La cantidad de títulos de propiedad distribuidos desde 2009 por la Autoridad Nacional de Titulación (Anati) en diversos puntos del país y que han beneficiado a unos 345,000 panameños ya sobrepasó al total de documentos entregados en los 10 años anteriores.
Así lo explicó Franklin Oduber, administrador de dicha institución, quien en conversación con Panamá Américadetalló que Los Santos es la provincia donde más titulaciones de tierras se han efectuado durante el actual gobierno, seguido por Herrera, Veraguas y Chiriquí.

Igualmente dijo que la inversión actual directa del Estado para esta actividad es de 18 a 20 millones de dólares, cifra considerada un subsidio.
En cuanto a superficie y uso de estas tierras, Oduber explicó que la extensión de los terrenos titulados en el interior suele ser mucho mayor que la de los ubicados en centros urbanos, básicamente porque en la campiña la mayoría son fincas de productores microempresarios, algunos de subsistencia y otros que sí tienden a comercializar lo que producen, ya sea cultivos o ganadería.

Según el administrador, cuando se entregan títulos en áreas como Los Santos, por ejemplo, “pueden ser hasta de cinco hectáreas”.
“Esa extensión, para el capitalino, es mucha, aunque para el interiorano no es la gran cosa porque, en el caso del ganado, se requieren de muchas hectáreas para que se produzca una carne de buena calidad”, declaró.
Requisitos
Quien ocupe un predio sujeto a titulación debe comprobar su posesión pacífica e ininterrumpida de por lo menos cinco años, lo que es fácil de verificar en las áreas rurales porque casi siempre son personas humildes, campesinos, productores de ganado que tienen fincas, lo que hace más fácil demostrar la ocupación.
“También hay que tener declaraciones de los vecinos y además, para comprobar la tenencia del terreno, pueden presentar recibos de luz, agua, teléfono o algo que certifique que el área ocupada era para la persona su residencia o lugar de trabajo”, subrayó Oduber.
Testimonios
Evangelisto Sánchez y Arsenio Pascual son dos campesinos de Coclé que toda su vida han trabajado la tierra porque para ellos tiene un valor muy grande y eso fue lo que les enseñaron sus padres y sus abuelos.
Por más de 30 años esperaron por la titulación de sus tierras, pero por falta de recursos económicos no podían hacerlo.
Estos señores del campo recibieron hace unas semanas sus títulos de propiedad y aseguran que este documento era muy esperado porque garantiza que no les vayan a robar sus tierras y así sus hijos y nietos tendrán una herencia.
Para el señor Evangelisto, recibir este título es como recibir un certificado de estudio porque garantiza la herencia que deja a su familia, a la que también les orientará para que no vendan la tierra, la que es realmente la que tiene el valor para trabajar la agricultura.
Evangelisto expresó que no tiene títulos escolares y mucho menos estudios universitarios, pero sí sabe que con este título de propiedad ya nadie podrá quitarle lo que es de su familia, como ha pasado con otros vecinos que un día perdieron sus tierras y ahora no tienen donde construir una casa.
Arsenio Pascual, coincide con el señor Evangelisto y aseguró que cuando lo llamaron para recibir el título de propiedad en la gobernación de Coclé, con motivo de la celebración de los 158 años de fundación de la provincia, sintió que el homenajeado era él.
Consideró como un regalo la certificación de propietario de su terreno y aseveró que ahora tiene algo para su familia, en especial para sus hijos, “pues no la pienso vender, esto es un patrimonio, como bien dijo monseñor Uriah Ashley”.
Beneficios de titular
El administrador de la Anati comentó que la mayoría de las personas están usando sus títulos de propiedad como “garantía” para la producción y en los predios más urbanos los utilizan como respaldo para hipotecas bancarias y proceder a realizar arreglos a la casa o ampliarla.
Desestimó que los últimos títulos entregados se hayan vendido de una vez, ya que la actividad de transferencia de bienes inmuebles y de tierras “no ha aumentado” más allá del ritmo que se llevaba.
“En el caso de las titulaciones en islas y costas, ha sido satisfactoria, la mayoría se mantiene para producción”, afirmó Oduber.
En su opinión, los títulos otorgados hacen que la gente sea menos dependiente del Gobierno porque tienen seguridad jurídica y con esa certificación “pueden exigir” a las entidades de servicio que les instalen la luz, agua, etc., ya que “es un derecho al ser propietario, no un favor”.
Estimó que, sin incluir el costo de la tierra y el de un agrimensor, la titulación vale alrededor de 300 dólares, entre timbres, trámites y otros requerimientos.
Pero si se incluye el costo de un plano, que puede costar de cientos a miles de dólares, dependiendo del tamaño porque cobran por área, y si se suma el costo de la tierra, supera los 300 millones de dólares como inversión.