Promesas en la plaza más popular


Yo soy la Plaza 5 de mayo. Tan conocida como concurrida en épocas electorales. Delante de mí se han pronunciado tantos discursos y se han hecho tantos ofrecimientos, que no podría guardarlos todos en mi memoria.
Sobre mis avenidas han pasado cientos de miles de transeúntes diariamente. A todos los observo, los analizo, los califico y hasta me he vuelto escéptica tan sólo de recordar todas aquellas promesas que en mis alrededores se han hecho y que muy pocas se han cumplido.
Por eso, precisamente, me encanta escuchar a los políticos que me pusieron de moda desde la época del extinto general Omar Torrijos Herrera. Yo me veía en aquel tiempo rodeada de tanta gente, que mi ego se infló. Y les aseguro que no es para menos. ¡Había desplazado hasta al mismo Parque de Santa Ana... y a la Plaza Catedral!. No hay que olvidar que históricamente ellos me aventajaban en lo que a personajes ilustres pronunciando discursos en sus instalaciones se refiere.
Pero eso cambió. Ahora yo soy la preferida y tan de moda estoy, que la misma presidenta de Panamá, recién elegida, hizo promesas en una tarima tan gigantesca que mis cimientos casi no podían soportar tanto peso. Aún hoy, 15 días después, además de llena de papeles por cada costado, banderolas sobre mi cabeza y basura en general, me siento adolorida y cansada.
Aunque parezca mentira, más de 10 mil candidatos a puestos de elección popular trajeron desde sus corregimientos, circuitos, distritos, en fin, de todo el país, cientos de simpatizantes durante tres días, cada uno para apoyar a su candidato o candidata a la Presidencia de la República.
Imagínense cómo puedo sentirme. La verdad es que además de cansada, me siento halagada. No todo el mundo tiene la suerte ni la popularidad necesaria para ser tan visitado.
Muchos de esos candidatos ganaron las elecciones; muchos de ellos no. Más adelante, en esta edición de Monitor, se enterarán ustedes de quiénes fueron los ganadores. De cualquier modo, a la mayoría de ellos ustedes los conocerán a través de los medios de comunicación. Yo los conocí personalmente y estoy segura de que volverán a visitarme en cualquier momento, especialmente quienes hayan resultado elegidos como legisladores. A ellos los tendré siempre cerca, justo aquí al ladito en la Asamblea Legislativa y estaré pendiente de que cumplan con sus compromisos y promesas electorales.
Dicho sea de paso, hablando de promesas electorales, creo que es el momento adecuado para recordar las que hizo Mireya Moscoso, hoy proclamada Presidenta de Panamá, aquel 25 de abril de este año durante su cierre de campaña. Espero no confundirlas, porque no hay que olvidar que Martín y Alberto también hicieron las suyas.
PROMESAS DE MIREYA
Hoy, más que nunca, tengo que tratar de buscar en mi memoria lo que prometió la nueva Presidenta de Panamá porque es a ella a quien le corresponde cumplir, mientras que a mí sólo me compete mencionarlo para que el pueblo a su vez las recuerde y esté vigilante de que las cumpla.
Y en esa labor también me incluyo porque al fin y al cabo, fue sobre mis hombros donde se anunciaron muchas de ellas. No en balde hice el sacrificio de cargar a tanta gente para que escucharan esas promesas.
Hay una de ellas que casi las resume todas, lo malo es que la he oído tantas veces en boca de tantos políticos que, para variar, siento cierto excepticismo al respecto.
La presidenta electa dijo en su discurso de aquel 25 de abril, día en que incluso usó un ascensor para llegar hasta la cima de la tarima (imagínense lo que tuve que cargar), que "el gobierno existe para ayudar a todos y no para un grupito de amigos y familiares".
Ojalá esta vez se cumpla esa premisa, porque como ella misma recordó, en 1994, sobre mis avenidas, miles de ciudadanos escucharon que el pueblo iría al poder. Eso le escuché yo también. La verdad es que no fue así. El pueblo sigue pasando a mi alrededor y sigue estando en el mismo nivel (a veces más bajo) que en el que estaba en esa época.
¡Si lo sé yo!, que escucho cada cosa, cada queja, cada conversación... y mejor me callo lo que oigo no vaya a ser que me tilden de indiscreta.
Mireya Moscoso dijo también, palabras más, palabras menos, que haría un gobierno que estimularía a participar activamente para beneficio de la nación, a todas las agrupaciones políticas, cívicas, profesionales, obreras, empresariales y campesinas, así como a todas las etnias y minorías, sin distingo de credo o condición social.
Otra promesa que le oí durante su discurso de aquel domingo fue una que si se cumple, los mismos estadounidenses se pondrán verdes de la envidia. Mireya dijo que estará vigilante para que la politiquería ni la corrupción invadan jamás el Canal de Panamá...¡uhm...!
Esas palabras alusivas al Canal me recordaron cuando el expresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, me visitó. Ese día, Omar Torrijos me eligió para recibirlo a él y a miles de panameños que celebraban la firma de los Tratados Torrijos-Carter. Ese día fui lanzada a la fama, tanto a nivel nacional como internacional.
