El magistrado Marco Aurelio Mello, ponente del proceso en el que el Supremo Tribunal Federal de Brasil debe pronunciarse sobre el derecho de las madres a interrumpir un embarazo cuando su feto sufre anencefalia (ausencia de parte del cerebro), votó hoy a favor de la despenalización en estos casos.
La lectura durante dos horas y 15 minutos del voto del magistrado dio comienzo hoy en la máxima corte de Brasil a un juicio que ha generado gran expectativa en el país debido a la radicalización entre los que defienden y los que se oponen a la despenalización del aborto.
Mello, con su voto favorable a la despenalización, fue el primero de los once titulares del Supremo Tribunal Federal (STF) en pronunciarse en la audiencia, que fue interrumpida esta noche porque los magistrados tenían posteriormente una sesión en el Tribunal Superior Electoral (TSE).
Hasta ese momento, cinco magistrados se habían pronunciado a favor de la despenalización, uno en contra y otro se declaró impedido en la sesión, que será reanudada mañana.
Antes del ponente, el procurador general de la República, Roberto Gurgel, presentó un informe consultivo en el que también defendió el derecho de las mujeres a interrumpir su embarazo en caso de fetos anencéfalos.
La legislación brasileña permite el aborto únicamente en casos de violación o de riesgo de vida para la madre durante el embarazo.
Con la sede del STF cercada de manifestantes convocados por la Iglesia católica y por organizaciones de defensa de la vida para una vigilia contra la posible flexibilización del aborto, Mello recordó que Brasil es un Estado laico.
"El Estado no es religioso ni ateo. El Estado es simplemente neutro. El derecho no se somete a la religión", aseguró el magistrado.
"Lo que está en juego es la privacidad, la autonomía y la dignidad humana de estas mujeres. Tienen que ser respetadas tanto las que opten por proseguir con su embarazo como las que prefieran interrumpirlo para poner fin o minimizar un estado de sufrimiento", agregó.
Mello aclaró que su voto defiende una "anticipación terapéutica del parto", que consideró como algo diferente al aborto, y coincidió con Gurgel en el sentido de que son las madres las que tienen el derecho de optar por interrumpir o no el embarazo en estos casos.
El ponente igualmente citó a varios especialistas escuchados por el STF quienes dijeron ser muy limitadas las perspectivas de vida extrauterinas de un feto anencéfalo.
"La anencefalia configura una enfermedad congénita letal ya que no hay posibilidad de desarrollo de la masa encefálica en momento posterior. El anencéfalo jamás se convertirá en una persona", aseguró.
Según el magistrado, la atención médica ofrecida a las mujeres en estos casos no se destina a "cuidar de una vida en potencial sino de una muerte segura".
Mello alegó que, por no tratarse de una vida, la interrupción del embarazo en estos casos no atenta contra los derechos fundamentales, ya que "el aborto es un crimen contra la vida. El Estado tutela una vida en potencial. En el caso del anencéfalo no existe vida posible".
Igualmente descartó que la despenalización en estos casos pueda ser interpretada como una brecha para flexibilizar la legislación y permitir el aborto en casos de fetos con otras anomalías o enfermedades.