Hoy recuerda con nostalgia los momentos en que las ventas le permitían alimentar, educar y vestir a su familia.
Las ventas han bajado considerablemente, al punto que no les alcance ni para pagar las deudas que adquieren con los proveedores. Antes lograban vender hasta 50 balboas,
Al igual que Yemita, casi todos los vendedores de productos como legumbres, frutas, vegetales y artesanías del mercado de Penonomé coinciden en que en los últimos tres meses las ventas han bajado considerablemente, que hasta ven difícil pagar los 50 centésimos de impuestos que les cobran todos los días por cada banco.
La vendedora Rodríguez reside en la comunidad de Vista Hermosa de Penonomé, en una casa de quincha sola con sus seis hijos, quienes a duras penas van a la escuela, porque no tienen los recursos para comprar los útiles y el pasaje.
"Vendo piñas, yucas, plátano, tomate, repollo, ñame, entre otros productos, pero todo sube, menos las ventas y no es rentable el negocio. Estos meses han sido fatales, solo estamos sacando para pagar los productos que se nos venden, no así las ganancias", expresó.
A las malas ventas se suma las lluvias que se han registrado en la región, que muchas veces impide que las personas vayan a comprar, dijo Yolanda Gallardo, quien ha vendido por más de 12 años en el mercado público de Penonomé.
Gallardo señaló que es poco lo que logra vender porque la ciudadanía aprendió a racionalizar mucho. "Hay días que no vendemos nada".
Rosa Elvira Rojas, es otra de las vendedoras de este mercado, tiene más de 25 años de estar ubicada en uno de los puestos de venta, para ella la situación es igual o quizá peor.
Rojas vive en la comunidad El Escobal, del norte de Penonomé, y en tres meses no ha visto días buenos, "Vendo artesanías, que afortunadamente no se pierde a diferencia de las frutas y legumbres que si traen perdidas", señaló.
El caso de Yemina Rodríguez, es uno de los tantos que se pueden encontrar dentro del mercado. Es una madre sufrida que ha tratado de salir adelante con sus hijos, pero necesita ayuda inmediata. Cuenta que su casa es de quincha y que no tiene los recursos para mejorarla.
"Me preocupa que mi residencia está ubicada en un área que se inunda cada vez que crece el río Zaratí. Necesito que me ayuden para conseguir un mejor hogar para mis hijos que tanto lo necesitan", sostuvo.
Con más de 20 años de estar vendiendo en este mercado, ha mantenido a duras penas a sus hijos que siempre están con ella porque no tiene con quién dejarlos. Sólo espera que las autoridades atiendan el llamado de los vendedores.