PRESOS**La aprobación en primer debate del proyecto de ley que otorga derecho de voto a los presos, es un disparate. A menos de un año para las elecciones, el atribulado Tribunal Electoral, apenas si tiene tiempo para reponer el millón y medio de cédulas anuladas y vencidas, y para terminar de organizar el proceso de recibir y contar votos para el resto de los ciudadanos que somos el 99.5% de los potenciales votantes. Por el 5% restante, en prisión, pueden poner en peligro el todo.
RIESGO**Los presos tienen necesidades más urgentes. Requieren de un sistema que acelere sus casos y mejore sus condiciones de vida. Paralelo a eso, es una realidad que la inseguridad en esos claustros es enorme, hasta el punto que todos los días tienen reyertas, muertos y heridos. Ni la Policía los controla, sino todo lo contrario. Y tras que su vida allí es miserable, la vuelven peor, con sus actitudes. ¿Por qué arriesgar delegados electorales, funcionarios, jurados y la imagen del proceso?
VOTO**Y se presta al fraude. La cárcel no es ambiente para que ciudadano alguno pondere bien su voto. Allí su conciencia y criterio están mediatizados; lo mandan las pandillas y los carteles, que fácilmente lo alinearían a favor del primer repartidor de frituras que les prometa indulto. No es igual quien vota libre que preso. El primero tiene la oportunidad de informarse mejor, no así el segundo que es un incapaz temporal, igual que ciertos enfermos, consecuencia inevitable de su condición de reos.