PETROLEO**No son muchas las crisis que requieren inacción. Nuestra alta dependencia y el reciente aumento del precio del petróleo no es una de ellas. Algo tenemos que hacer, individual y colectivamente. Cada uno tiene que ajustar su diario vivir para controlar y disminuir el consumo de sus derivados, en particular el combustible. Como sociedad, debemos movernos hacia fuentes renovables de energía.
GOBIERNO**El gobierno tampoco debe reaccionar con inacción. Ya dijimos que el congelamiento del precio, aunque sea temporal, no es admisible. Además de ser arbitrario y discriminatorio, podría acabar causando desabastecimiento, que es peor. Tampoco debió responder reduciendo el número de horas laborables de los funcionarios. El ahorro en el consumo de combustible por ahorro de energía es tenue.
MEDIDA**Y no hay ahorro al transportarse ya que ellos tienen que hacer el mismo recorrido al mismo precio para trabajar las horas ordinarias, que para laborar las reducidas. La reducción de horas acabará empeorando y retrasando más los servicios que el gobierno ya presta en forma deficiente. De hecho, han creado un problema peor ya que los funcionarios eventualmente resistirán la restitución del horario ordinario.