A un año del inicio de sus protestas, el movimiento estudiantil chileno constata "diferencias muy profundas" con el Gobierno conservador de Sebastián Piñera, a pesar de lo cual cree que hay margen suficiente para avanzar en la búsqueda de soluciones.
"Nuestras diferencias son muy profundas; sin embargo creemos que hay espacio para avanzar en la dirección correcta", declaró Gabriel Boric, actual presidente de la Federación de Estudiantes de Chile (Fech), cargo al que accedió en noviembre pasado tras derrotar a la emblemática dirigente Camila Vallejo.
De ascendencia croata, Boric (1986), licenciado en derecho y dirigente del movimiento Izquierda Autónoma, recalca en entrevista con Efe que "el movimiento estudiantil no nació en 2011".
"Somos herederos de muchas luchas sociales que nos anteceden. "Hoy día en Chile se está regenerando el tejido social que fue destruido con sangre y violencia en la dictadura", sostiene.
Entre el fajo de documentos que lleva encima, sobresale un diario cuyo titular destaca que la economía chilena se duplicó en seis años y llega a los 250.000 millones de dólares.
"Chile presenta hacia afuera muchos avances macroeconómicos al parecer exitosos -dice Boric-, pero la gente común y corriente se pregunta dónde está todo eso".
"Las movilizaciones de 2011 marcaron la bancarrota de una forma de entender la política. La gran virtud de nuestro movimiento es que recuperamos la idea de que mediante la política es posible transformar la realidad", asegura.
Un año después del estallido social que puso contra las cuerdas al primer Gobierno de derechas elegido democráticamente en Chile desde hace más de medio siglo, los universitarios se preparan ahora para iniciar un nuevo curso que arrastra los problemas no resueltos
"Debemos analizar nuestros aciertos, pero también nuestros errores. No podemos caer en la autocomplaciencia".
Una de las equivocaciones fue "la gran mediatización de los liderazgos", según Gabriel Boric, quien también critica algunas formas de movilización "que terminaron siendo un fetiche".
"Dejamos de presionar al Gobierno y derivamos hacia conflictos internos", reconoce.
Boric sostiene además que las reivindicaciones no deben focalizarse en la enseñanza superior, sino que deben abarcar todo el ciclo educativo, "porque está demostrado que la desigualdad comienza a los 18 meses".
"La educación es el espacio donde se juega el modelo de desarrollo de un país", enfatiza el presidente de la Fech, una de las organizaciones estudiantiles más influyentes del continente.
Los universitarios dicen ser conscientes de que muchas de sus demandas no se pueden cumplir de la noche a la mañana. "En educación los cambios son de largo plazo; no podemos pecar de ansiosos", asegura.
Pero, a pesar de ello, el líder estudiantil cree que "hay margen para avanzar en la dirección correcta".
"El presidente definió la educación como un bien de consumo; para nosotros representa un derecho universal", recuerda Boric, consciente de que el movimiento estudiantil transitará este año "por un delicado equilibrio".
"No podemos caer en maximalismos absurdos que nos impidan cualquier tipo de avance, pero tampoco vamos a aceptar reformas que hagan viable al actual modelo mercantilista", advierte.
"Los hijos de la familia Luksic (uno de las más acaudaladas de Chile) tienen derecho a educación gratuita", afirma Gabriel Boric en lo que podría ser una paradójica reclamación que rápidamente aclara: "Porque la educación es un espacio de integración social".
"Que la educación sea gratuita es deseable y posible; por eso apuntamos a una reforma tributaria", agrega el líder del movimiento estudiantil chileno, que en abril presentará al Ejecutivo una propuesta sobre la financiación de la educación.
Además, los representantes de la Confederación de Estudiantes de Chile, que agrupa a las 25 universidades más importantes del país, se reúnen este sábado en la ciudad de La Serena para definir el calendario de movilizaciones.
A pesar de que el movimiento estudiantil cuenta con un gran apoyo ciudadano, sus dirigentes son conscientes de que algunas formas de protestas, como la huelga y la convocatoria de sucesivas manifestaciones, tienen que ser sometidas a revisión.
"Sabemos que hoy día hay un amplio respaldo de la gente a nuestras demandas de fondo y una crítica a las formas de movilización", apunta.
"Si no sacamos 200.000 personas a la calle, el Gobierno no nos escucha, pero tenemos que ser capaces de reinventarnos y pensar en nuevas formas de movilización", agrega.
Todavía sorprendido por la trascendencia internacional que adquirió la movilización de los estudiantes chilenos, Boric admite que Chile no va cambiar súbitamente en 2012, pero no duda de que "finalmente lo hará".
"Vamos lento porque vamos lejos", asegura.