el sistema tradicional de negociación de las Naciones Unidas.
Entre tanto, el Foro Humanitario Global, que en mayo afirmó que el cambio climático causa la muerte de 300.000 personas al año y supone un costo de 125.000 millones de dólares, destacó que Copenhague es "una oportunidad perdida para terminar con esta crisis de manera definitiva".
Esa ONG, presidida por el ex secretario general de la ONU Kofi Annan, apuntó que "además varios países pequeños se sintieron marginados en el proceso".
Más allá fue el ministro británico del Medio Ambiente, David Miliband, quien culpó este lunes en una columna en el diario The Guardian a China de haber impedido un acuerdo para reducir en un 50 por ciento las emisiones globales de CO2 de aquí a 2050.
Aunque en su artículo Miliband menciona expresamente a China, fuentes próximas al político laborista indican que él responsabiliza de lo ocurrido también a otros países como Sudán, Venezuela, Nicaragua y Cuba.
Justamente una de esas naciones, Cuba, denunció que la cumbre de Copenhague fue "un paso atrás" y una "farsa antidemocrática", al tiempo que calificó de "incierto" el futuro de las negociaciones camino a la reunión de México en 2010.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, aseguró en una rueda de prensa en La Habana que la reunión, que arrancó el 7 de diciembre pasado, fue un "fracaso" y un "engaño" a la opinión pública mundial.
"Nos quisieron callar en Copenhague por ser críticos, pero es imposible amordazar a la naturaleza. Los países miembros de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) unimos nuestras voces y logramos vencer el silencio que se nos quiso imponer", expresó su par nicaragüense, Samuel Santos, refiriéndose al bloque del que hacen parte su país, Cuba y Venezuela, entre otros.
Las ONG y las naciones en desarrollo acusan, a su vez, a los países ricos de haber dictado las condiciones de un acuerdo claramente insuficiente.
Mohammed Chowdhury, negociador del llamado G77 integrado por 130 países en desarrollo, afirmó que "han quedado sepultadas las esperanzas de millones de personas desde Fiji hasta Granada, desde Bangladesh hasta Barbados, desde Sudán hasta Somalia".
En tanto, el presidente colombiano, Álvaro Uribe, opinó que el hecho de que el convenio de mínimos sobre el cambio climático no incluya sanciones crea dudas sobre su "sinceridad".
"Lastimosamente" hubo acuerdo en la capital danesa "porque se debilitó el texto original. Se eliminó el 50 por ciento como compromiso de reducción de emisiones globales para el año 2050", aseveró Uribe en una entrevista publicada hoy por el diario El Tiempo.
Pero como no todo podían ser críticas, su colega brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, defendió hoy el pacto logrado en la cumbre del clima de las Naciones Unidas.
"El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos, China, la India, Sudáfrica y Brasil solucionó el problema de (suceder el tratado de) Kyoto", dijo Lula en el programa radiofónico Café con el presidente.
Lula añadió que tras la cumbre de Copenhague quedó un sentimiento de que los gobernantes "van a tener siempre entre sus prioridades" la cuestión de la lucha contra el cambio climático.