Este año, 1999, ha resultado trágico para las regiones del interior del país, sobre todo para los residentes en la provincia de Coclé.
Luego del desastre de Turega en Sofre se han registrado algunas inundaciones menores en otros sectores, que también han dejado sin hogar a muchas familias.
En la comunidad de San Pedro, en el área norte de Penonomé, una familia de escasos recursos perdió las pocas pertenencias que tenía en su humilde vivienda, que estaba construida de pencas y zinc.
La familia Soto Ovalle, integrada por 14 miembros, entre ellos 10 menores y 4 adultos, resultó afectada luego de que el río San Pedro se desbordara e inundara su vivienda, arrastrando las paredes y parte de los pocos enseres domésticos que poseían.
Esta humilde familia de la campiña penonomeña no tendrá una Navidad feliz, pues no tiene nada, ni siquiera ropa. Su casa sólo tenía cuatro camas de tabla sin colchones, ubicadas en un área de ocho metros. Los niños presentan síntomas de desnutrición por la falta evidente de alimentos; la comida normal de esta familia al mediodía y en la tarde es chicha de arroz colorado endulzado con raspadura, que, en ocasiones acompañan con un pedazo de yuca.
Ignacio Soto, de 42 años de edad, es jornalero, pero no todos los días consigue trabajo.
DIFICULTADES A LA ORDEN DEL DIA
El lugar donde habitan es de tierra muy fangosa y no permite la labranza, porque siempre está húmedo o anegado de agua. Esto empeora la situación familiar, pues no pueden sembrar para su sustento.
La casa está ubicada al lado de una quebrada que desemboca en el río San Pedro, y cuando éste se crece, aumenta el nivel del agua de la quebrada y se inunda la vivienda. Según comentaron los señores Soto, un familiar les va a donar un terreno en otro sector de San Pedro, más cercano que el actual y en mejores condiciones, que puede ser la solución para esta familia, pero necesitarán materiales para construir la nueva casa.
Autoridades del Ministerio de Vivienda (MIVI) en compañía de miembros del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) de Coclé, quienes previamente habían realizado una inspección al lugar el día de la inundación, visitaron el área para evaluar la situación socioeconómica de la familia y ver la manera de cómo apoyarla.
En la familia existen cuatro infantes, dos de ellos son nietos de los esposos Soto, hijos de dos de las hijas mayores que sólo tienen 15 y 16 años, y no reciben ayuda de los padres de los niños.
Durante la primera visita de inspección realizada por los miembros del SINAPROC, los niños inocentemente pedían a los visitantes juguetes y comida, lo que conmovió a los funcionarios de esta entidad.
CONTINUAN LAS TRAGEDIAS
En el amanecer del 2 de diciembre un pequeño tornado causó destrozos en la comunidad conocida como San Benito, ubicada en el distrito de Donoso, provincia de Colón, pero que por su difícil acceso las personas transitan río arriba hasta llegar a Coclesito y de ahí a Penonomé.
Coclesito pertenece a Colón, no obstante su acceso más directo es por Volteadero, perteneciente a La Pintada; de ahí que este lugar sea atendido por las autoridades de la provincia de Coclé y no de Colón.
Moradores de San Benito se acercaron a las oficinas del SINAPROC de Coclé, para solicitar apoyo, luego de que la escuela del lugar y nueve viviendas fueron afectadas por el tornado.
Para llegar a San Benito se viaja hasta Coclesito en transporte, luego se caminan 3 horas con 56 minutos por caminos escabrosos con lodo hasta las rodillas, se cruza ocho veces el río y se suben alrededor de seis lomas en un clima húmedo y lluvioso, en terrenos rodeados de montañas.
San Benito está compuesta por 19 residencias, construidas de madera que extraen de las montañas del lugar, ya que no pueden utilizar cemento o ladrillos por lo fangoso del terreno. Todo el poblado lo conforma una misma familia, entre hermanos, tíos y cuñados.
Las familias son numerosas; la que menos miembros tiene está compuesta por seis personas. En el lugar hay muchos niños, 27 de los cuales asisten a la escuela
Al igual que la comunidad de San Pedro, San Benito está ubicado en un terreno muy fangoso, lo que impide que se trabaje la tierra y para dedicarse a la agricultura, los moradores se dirigen montaña adentro, donde existen mejores tierras para la siembra.
Algunas familias se dedican a la pesca o sirven de guías a los visitantes.
La escuela del lugar sufrió las consecuencias del fuerte viento, pues el techo quedó a 2,000 metros del lugar y la pequeña biblioteca se destruyó por completo, se afectaron además 9 viviendas, dos de las cuales fueron pérdida total; los árboles fueron arrancados de raíz y uno de ellos cayó sobre una de las residencias, por lo que los moradores de San Benito solicitaron hojas de zinc y madera para reconstruir la escuela y las casas.
En San Benito pocas veces se consume carne o pan, la comida más frecuente se conoce como cambúa y merandú, que es una especie de ñampí, un tanto simple, un rubro que se cultiva en el lugar y lo acompañan con una taza de café, tampoco se consume mucho el arroz. Los productos como arroz, carne o pescado se consiguen en Coclesito, y para eso hay que caminar casi cuatro horas, por lo que la mayoría de las veces se conforman con consumir merandú con café.
LUCHANDO POR SOBREVIVIR
En uno de los pasos del río se ahogaron dos niños, que obligatoriamente debían pasar por ahí para asistir a la escuela. Debido a estas tragedias, los moradores decidieron construir por sus propios medios un puente de unos 5 metros de largo, hecho de pura madera extraída de las montañas. Los afectados solicitaron apoyo a las autoridades, pero en vista a la falta de respuesta, la comunidad decidió construir el puente de madera, que actualmente es utilizado por los moradores del área.
Tanto San Benito como el área de San Pedro, donde se desbordó el río, parecen lugares olvidados por todos. Sus residentes viven en la extrema pobreza, con la esperanza de que en algún momento las autoridades se acuerden de que allá residen panameños humildes que luchan día a día por sobrevivir a las pruebas que el destino les prepara.
A la entrada del nuevo milenio y con un nuevo gobierno que tiene el deseo de realizar labores sociales en beneficio de la gente más necesitada, creemos importante que se visiten estas comunidades para llevarles una esperanza, el mensaje de que no están solos y podrán tener un mejor futuro para el año 2000.