Unos cuantos días faltan para que se inicie la celebración del 151 aniversario de la fundación de la ciudad de Chitré, sin embargo, la alegría comienza a transmitirse y se mezcla con el nerviosismo reinante entre los miembros organizadores, quienes realizan eventos y preparativos finales, para brindar tanto a lugareños como a visitantes un espectáculo sin igual desde el 19 de octubre.
Tal vez no es lo suficientemente justo para predecir la meta que aspira alcanzar una sociedad determinada, pero sí es tiempo que dé margen amplio para fijar objetivos generales y ello nos mueve a referirnos, a la fecha de hoy, a un Chitré con sus perfiles reales que se manifiestan en sus esfuerzos. Porque si es cierto que el mundo navega dentro de una sociedad tecnificada, bruscamente materializada y mecanizada, el hombre chitreano conserva una adecuada nivelación espiritual y humanista.
La historia de Chitré tiene una sola trayectoria, se nutre de un denominador común y se afianza en una continuidad de propósitos.
Quienquiera que penetre en sus actuaciones pasadas y presentes con rigurosidad investigativa, se percata de que la historia se condensa en un trabajo ininterrumpido para lograr su superación colectiva, en una independencia personal que alcanza mejoras para sus pobladores.
Es una concreción de ideales en sucesiva reverencia al pasado, en una unión profunda de quehaceres y de aspiraciones comunes; en junta permanente de provecho masivo, identificación con las mejores causas, donde sus hombres aspiran a vivir mejor dentro de un marco de honradez y perseverancia, parecido al trabajo dentro de la colmena, donde todos laboran por el beneficio de otros y en este caso por el progreso de nuestra colmena: "Chitré".
De Chitré, no solamente se pueden escribir cosas hermosas en su trayectoria de 151 años de vida distrital, sino que también se puede plasmar en el lienzo, con ágiles pinceles y vívidos colores, su historia -retratada en el quehacer, pensamiento y en acción a la reflexión creativa que inspiraron a aquellos ínclitos varones que nos precedieron-, en llamativas "Acuarelas Chitreanas".
Nos toca a todos hoy, como elemental fidelidad y gratitud a los que no están continuar en una cadena solidaria de acciones altruistas, desinteresadas, nobles y fecundas y agregar eslabones a la cadena que iniciaron aquel 19 de octubre de 1848, alcanzando las metas que soñaron nuestros fundadores.
Cada uno dedicado a su trabajo constructivo, no importa lo insignificante que parezca porque siempre se aporta al desarrollo cuando se hace la tarea con voluntad, entusiasmo y nobleza.
A nuestra manera muy particular, y a la gracia del don que Dios nos ha dado, estamos contribuyendo con ponerle color a los recuerdos del Chitré que se nos fue. Me refiero a pintar en acuarela toda fotografía, blanco y negro de varias décadas atrás, en vivos colores; o sea a pintar cuadros del Chitré de Ayer.
A la fecha he pintado más de 60 cuadros, los que pertenecen a colecciones privadas de chitreanos. Unos 15 de ellos con residencia en Estados Unidos. Las fotos que ilustran este reportaje son algunas muestras de ellas.
Como amante de las cosas del ayer, me entristece que la ciudad de Chitré se esté quedando sin un "casco viejo".
Resulta que la ciudad es muy pequeña, las casas centenarias están desapareciendo, porque las pocas que quedan, el terreno que las cubre es altamente costoso, lo que motiva a las generaciones de hoy a venderlos sin mirar atrás.
LAS CASAS CENTENARIAS
Las casas centenarias, construidas de quincha (tierra con paja) y frescas tejas, quedan muy pocas de ellas. Estas casas son únicas en el interior, son típicas casas chitreanas.
Cuenta el historiador Fabio Rodríguez Ríos, director del Museo de Herrera, que este tipo de casas se le debe a los constructores Belarmino Urriola, quien construyó la actual Catedral San Juan Bautista, y a otros.
Estas residencias contaban con tres a cuatro pilares de frescos portales, en los tragaluces de las puertas llevaban una detallada ornamentación, en su mayoría alegorías de racimos de uvas artísticamente talladas; el piso se decoraba con moldes de madera, que al imprimirlos en el cemento húmedo dejaban plasmados nítidos ramos de flores (envidia del mejor mosaico industrial de hoy) todo se hacía a mano. Algunas familias conservan estos diseños en sus actuales viviendas.
Sobre la pintura en los portales o fachadas de estas casas, también los chitreanos pusieron su creatividad, gracias a un visitante de origen árabe, que les inculcó que pintarlas de esa manera y forma, ayudaría a alejar los malos espíritus de sus hogares. Se trata, que cada vez que se pintara la pared de un color pastel, el zócalo de casi un metro de alto debería de pintarse del mismo color, pero en el tono oscuro. Por ejemplo: si la pared se pintaba celeste, el zócalo tenía que ser azul; si la pared era crema, el zócalo chocolate; si era la pared rosada, el zócalo rojo y así se podían utilizar todos los colores combinándolos. Por eso la belleza la instituyeron estas únicas casas.
LA TRADICION
Que este nuevo aniversario sirva para que Chitré alcance objetivos comunes y que sus hijos encuentren en su bienestar social la razón de su individualidad humanizada en las profundas raíces en que siempre se apoyó, la fuerza orgullosa de sus primeros hijos. "Viva Chitré - Viva el 19 de octubre de 1999; visítenos en nuestras festividades, porque aquí, en Chitré, nadie es forastero".