Y volviendo al tema de las promesas, la nueva presidenta dijo además que no toleraría corrupción en su gobierno. Otra promesa que he escuchado antes, una y otra vez, y que repitieron también los otros candidatos presidenciales para la recién pasada contienda electoral. Amanecerá y veremos.
Otro tema que escuché con mucha atención, pues creo que concierne a una gran mayoría de mis conciudadanos, es el de la pobreza y el desempleo.
Mireya Moscoso aseguró que su primer objetivo será aliviar la pobreza y promover el desarrollo humano. En este punto dijo algo que me atrajo la atención porque pareciera que ahora sí se tomará en cuenta primero al individuo y después a las ganancias. Al menos eso espero, y a juzgar por el aplauso recibido, la gente que me visitó el día de cierre de campaña también lo comprendió así.
La entonces candidata dijo textualmente: "Nosotros sí distinguimos entre crecimiento económico y desarrollo humano sostenible. El primero sólo se interesa por maximizar las ganancias, sin importar en manos de quiénes; y por minimizar los costos, sin importar a costa de quiénes. El segundo, en cambio, se preocupa por el bienestar y la prosperidad del ser humano. Mi gobierno desarrollará una política efectiva e inmediata para romper los círculos de miseria y brindar a esta población progresos personales y comunitarios".
En materia agropecuaria, otra de las preferidas de los políticos cuando de hacer promesas electorales se trata, escuché muy bien que Mireya Moscoso prometió que se aumentarán sustancialmente las exportaciones y que se aseguraría el mercado interno para los productores.
La verdad es que en este cierre de campaña escuché más de ese sector que en anteriores contiendas. Me imagino que eso tiene que ver con la rebaja de los aranceles y todo aquello de la globalización que nunca terminaré de entender. Y eso que yo escucho cada día el tema, pero la vida no me regaló el poder de la palabra para poder preguntar cuando no entiendo lo que hablan a mi alrededor. Yo sólo escucho, analizo y observo.
Y sobre la educación he escuchado tantas promesas, que si se hubiesen cumplido al menos una tercera parte de ellas ya no habría necesidad de escuelas privadas porque todas tendrían los más novedosos y modernos planes de estudio que el hombre hubiese podido crear.
Esta vez Mireya hizo una que si la cumple, ni aún el maestro más rebelde tendría motivo para declararse en huelga. Se comprometió, sin titubeos, a que en su gobierno el Ministerio de Educación contará con los recursos necesarios para desarrollar una efectiva reforma educativa (...sic...).
Y qué decir de la salud. El tema de moda, según lo que he podido captar, es la privatización del IDAAN. La hoy presidenta electa dijo que no lo privatizará y es más, se opuso a la eliminación del fluor en el agua.
Además, le puso fecha en el calendario a la ley mediante la cual se creará un patronato para el Hospital Santo Tomás y para el San Miguel Arcángel. Eso lo hará, según le escuché en medio de aplausos de sus seguidores, durante los primeros 100 días de su gobierno. En otras palabras, antes de que termine este año. Eso me lo grabé muy bien porque se trata de la salud de todos aquellos que día a día me visitan y que me han hecho la más popular de las plazas.
Ya en el cierre del discurso, Mireya hasta me mencionó cuando dijo que el clamor del cambio está difundiéndose por Panamá y que se estaba escuchando "en esta plaza", refiriéndose a mí, ni más ni menos.
Así, llena de orgullo, porque sé que me he erigido en la tribuna pública desde la cual se hacen los más importantes planteamientos y las más esperadas promesas para el mejoramiento del país y sus habitantes, me siento comprometida con el progreso de la nación.
Y no sólo eso. No hay que olvidar que también tengo mi historia y esa historia la escribieron hombres que dieron sus vidas por salvar a otros.
Se preguntarán los lectores por qué digo esto. Muy sencillo. Me llamo Plaza 5 de Mayo porque aquí se erigió y luego se inauguró un 5 de mayo de 1916 el monumento conmemorativo a aquellos bomberos que murieron cuando estalló el polvorín ubicado a un lado de lo que hoy es la Clínica Hospital Santa Fe.
Como quiera que en mis predios estaba la estación del ferrocarril, desde donde salían pasajeros y carga hacia la costa Atlántica, era punto de encuentro de mucha gente, es decir, era la más popular de las plazas. Por eso me eligieron para instalar ese monumento de mármol durante la presidencia de Belisario Porras, para exaltar el heroísmo del Cuerpo de Bomberos de Panamá.
Eso fue un 5 de mayo y desde entonces me bautizaron con el nombre de Plaza 5 de Mayo.
Y si Mireya hizo promesas sobre mis cimientos, yo prometo seguir sirviendo a mi patria, no como una tribuna más, sino como la más importante plaza donde se exponen ante la palestra pública los grandes problemas nacionales y a la vez, se emiten las promesas que propenden a su solución.


fecha edicion
old id
62139
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América