PREPOTENCIA**Algún mal de origen desconocido e incurable suele atacar a nuestros jefes de Estado, sobre todo cuando están a punto de terminar su período. Es en serio. Científicos nacionales y extranjeros lo vienen estudiando desde hace una década. Hubo uno que se declaró poco menos que César y hasta permitió que en la Constitución se le declarara Líder Máximo, cosa que hasta donde sabemos no tiene precedente en el mundo.
DELIRIO**Otro, llegó al extremo de decir, en medio de un Consejo de Gabinete, que "cuando el General decide, el Presidente obedece". Y todos, sin excepción, incluyendo a la actual, son arrastrados por el "síndrome de los últimos días de Pompeya", o lo que es lo mismo, "sálvese quien pueda". Y en ese corto período sobrevienen abusos inimaginables contra los haberes e intereses públicos. Es la época más delicada, la del "delirium tremens".
ENDIOSAMIENTO**Allí sobrevienen concesiones malsanas, atracos descarados, leyes absurdas, los peores tratados (¿el TLC?), extensión a diez años del nombramiento de allegados y, lo más peligroso, el sentido de endiosamiento, la sensación de estar por encima de la ley, del bien y del mal; de ser el supremo y absoluto poder, de no tener que rendir cuentas a nadie. Sólo así se explica lo que está ocurriendo con las partidas discrecionales.